Mariposas invernizas

Vanessa atalanta. Toro (Zamora), 28.01.2021.

La de la fotografía es la primera mariposa que he observado en 2021. Esta preciosidad sólo me permitió fotografiarla desde gran distancia pues, en cuanto me aproximé, se alejó con su veloz y potente vuelo. No solemos asociar a las mariposas con el invierno y menos en las frías tierras mesetarias pero lo cierto es que, en cuanto la climatología da un respiro, algunas especies nos regalan con sus maravillosos dibujos y colores.

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Iphiclides feisthamelii. Zamora. 19.03.2019

Normalmente relacionamos a las mariposas con la primavera y el verano y es cierto que son éstas las estaciones mejores para su observación. Sin embargo, ver a estos fascinantes insectos volando durante el invierno es mucho más frecuente de lo que nos imaginamos: según los datos del Atlas de las Mariposas Diurnas de Zamora de NaturZamora-AZCN, 38 de las 142 especies de estos lepidópteros citadas en la provincia de Zamora (un 27% del total) han sido detectadas en su estadío adulto en alguna fecha comprendida entre el 21 de diciembre y el 20 de marzo.

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Polygonia c-album. Zamora. 26.02.2019

Este comportamiento es especialmente habitual en algunos miembros de la familia de los ninfálidos que hibernan como adultos y salen ocasionalmente de sus refugios en días invernales soleados y sin viento. Son especies que además finalizan la hibernación muy temprano, con frecuencia en las últimas semanas del invierno. Es el caso de la Numerada Vanessa atalanta, la Cardera Vanessa cardui, la Olmera Nymphalis polychloros, la Ortiguera Aglais urticae, la Pavo real Aglais io, la C-blanca Polygonia c-album, la Sofía Issoria lathonia o la Saltacercas Lasiommata megera y también de algún piérido como la Limonera Gonepteryx rhamni. Todas estas especies pueden ser observadas -aunque algunas sólo de modo ocasional- a lo largo de todos los meses del invierno.

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Aglais io. Vegalatrave (Zamora). 03.03.2019

En otros casos lo que nos encontramos son especies que pasan el invierno como orugas o como crisálidas pero cuya fecha de emergencia suele ser también bastante temprana, de modo que puede producirse en las últimas semanas invernales. Son mariposas, por tanto, que pueden ser observadas en marzo o incluso en febrero pero, al contrario que las arriba mencionadas, no se ven – o muy excepcionalmente- en enero o en diciembre.

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Papilio machaon. Zamora. 15.03. 2019.

En este grupo se incluyen un gran número de especies, desde hespéridos como la Piquitos castaña Carcharodus alceae y la Ajedrezada menor Pyrgus malvoides y papilónidos como la Macaón Papilio machaon, la Chupaleches Iphiclides feisthamelii y la Arlequín Zerynthia rumina, hasta piéridos como la Blanca esbelta Leptidea sinapis, la Amarilla Colias croceus, las mariposas de la col Pieris sp, las blanquiverdosas Euchloe sp y Pontia daplidice, la Aurora Anthocharis cardamines y la Bandera española Anthocharis euphenoides y licénidos como la Cejialba Callophrys rubi, la Cardenillo Tomares ballus, la Manto bicolor Lycaena phlaeas, la Manto purpúrea Lycaena alciphron, la Náyade Celastrina argiolus, la Manchas verdes Glaucopsyche alexis, la Escamas azules Glauycopsyche melanops, la Morena Aricia cramera o la Ícaro Polyommatus icarus.

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Celastrina argiolus. Zamora. 22.02.2019

En muchas de estas especies las fechas más habituales de emergencia suelen ser ya plenamente primaverales pero éstas pueden adelantarse en las zonas más bajas y térmicas de la provincia. No hay que olvidar que podemos encontrar patrones fenológicos muy variables en un territorio como el de Zamora cuyas altitudes mínima y máxima van desde los 320 m de Lasdosaguas en Fermoselle a los 2127 m de Peña Trevinca en Porto. Además, el calentamiento acelerado del clima -cada vez más evidente- también se traduce en un adelantamiento igualmente patente de las primeras fechas de observación en todas las especies. Por otro lado, esta fenología puede ser muy variable de unos años a otros en función de las condiciones meteorológicas.

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Euchloe crameri. Almaraz de Duero (Zamora). 17.02.2019

Poco a poco, avanzamos hacia la primavera, y se irán incrementando la variedad y la cantidad de mariposas activas hasta que llegue la época realmente propicia para disfrutar con la belleza de estos insectos de compleja y apasionante biología. No nos olvidemos entonces, al contemplarlos o fotografiarlos, de que sus poblaciones se están reduciendo a pasos agigantados a causa del enorme daño que estamos causando al medio ambiente con nuestro modo insostenible de vida. Y, sobre todo, no olvidemos que sin ellas y los otros seres vivos con los que compartimos este maravilloso pero amenazado planeta, la vida de los humanos tampoco tendrá ningún futuro.

Cinco años con Agustín

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Fue un día de mediados de marzo de 2014 cuando descubrí a este macho de cárabo tomando el sol a la puerta de su refugio en un viejo álamo del bosque zamorano de Valorio. Desde ese momento se convirtió en un verdadero icono para los observadores de aves locales que lo bautizaron con el nombre de “Agustín”, en recuerdo del poeta, gramático y pensador zamorano García Calvo, el cual dedicó no pocos versos a nuestro pequeño bosque. Los retratos de Agustín, reproducidos en folletos y puntos de información, constituyen ahora el emblema indiscutible de Valorio y su fauna salvaje.
Pero él, ajeno a esta fama sobrevenida y a la humana obsesión por las imágenes, continúa dedicándose a sus cosas de cárabo: ulular, cazar roedores y pájaros (entre otros) y criar dos o tres alucones cada temporada. Ahí sigue.

¡Ya están aquí las abubillas!

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Aunque todos los años se observan algunos ejemplares de esta especie que permanecen durante los meses invernales en distintos puntos de la provincia -generalmente en las comarcas más meridionales como Sayago, Toro o La Guareña-, la abubilla es en nuestras latitudes una especie de hábitos esencialmente migradores a causa de su alimentación insectívora. Las más madrugadoras comienzan a regresar del sur en febrero pero es a lo largo del mes de marzo cuando se confirma la vuelta generalizada de estas singulares y populares aves a sus territorios de cría. Es ahora cuando en campiñas, dehesas, sotos y bosques abiertos comienza a ser habitual su característico y relajante canto “up-up-up….up-up-up…”.

La abubilla es una de las aves que mayor impacto y presencia tiene en la cultura tradicional europea y, en general, en todas las culturas propias de su área de distribución (Eurasia y África): mensajero celestial y ave de buen agüero en China, confidente del rey Salomón en la tradición islámica, protagonista de la comedia Las aves del clásico griego Aristófanes…

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No es de extrañar, así, que también sea una de las aves más populares en nuestro entorno. Por ejemplo, no son pocos los pueblos españoles y portugueses cuyo mote colectivo coincide con el nombre local de esta especie (por ejemplo “bubillos”). Y cierto que estos nombres vernáculos populares son muy abundantes en las comarcas zamoranas, donde hemos recopilado todas estas variantes: bubilla, bubillo, buzbilla, bubiella, bobiella, boubiella, boubiela, bubela, boubela, abubilla, abobilla, abubiella, abubina, cuco y cucuyo.

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Todos estas denominaciones -así como nombre latino (upupa) y la mayor parte de los que recibe en el conjunto de las lenguas europeas- tienen su origen en el canto de la abubilla el cual a menudo nos ayuda a descubrir a esta ave de aspecto exótico en sus posaderos. Estos días soleados de la primavera temprana son ideales para acudir a su llamada y disfrutar con la observación de una de nuestras aves más bonitas y peculiares.

Otra ruta más con las aves del Duero: segundo aniversario de “Zamora, Aves y Naturaleza” y estrenamos paneles interpretativos.

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El pasado domingo 10 de marzo llevamos a cabo la ruta número 36 de “Zamora, Aves y Naturaleza” pero no era una jornada cualquiera pues celebrábamos el segundo aniversario del comienzo del programa. El tiempo pasa rápido y más en la naturaleza observando a nuestras emplumadas amigas.

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Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)

Para remarcar lo especial del día, dos profesionales del diario La Opinión de Zamora nos acompañaron durante una parte del recorrido para realizar un reportaje sobre “Zamora, Aves y Naturaleza”. ¡Muchas gracias, amigos!

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Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

El grupo -como siempre- magnífico, con gente de todas las edades y todos muy amables e interesados por la naturaleza. Así da gusto.

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La mañana primaveral, muy agradable, embellecida por la intensa floración de los almendros que cubría de blanco las laderas del Teso del Castro.

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Martín pescador (Alcedo atthis)

Y las aves también se portaron de maravilla. Una pareja de somormujos lavancos para abrir boca; otra de milanos negros recién regresados de África evolucionando en los alrededores de su nido; las garzas reales de nuestra populosa colonia particular con sus espléndidas libreas nupciales, enfrascadas en la reparación de los nidos; un martín pescador, cigüeñas blancas, garcillas bueyeras, cormoranes grandes, gallinetas, gaviotas reidoras, andarríos chicos, gorriones molineros, verderones…

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Garza real (Ardea cinerea)

También vimos un viejo nido de pájaro moscón y un galápago de Florida tomando el tibio sol de la mañana. Esperemos que en próximos paseos podamos ver a los moscones en vivo y en directo y algún galápago de cualquiera de las dos especies autóctonas presentes en este ecosistema: el europeo y el leproso.

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Nido de pájaro moscón (Remiz pendulinus)

Además los participantes pudieron estrenar los paneles interpretativos de la recién creada Ruta de Observación de Flora y Fauna instalados por el Ayuntamiento de Zamora.

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Zamora, Aves y Naturaleza es un programa de la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora realizado con la colaboración de “El Mirador del Lobo”.

 

Dos años con las aves y la naturaleza de Zamora

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El 12 de marzo de 2017, en una agradable mañana de la transición entre el invierno y la primavera, un grupo de trece personas provistas de prismáticos, telescopios y cámaras de fotos se juntaron en el histórico barrio zamorano de Olivares para recorrer durante casi cuatro horas las riberas del río Duero, conociendo y disfrutando su apasionante avifauna. Pudieron observar una colonia de garzas reales enfrascadas en los inicios de su temprano proceso reproductor; aprendieron la acabada técnica de pesca del cormorán grande y a distinguir los distintos plumajes que luce esta especie; cotillearon un rato sobre la vida social de las inteligentes y gregarias grajillas y -como guinda del pastel- descubrieron un nido de martín pescador recién excavado en un talud de la orilla y a sus coloridos propietarios descansando en sus proximidades.

Así se iniciaba el programa de rutas de observación de aves “Zamora, Aves Naturaleza”, promovido por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora con la colaboración de la iniciativa de turismo “El Mirador del Lobo”.  Programa en el que tengo el placer de participar como organizador de las rutas y como guía.

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Martín pescador (Alcedo athis)

Un par de meses antes habíamos presentado de forma oficial el programa de rutas junto con el cuaderno “Zamora, Aves y Naturaleza” (del que soy autor) ante los medios de comunicación locales y poco más tarde en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) y en la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO) de Monfragüe, las más importantes de España. El objetivo principal era colocar Zamora en el mapa del turismo ornitológico y de observación de fauna. Pero además pretendíamos descubrir a los propios habitantes de la ciudad la magnífica biodiversidad con que cuentan a pocos metros de sus casas.

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Desde entonces cerca de 600 personas han participado en las 36 rutas celebradas hasta el momento. Personas de todas las edades y con muy variados niveles de experiencia previa en actividades de este tipo. De ellas, aproximadamente un 25% han sido visitantes de nuestra ciudad, procedentes sobre todo de Salamanca, Valladolid y Madrid y de otros municipios de la provincia. A lo largo de este tiempo la demanda para participar en las rutas no ha dejado de crecer: si durante el primer año el tamaño medio de los grupos era de 13 personas, durante el segundo superó las 18 y en estos momentos ronda los 20 o 21 participantes con máximos de hasta 25.

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Pero no sólo hay que contar los participantes, también las aves observadas y que ya pasan del centenar de especies, concretamente 102. No podemos enumerarlas todas aquí pero sí que vamos a mencionar a las grandes estrellas y protagonistas habituales de las rutas: el somormujo lavanco, el cormorán grande, el avetorillo, el martinete, la garcilla bueyera, la garceta común, la garza real, la cigüeña blanca, el ánade azulón, los milanos negro y real, la gallineta común, el andarríos chico, las gaviotas reidoras y sombrías, el críalo, el martín pescador, el abejaruco, la abubilla, el pico menor, el ruiseñor común, el colirrojo tizón, el ruiseñor bastardo, el pájaro moscón, el herrerillo común, los gorriones común y molinero, la urraca, la grajilla…

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Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

Y no nos olvidamos de los galápagos (europeos, leprosos y de Florida) que aportaron su toque especial a algunas de las jornadas estivales.

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Galápago europeo (Emys orbicularis)

Hasta hace pocos años, encontrarte con observadores de aves en las riberas del Duero o en el bosque de Valorio constituía una verdadera rareza. Hoy en día comienza a ser algo habitual. Por supuesto que se trata de un fenómeno global y que está experimentado un especial desarrollo en España pero no nos cabe duda de que en el caso de nuestra ciudad el programa “Zamora, Aves y Naturaleza” tiene mucho que ver.

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Tengo que confesar que poder realizar una actividad de este tipo ha sido para mí un sueño largamente acariciado: mostrar a los visitantes de la ciudad y a mis propios paisanos toda esta diversidad ornítica que llevo 35 años estudiando y amando y despertar en ellos la admiración, el entusiasmo y el respeto por su medio ambiente más cercano. Para mí supone una gran satisfacción y un indudable privilegio que además me ha permitido conocer y tratar a un montón de personas realmente encantadoras.

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Nos seguimos viendo en las rutas.

Carboneras, cisnes y robustallos

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Confiado y audaz, el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) es una de esas aves que escogen de modo habitual la vecindad de los humanos para desenvolver su entero ciclo vital. Se trata de un muscicápido de hábitos originalmente saxícolas, es decir habitante de los roquedos, donde su presencia siguen siendo muy común, desde los acantilados marinos a la alta montaña pasando por las hoces y cañones fluviales. Pero hace mucho tiempo -probablemente miles de años- que decidió que las construcciones humanas no desmerecían como hogar ideal a sus peñascales nativos. Y así hoy en cualquiera de nuestros pueblos y barrios podemos disfrutar con la vecindad de este simpático y cautivador insectívoro que no duda en construir su nido en el interior de cuadras, pajares, garajes, talleres y -si se le permite- incluso de las viviendas.

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Por ello no es de extrañar que si hay un pajarico realmente popular en las comarcas zamoranas, conocido y apreciado por todos al punto de que podría considerarse nuestra ave “nacional” -de modo similar a como lo es su primo el petirrojo para los ingleses (robin), asturianos (raitán) y vascos (txantxangorri)- ése es sin duda nuestra querida carbonera. Efectivamente, éste es el nombre con el que generaciones de zamoranos conocemos y llamamos afectuosamente al colirrojo tizón, a causa del inconfundible plumaje de los machos que presenta un tono negro brillante como el carbón. Esta fue la denominación que aprendí en mi infancia, mucho antes de haber visto representada su imagen en una guía de identificación de aves acompañada de su nombre castellano estándar. Y es éste –carbonera– y no su nombre oficial- el que sigue viniendo a mi mente cada vez que mis ojos se topan en tantos lugares con su figura familiar o escucho desde mi habitación su chirriante y vaporoso canto que emite insistente incluso durante las horas nocturnas.

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Siendo carbonera su vernáculo más extendido en la provincia, podemos encontrar no pocas veces la variante masculina carbonero y en nuestras comarcas más noroccidentales -como Sanabria- las formas tradicionales en leonés occidental carboneira y carboneiru. Pero, a mayores, recibe en Zamora otro curioso nombre referido también a la negra indumentaria del macho. Se trata de cisne o cisnera como es conocido, por ejemplo, en algunos lugares de Sayago y de la comarca de Benavente. Esta chocante denominación está relacionada con un verbo de nuestras hablas leonesas –encisnar o encisniar– equivalente y con el mismo origen que el castellano tiznar “manchar con tizne, hollín u otra materia semejante”.  Otros nombres populares frecuentes en el occidente zamorano como rabirrubiu, rabarrubiu, rabirrunciu o raberrugu ponen el foco en su característica cola de color rojizo anaranjado. Su costumbre de agitarla de modo espasmódico da lugar, por otro lado, a otra más de sus denominaciones sanabresas: la de rabustallu o robustallu, es decir “el que hace estallar o restallar el rabo”.

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Pero sea cual sea el nombre que le demos, aprendido en casa, en la calle o en las páginas de un libro, todos compartimos unos mismos sentimientos cuando descubrimos su oscura y menuda silueta emplumada. Sensaciones que nos devuelven a la infancia y a la nostalgia de un mundo perdido que bullía exuberante de vida a nuestro alrededor y que retorna cada vez que la carbonera agita su vistosa cola de color teja.

 

10 de marzo, nueva ruta de “Zamora, Aves y Naturaleza” completa. Próxima actividad programada para el 31 de marzo.

Cada día crece más el interés y la afición por la observación de las aves y por su entorno.  Como muestra que el cupo -25 personas- para la ruta programada del 10 de marzo se haya completado en apenas tres días.

El próximo paseo para la observación de aves se desarrollará el 31 de marzo en horario de mañana. Información para inscribirse: en el cartel adjunto.

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