El búho campestre, nómada de la noche

Una hembra de búho campestre (Asio flammeus) radiomarcada en un programa de seguimiento de BTO (British Trust for Ornitologhy), tras haberse reproducido en una localidad escocesa voló hasta Noruega, donde crió por segunda vez en el mismo año. Después -animada por la pasión nómada que caracteriza a esta rapaz nocturna- emprendió un vagabundaje que la llevó en los siguientes meses a recorrer Irlanda, Cornualles y Norfolk (este de Inglaterra). Desde aquí partió a la primavera siguiente rumbo de nuevo al país de los fiordos, seguramente con intención de volver a procrear allí, pero murió durante una tormenta cuando se encontraba muy cerca de la costa noruega.

Creo que esta emocionante historia explica a la perfección el carácter del búho campestre, un nómada incansable que se mueve de aquí para allá, que aparece y desaparece como un fantasma de los campos, siempre en busca de los que constituyen sus presas principales, el fundamento de su existencia: los ratones y -por encima de todo- los topillos. Topillos, topillos y más topillos: eso es lo que necesitan los búhos campestres para decidirse a detenerse una temporada en un territorio determinado y sacar adelante a su prole.

En el invierno de 2005, el biólogo Víctor Salvador Vilariño y yo estudiamos, mediante el análisis de egagrópilas (regurgitaciones), la alimentación de un grupo de unos 30 búhos campestres que se reunían para dormir durante el día en un pequeño pinar del nordeste de la provincia de Zamora. Sobre un total de 445 presas identificadas, el 58,7% fueron ratones y el 35,2% topillos. Además encontramos un 4,9% de aves paseriformes (pájaros) y un exiguo 1,5 % de musarañas. Concretamente, entre los pequeños mamíferos, la distribución de porcentajes fue la siguiente: ratón moruno (Mus spretus) el 44%; topillo campesino (Microtus arvalis), el 34,3%; ratón de campo (Apodemus sylvaticus) el 13,9%; musaraña gris (Crocidura russula), el 1,5%; y ratón casero (Mus musculus), el 0,9%.

Distribución del búho campestre en Zamora. Trama oscura: nidificante. Trama clara; sin indicios de nidificación. AZCN-NaturZamora.

Hasta la década de 1990, el búho campestre no criaba de modo habitual en la península ibérica, aunque se presentaba regularmente como invernante, especialmente en las mesetas interiores y en humedales y campiñas de las regiones costeras. Pero desde entonces comenzó a reproducirse con bastante frecuencia en Castilla y León, especialmente las temporadas en que se que se producen explosiones demográficas de topillo campesino (Microtus arvalis). Cuando esto ocurre -cada tres o cuatro años, dependiendo también de las circunstancias meteorológicas- la población reproductora de esta rapaz nocturna, repartida por Tierra de Campos y otras comarcas de la Cuenca del Duero, puede sumar varios centenares de parejas (se estimaron unas 300-400 en 1994).

Las “plagas” de topillo campesino son un fenómeno recurrente, favorecido en gran medida por la extrema simplificación del medio agrícola que provoca la rarefacción de sus depredadores. Muchas de las medidas que se ejecutan de modo habitual para tratar de paliar sus efectos en los cultivos, como distribución de venenos o la destrucción de linderos, junqueras y cunetas, conllevan asimismo la eliminación de sus depredadores, como el búho campestre, lo cual agrava aún más el problema. Sentido común y ayudar a la naturaleza, no destruirla, es lo que se necesita.