Ruiseñor común: traje discreto y garganta de oro

El ornitólogo español Francisco Bernis, en su Diccionario de nombres vernáculos de aves, se refiere al ruiseñor común (Lusicinia megarhynchos) con estas acertadas palabras: “Modesto pájaro, conocido sólo de escucha para bastante gente, y sólo “de oídas” para mucha más, incluidos algunos poetas que lo mencionan”.

Es una pequeña ave migratoria insectívora, perteneciente a la familia de los Muscicápidos dentro del orden de los Passeriformes. Mide 15-16,5 cm de longitud y pesa alrededor de 20 g. El dorso, las alas y la cola son de color castaño y el vientre de color pardo claro. No hay apenas diferencia de aspecto entre los sexos.

Es bien conocido por su fuerte canto que incluye un registro de silbidos y borboteos y otros sonidos. Comienza a emitirlo desde su llegada a las zonas de cría (tras pasar el invierno en África al sur del Sahara), a partir de principios de abril, hasta finales de junio, una vez terminada la temporada de cría. El canto del ruiseñor destaca entre el de otras aves por su potencia e intensidad, además de por la frecuencia casi constante con que lo emite el macho, tanto por el día como por la noche.

Un ave muy literaria

Estas características de su canto (magistral y nocturno), unidas a lo discreto de su aspecto, conforman el tópico del ruiseñor, una constante en la literatura occidental. No existe ninguna otra especie que aparezca con tanta frecuencia en la tradición poética europea, culta y popular. Aquí tenemos dos ejemplos muy conocidos:

“El roseñor que canta por fina maestría,

siquiere la calandria que faz gran melodía,

mucho meior cantó el varón Ysaya,

e los otros Prophetas, onrada compañía.”

(G. de Berceo: Milagros de Nuestra Señora)

Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra, el que se escucha. Todas las noches se posa en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.

(W. Shakespeare: Romeo y Julieta, acto V, escena III)

Valorio: el bosque de los ruiseñores

El ruiseñor común siente gran preferencia por los lugares con abundante y espesa vegetación, tanto arbórea como arbustiva, conformando ambientes umbríos y algo húmedos. Le gustan especialmente los sotos de las riberas de ríos y arroyos, por lo que no es extraño que abunde en Valorio, el bosque de Zamora. De hecho, la densidad de parejas reproductoras de esta especie es particularmente elevada en nuestro bosque suburbano, que constituye un marco ideal para disfrutar con la música natural de este incansable cantor.