Dos años con las aves y la naturaleza de Zamora

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El 12 de marzo de 2017, en una agradable mañana de la transición entre el invierno y la primavera, un grupo de trece personas provistas de prismáticos, telescopios y cámaras de fotos se juntaron en el histórico barrio zamorano de Olivares para recorrer durante casi cuatro horas las riberas del río Duero, conociendo y disfrutando su apasionante avifauna. Pudieron observar una colonia de garzas reales enfrascadas en los inicios de su temprano proceso reproductor; aprendieron la acabada técnica de pesca del cormorán grande y a distinguir los distintos plumajes que luce esta especie; cotillearon un rato sobre la vida social de las inteligentes y gregarias grajillas y -como guinda del pastel- descubrieron un nido de martín pescador recién excavado en un talud de la orilla y a sus coloridos propietarios descansando en sus proximidades.

Así se iniciaba el programa de rutas de observación de aves “Zamora, Aves Naturaleza”, promovido por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora con la colaboración de la iniciativa de turismo “El Mirador del Lobo”.  Programa en el que tengo el placer de participar como organizador de las rutas y como guía.

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Martín pescador (Alcedo athis)

Un par de meses antes habíamos presentado de forma oficial el programa de rutas junto con el cuaderno “Zamora, Aves y Naturaleza” (del que soy autor) ante los medios de comunicación locales y poco más tarde en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) y en la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO) de Monfragüe, las más importantes de España. El objetivo principal era colocar Zamora en el mapa del turismo ornitológico y de observación de fauna. Pero además pretendíamos descubrir a los propios habitantes de la ciudad la magnífica biodiversidad con que cuentan a pocos metros de sus casas.

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Desde entonces cerca de 600 personas han participado en las 36 rutas celebradas hasta el momento. Personas de todas las edades y con muy variados niveles de experiencia previa en actividades de este tipo. De ellas, aproximadamente un 25% han sido visitantes de nuestra ciudad, procedentes sobre todo de Salamanca, Valladolid y Madrid y de otros municipios de la provincia. A lo largo de este tiempo la demanda para participar en las rutas no ha dejado de crecer: si durante el primer año el tamaño medio de los grupos era de 13 personas, durante el segundo superó las 18 y en estos momentos ronda los 20 o 21 participantes con máximos de hasta 25.

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Pero no sólo hay que contar los participantes, también las aves observadas y que ya pasan del centenar de especies, concretamente 102. No podemos enumerarlas todas aquí pero sí que vamos a mencionar a las grandes estrellas y protagonistas habituales de las rutas: el somormujo lavanco, el cormorán grande, el avetorillo, el martinete, la garcilla bueyera, la garceta común, la garza real, la cigüeña blanca, el ánade azulón, los milanos negro y real, la gallineta común, el andarríos chico, las gaviotas reidoras y sombrías, el críalo, el martín pescador, el abejaruco, la abubilla, el pico menor, el ruiseñor común, el colirrojo tizón, el ruiseñor bastardo, el pájaro moscón, el herrerillo común, los gorriones común y molinero, la urraca, la grajilla…

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Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

Y no nos olvidamos de los galápagos (europeos, leprosos y de Florida) que aportaron su toque especial a algunas de las jornadas estivales.

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Galápago europeo (Emys orbicularis)

Hasta hace pocos años, encontrarte con observadores de aves en las riberas del Duero o en el bosque de Valorio constituía una verdadera rareza. Hoy en día comienza a ser algo habitual. Por supuesto que se trata de un fenómeno global y que está experimentado un especial desarrollo en España pero no nos cabe duda de que en el caso de nuestra ciudad el programa “Zamora, Aves y Naturaleza” tiene mucho que ver.

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Tengo que confesar que poder realizar una actividad de este tipo ha sido para mí un sueño largamente acariciado: mostrar a los visitantes de la ciudad y a mis propios paisanos toda esta diversidad ornítica que llevo 35 años estudiando y amando y despertar en ellos la admiración, el entusiasmo y el respeto por su medio ambiente más cercano. Para mí supone una gran satisfacción y un indudable privilegio que además me ha permitido conocer y tratar a un montón de personas realmente encantadoras.

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Nos seguimos viendo en las rutas.