Jineta: el hada que vino de África

Según el diccionario de la RAE, el nombre de la jineta (Genetta genetta) podría proceder del término occitano geneta, aparentamente un diminutivo de jana ‘hada’. Jana, a su vez, parece tener el mismo origen que el asturleonés xana (las xanas son genios femeninos de la mitología popular asociados a fuentes, ríos y bosques). En ambos casos nos encontraríamos con derivados del nombre de la diosa latina Diana, originalmente relacionada con la caza, los animales salvajes y los bosques y más tarde asociada al culto lunar. Esta etimología no le cuadra nada mal a nuestra protagonista, misteriosa cazadora nocturna que habita con preferencia en los sotos y montes de vegetación espesa.

También hay quien considera que el zoónimo jineta estaría relacionado con el árabe zenete ‘jinete’ y que su origen estaría, supuestamente, en el uso de sus pieles como adorno de las sillas de montar por los árabes. Se suele asociar a éstos y a los bereberes la introducción de este mamífero en Europa en los siglos medievales, trayéndolo del norte de África como mascota o, más probablemente, para que mantuviera a raya los ratones y otros roedores en sus viviendas y graneros. Aunque no cabe duda sobre la afición de estos pueblos por nuestra bella cazadora de piel manchada, cada vez hay más evidencias de que su llegada al suelo ibérico es, sin embargo, muy anterior: se han encontrado restos asignables a esta especie en un yacimiento prehistórico de Granada de hace más de 3.200 años, en plena Edad del Bronce.

A parte de en Europa, continente donde ocupa la península ibérica y gran parte de Francia, habita gran parte de África, evitando las grandes extensiones de desiertos y las selvas tropicales, y también se encuentra en algunas áreas de la península arábiga.

Bosques mediterráneos y sotos son sus medios preferidos

Debido a sus costumbres estrictamente nocturnas resulta bastante difícil observar a una jineta viva en su medio y esto puede causar frecuentemente la falsa impresión de que se trata de una especie escasa. Por el contrario, en la actualidad es uno de los miembros del orden de los carnívoros más abundantes en las áreas forestales de la península ibérica, particularmente en los bosques y matorrales de tipo mediterráneo y en los sotos de las riberas. Se rarifica, eso sí, en áreas que por su mayor altitud y continentalidad registran temperaturas demasiado bajas -delatando así su origen africano- y en las áreas muy deforestadas y cultivadas, donde escasea su hábitat predilecto.

Distribución de la jineta en Zamora (NaturZamora-ACZN). Probablemente la mayoría de las cuadrículas sin presencia confirmada lo son por falta de prospección.

Siguiendo estos mismos patrones (preferencia por las zonas menos frías y con mayor cobertura forestal), en la provincia de Zamora es más abundante en comarcas como Sayago, Aliste, Alba y Tábara y también en Los Valles, Toro y Tierra del Vino. En cambio, se rarifica en Sanabria y en la Carballeda, donde resulta muy rara por encima de los 1000 m de altitud y en las amplias extensiones cultivadas de Tierra del Pan y Tierra de Campos, donde se refugia en los escasos bosques isla y en sotos dispersos. Puede aparecer en el entorno de pueblos y ciudades: por ejemplo, se encuentra presente en las riberas e islas del río Duero a su paso por la capital.

En nuestras comarcas recibe diversos nombres vernáculos. Uno de los más extendidos es el de gato algario, denominación que a veces comparte con el gato montés (Felis silvestris). Otro nombre que se le da a veces es el de garduño, lo que puede conducir a confusión con otra preciosa y escurridiza cazadora nocturna de la familia de los mustélidos: la garduña (Martes foina).

Letrina de jineta cuyo uso regular hemos comprobado a lo largo de los últimos 20 años. Se puede observar la gran cantidad de huesos sin digerir acumulados, en su mayoría de ratón de campo.

Sin duda, los indicios que más claramente delatan la presencia de la jineta son sus conspicuas y características letrinas o cagarruteros. Estas grandes acumulaciones de deyecciones se suelen situar en lugares elevados como peñas, árboles, tejados o paredes de piedra. Incluso, he observado un par de veces su ubicación en coches abandonados en mitad del monte. Una misma letrina puede ser utilizada por diferentes jinetas, tanto jóvenes como adultas.

Las letrinas tienen una función comunicativa muy importante para las jinetas ya que son usadas por varios individuos que depositan sus heces impregnadas por el olor producido por las secreciones de las glándulas anales, permitiendo el reconocimiento de cada uno de ellos. La frecuencia de uso de las letrinas es distinta dependiendo de la época del año y del sexo, principalmente debido a la reproducción y al status social.

La jineta es principalmente una consumidora de micromamíferos, con especial preferencia por el ratón de campo, aunque su dieta está caracterizada por su flexibilidad y oportunismo, incluyendo una elevada variedad de alimentos. Entre éstos se pueden destacar las aves, liebres y conejos de pequeño tamaño, anfibios, reptiles, insectos y otros artrópodos, caracoles, huevos, peces y cangrejos de río y frutos como moras, uvas o higos. También se la ha podido detectar cazando ardillas y murciélagos en cuevas, así como depredando sobre nidos de rapaces como azor, busardo ratonero y águila calzada.

La mayoría de hembras solo tienen una camada al año, normalmente en la primavera, aunque la fenología reproductiva es variable y hay jinetas que paren sistemáticamente en otoño. El número de crías por camada varía entre una y cuatro, siendo generalmente de dos o tres. Los cachorros de jineta realizan las primeras salidas del cubil sobre los 45-50 días de edad y a partir del cuarto-quinto mes pueden comenzar su período de dispersión, abandonado el territorio materno.

Debido a su tamaño, algo menor que el de un gato doméstico, son vulnerables a la depredación por parte de carnívoros mayores como linces, zorros, lobos o perros cimarrones y rapaces como el búho real, el águila real o el azor. Ha sido cazada tradicionalmente por su piel y también por considerarla una “alimaña” nociva. En la actualidad esta persecución no ha desaparecido pero es mucho menos intensa que en el pasado, lo cual ha favorecido notablemente la recuperación de la especie, que no está considerada como amenazada. A pesar de todo, la caza furtiva, el llamado “control” de depredadores y los atropellos pueden tener en muchas áreas un impacto importante sobre sus poblaciones.

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