Críalos urbanos

Tal vez recordéis que hace casi dos meses, en plena cuarentena, comenté aquí que había visto un críalo (Clamator glandarius) desde la ventana de mi dormitorio, en pleno casco urbano de Zamora. Mi sorpresa fue entonces considerable, pues nunca antes había visto a este miembro de la familia de los cucúlidos (cucos en sentido amplio) en el interior de la ciudad, aunque se trata de un ave de presencia habitual -si bien en bajo número- en las cercanas riberas del Duero, el bosque de Valorio y las campiñas con arbolado disperso inmediatas a la ciudad. Pues bien, al parecer no se trató de una simple visita para curiosear el entorno o en busca de las orugas de procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) de las cuales se alimenta esta especie y que se pueden encontrar en un pequeño pinar de pino piñonero (Pinus pinea) muy próximo a mi casa. El caso es que hace cinco días vi, desde la misma ventana, dos jóvenes críalos en compañía de una pareja de urracas (Pica pica) a las cuales seguían constantemente, reclamando ruidosamente ser alimentadas.

Los críalos, que son aves de reproducción parásita, como sus parientes los más conocidos cucos (Cuculus canorus), depositan sus huevos en los nidos de las pegas o urracas y de otros miembros de la familia de los córvidos como la corneja negra (Corvus corone), quienes crían los polluelos de este truhán como si fueran propios. Todos estos días he seguido viendo a los dos jóvenes críalos alborotando por la vecindad y siendo alimentados por sus padres adoptivos. Se trata de la primera vez que tengo constancia de la reproducción de esta interesante y llamativa especie en el casco urbano de Zamora, aunque como ya indiqué es habitual en el entorno de la ciudad, incluso en el tramo de las riberas del Duero que la atraviesa.

En nuestro continente, el críalo europeo está presente sobre todo en Portugal y en España, evitando las regiones mas septentrionales de ambiente eurosiberiano. Se encuentra también, pero mucho más escaso y localizado, en algunas regiones ribereñas del Mediterráneo en Francia, Italia, Croacia, Grecia y Turquía. Su área de reproducción incluye también partes del suroeste de Asia y -de forma disyunta- el África austral. Migrador de largo alcance, inverna en amplias zonas de África y, en mucha menor medida, en el extremo meridional de la península ibérica. A las tierras zamoranas regresa tempranamente, a finales del invierno, entre los meses de febrero y marzo.

Podemos observarlo, con densidad muy variable, en la mayor parte de la provincia, faltando o siendo francamente raro en su sector noroccidental (comarcas de Aliste, La Carballeda y Sanabria). Se alimenta principalmente de insectos, y en especial de orugas peludas, como las de las procesionarias, que desagradan a muchas otras aves y que tienen en el críalo a uno de sus más importantes depredadores. Su nombre en castellano viene a ser una transcripción empalabrada -con no poca retranca- del reclamo emitido por los adultos y que la imaginación popular supuso dirigido a los propietarios de los nidos -urracas y cornejas- donde nuestros simpáticos amigos depositan sus puestas: ¡críalo-críalo-críalo…!.

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