Campo de amapolas

Yo te vi, triste amapola,
de las flores retirada
mecer la roja corola
entre la espiga dorada.

A la amapola de Carolina Coronado

A poco de salir de casa para el paseo vespertino, me sorprendió su visión lejana, estallando de color hacia el poniente de la ciudad. Una gran extensión de un potente y llamativo tono bermejo, resaltando entre el verde dominante de la vega del Duero. Y, como presa de un mágico conjuro, hacia él me dirigí sin dudar un instante.

Es tradición entre los zamoranos que el Campo de la Verdad recibe su nombre por ser el lugar elegido por nuestros antepasados de remotos tiempos para celebrar torneos y duelos. En él sitúa el romancero el combate entre los hijos de Arias Gonzalo, gobernador de Zamora, y el caballero castellano Diego Ordóñez que había retado a la ciudad por la muerte del rey Sancho II delante de sus muros.

La amapola común (Papaver rhoeas) es una flor íntimamente asociada con los cultivos cerealistas y que también prolifera habitualmente en barbechos, baldíos y cunetas. Considerada “mala hierba” (perjudicial para la producción agrícola), se la persigue con tal saña que en la actualidad ha pasado de ser un elemento inseparable de las tierras de pan llevar a convertirse en una rareza en muchas regiones europeas, incluyendo no pocas de las españolas. En el entorno de la ciudad de Zamora -e incluso en su interior- sigue siendo, por fortuna, de presencia habitual y sus espectaculares floraciones constituyen uno de los grandes atractivos de nuestra breve pero explosiva primavera.

Entre la interminable masa de amapolas coloradas, tuve la suerte de localizar estos dos raros ejemplares de color blanco.

En medio del “desierto verde” que constituyen hoy en día muchas de nuestras tierras agrícolas a causa del abuso en el uso de plaguicidas, el rojo de las amapolas nos recuerda la necesidad de conservar la diversidad biológica de estos hábitat. Su presencia, junto con la de un gran número de otras plantas silvestres, insectos, aves y demás integrantes de su fauna es una garantía de un medio natural sano. Los campos multicolores son sinónimo de vida.