Las tempranas estrellas amarillas de las praderas invernales

Hace algunos años, el condado galés de Radnorshire adoptó como uno de sus símbolos locales la flor de la estrella amarilla temprana (Gagea bohemica), una diminuta pero sorprendente integrante de la familia de las liliáceas. Esta elección resulta bastante comprensible cuando conocemos que en Radnorshire se encuentra la única población de Gagea bohemica de toda Gran Bretaña, motivo por el cual esta planta recibe en inglés el nombre de Radnor Lily o lirio de Radnor.

El área de distribución de la especie es, sin embargo, bastante mayor, abarcando buena parte del oeste, centro y sur de Europa, noroeste de África y oeste de Asia. En la península ibérica se encuentra sobre todo en el norte y el centro, refugiándose en las montañas en su extremo meridional. Aparece en pastos, rellanos, repisas o fisuras de roca, claros de bosques (pinares, encinares y enebrales, entre otros), matorrales (jarales, piornales…), y bordes de cultivos sobre todo tipo de substratos, incluidos los arenosos.

Increíbles prodigios de resistencia y adaptación, las estrellas amarillas tempranas ciertamente hacen honor a su nombre. En lo más crudo del invierno, entre los meses de enero y marzo, los pastizales desarrollados sobre suelos muy pobres de la práctica totalidad de la provincia de Zamora son el escenario de su precocísima floración. En estas tierras del extremo suroeste del continente europeo, la acompañan a menudo sus cercanas parientes las estrellas amarillas ibéricas (Gagea soleirolii), que se diferencian de Gagea bohemica por sus hojas más anchas y peludas. Finalmente, hay otras dos especies de este género citadas en la provincia, pero con presencia muy localizada: la estrella amarilla de Lacaita (Gagea lacaitae) y la estrella amarilla de prado (Gagea pratensis).

¡Comenzó el programa «Picapinos»!

El pasado lunes 30 de enero, a caballo entre el Día Mundial de la Educación Ambiental (28 de enero) y el Día Mundial de los Humedales (2 de febrero), tuvo lugar en las riberas del Duero en la ciudad de Zamora la primera actividad de este programa de divulgación de la Biodiversidad local dirigido a alumnos y docentes de centros educativos del municipio.

Los primeros partipantes fueron un grupo de alumnos y profesoras del IES «Universidad Laboral» a los que tuvimos el placer de introducir al conocimiento de la sorprendente y variada avifauna de nuestro magnífico humedal urbano.

Juntos descubrimos los secretos de la vida de cormoranes, garzas, martinetes y somormujos, protagonistas que pudimos observar estupendamente con nuestros telescopios. Unas imágenes que sin duda quedarán grabadas para siempre en sus retinas y contribuirán a desarrollar en ellos el interés y el deseo de conservar estas especies y su hábitat.

«Picapinos» está teniendo una gran acogida y una demanda muy elevada (varias veces mayor de la prevista) por lo que estamos realizando un gran esfuerzo para atender todas las peticiones de partipación que recibimos. Si deseas informarte y solicitar participar con tus alumnos en estas actividades puedes escribir a zamorabiodiversa@gmail.com o llamar al 676046551.

«Picapinos» es un programa de Educación Ambiental promovido por la Concejalía de Hábitat Sostenible del Ayuntamiento de Zamora y desarrollado con la colaboración de «Saliegos Birding» y «Zamora BioDiversa».

Dormilones de día, brujas de noche

Uno de los aspectos más característicos del comportamiento del martinete común (Nycticorax nycticorax) es su actividad fundamentalmente nocturna, especialmente fuera del período reproductor. Este patrón ha dado lugar a algunos nombres vernáculos de los numerosos que reciben estas misteriosas ardeidas a lo largo y ancho de su extensísima área de distribución que abarca gran parte de los continentes euroasiático, africano y americano.  Así, en Argentina y en Andalucía es conocido como garza bruja, en gallego se denomina garza da noite y en catalán martinet de nit.

También su denominación científica, nycticorax (“cuervo nocturno” en griego), hace clara referencia a sus hábitos noctámbulos. Durante el otoño y el invierno, los martinetes que no han emigrado hacia el sur -lo habitual en su especie- se agrupan en dormideros comunales donde descansan durante el día, tratando de permanecer a salvo de sus depredadores: aves rapaces y mamíferos carnívoros, sobre todo. 

 Al caer las tinieblas, vuelan siguiendo el curso del río en dirección a sus áreas de pesca, ubicadas con frecuencia a varios kilómetros de distancia del dormidero. En la oscuridad, los distintos individuos del grupo se comunican entre sí emitiendo una voz característica: «guac-guac». Este sonoro reclamo también ha inspirado una cantidad considerable de vernáculos, tales como guaco o huaco en Perú, Colombia, Venezuela y México, kwak en neeerlandés y goraz en portugués europeo.

En Brasil, en cambio, se conocen como dorminhocos, haciendo referencia a sus hábitos de descanso diurno. Curiosamente, dormilones es uno de los dos nombres populares recogidos en Zamora. El otro, mediagarza, probablemente se refiera a sus dimensiones corporales, francamente menores que las de otras especies de la misma familia como la garza real (Ardea cinerea), con la que suele coincidir, incluso en las colonias de cría.

Águilas urbanas

Águila calzada de morfo claro oteando su territorio de caza desde una veleta de la iglesia de San Ildefonso, en el casco antiguo de Zamora. Diciembre de 2015.

El águila calzada es una rapaz forestal que en las últimas décadas ha comenzado a instalarse en entornos urbanos, como es el caso de las riberas del Duero a su paso por la ciudad de Zamora, tramo donde está presente al menos desde la década de 1990 y donde actualmente alcanza una densidad de en torno a una pareja por cada kilómetro y medio de curso fluvial.

Nido de águila calzada en el Duero a su paso por Zamora. En la foto se ven la hembra y -echados- dos polluelos todavía con plumón. Junio de 2022.

Durante el período de marzo a octubre, cuando la generalidad de estas aves migradoras permanecen entre nosotros, es habitual observarlas cazando diversas especies de aves -especialmente palomas- en el interior de la ciudad, sobrevolando continuamente nuestras calles y viviendas.

Macho adulto de morfo oscuro transportando los restos de una paloma cimarrona que acaba de cazar y consumir parcialmente. Centro de la ciudad de Zamora, abril de 2020.

No resulta inusual en ese tiempo la imagen de una de estas pequeñas pero valientes águilas consumiendo su presa sobre el tejado de un edificio en el interior e incluso en el mismo centro de la urbe. Además, muchos años algún ejemplar con pocas ganas de embarcarse en la agotadora y peligrosa migracion anual, permanece con nosotros durante el período otoñal e invernal, prolongando así las oportunidades de disfrutar con su estimulante vecindad.

Juvenil al que faltan pocos días para emprender la migración, contemplando el barrio zamorano donde su padre le ha estado enseñando a cazar durante las últimas semanas. Septiembre de 2021.

Las águilas calzadas, junto con otras rapaces ornitófagas, como el azor común y el halcón peregrino -también con presencia habitual en el casco urbano de Zamora-, cumplen un papel fundamental en el control natural de las palomas cimarronas y torcaces, cuyas poblaciones han experimentado un gran crecimiento en los entornos urbanos. La presencia de estas bellísimas aliadas solo se garantiza conservando su hábitat de reproducción, es decir: el valioso arbolado ribereño que cubre las islas y márgenes fluviales del río Duero.

La lobito agreste (Pyronia tithonus) en Zamora

Robleda (Zamora), 4 de agosto de 2014.

Se trata de una mariposa de talla mediana (3-4 cm de envergadura) y coloración poco llamativa que puede resultar difícil de descubrir cuando descansa entre la hierba agostada del borde del camino. Sin embargo, en muchas localidades resulta tan abundante durante el verano que, ciertamente, su presencia no pasa desapercibida. 

Podemos encontrarla en una gran variedad de medios naturales, prefiriendo aquéllos donde abundan las hierbas altas y, en particular, las distintas especies de gramíneas que constituyen las plantas nutricias de sus orugas, como las pertenecientes a los géneros Poa, AgrostisDactylis y Brachypodium.

Distribución de Pyronia tithonus en el Atlas de las Mariposas Diurnas de Zamora (NaturZamora-AZCN).

Ampliamente extendida en Europa y también en la península ibérica, se distribuye por todas las comarcas zamoranas, si bien se ausenta o escasea en las áreas muy deforestadas del oriente provincial.  Por el contrario, las máximas densidades de este ninfálido las encontramos en su extremo noroccidental y, en especial, en la comarca de Sanabria.

Aquí abundan las praderas y pastizales próximos a cursos de agua que tanto le gustan y donde durante el estío pleno resulta a menudo el lepidóptero más numeroso de todos. El período de vuelo registrado en Zamora abarca desde los primeros días del mes de junio hasta mediados de septiembre.

Nuevo programa de educación ambiental para centros educativos de Zamora

Los docentes y responsables de centros educativos del Municipio de Zamora ya pueden solicitar las actividades gratuitas del PROGRAMA PICAPINOS para conocer junto con sus alumnos la diversidad biológica de nuestro entorno más próximo.

Este programa de educación ambiental incluye tanto actividades de observación e intepretación de fauna y flora en el medio natural de la ciudad de Zamora como actividades a desarrollar en la propia aula. Además, también podrán disponer de materiales específicos para utilizar en clase, previa o posteriormente a la actividad de campo.

Para ampliar información y solicitar las actividades de PICAPINOS podéis escribir a zamorabiodiversa@gmail.com o bien dirigiros por teléfono, WhatsApp o Telegram al 676046551.

PICAPINOS es un programa promovido por la Concejalía de Hábitat Sostenible del Ayuntamiento de Zamora y desarrollado con la colaboración de «Saliegos Birding» y «Zamora BioDiversa».

De espinos y pardales

En la fotografía vemos un gorrión molinero (Passer montanus) tomando el sol plácidamente sobre un seto de cambronera de Berbería (Lycium barbarum) en un histórico barrio de la ciudad de Zamora. Esta pequeña ave -conocida en la provincia como pardal montesino, pardal de campo o pardal pequeño– conserva en la capital y su entorno próximo una densidad poblacional actualmente difícil de encontrar en el resto de su área de distribución ibérica y europea. Se trata de una especie que está experimentado una grave regresión demográfica, particularmente en los ambientes rurales y agrícolas que constituían su hábitat tradicional y que están sufriendo transformaciones muy negativas. Popularmente, se relaciona a los gorriones o pardales con una dieta básicamente granívora pero la realidad es que también son grandes consumidores de insectos, especialmente durante la primavera y el verano. De hecho, este aporte de proteína animal resulta fundamental para la adecuada crianza de sus polluelos. Y, precisamente, estos invertebrados, junto con las semillas de plantas silvestres, son recursos que los molineros no encuentran ya con facilidad en las áreas agrícolas muy intensificadas pero sí en entornos periurbanos (parques, baldíos, riberas) como los que encontramos en la capital zamorana.

En cuanto a la cambronera, que aquí conocemos sencillamente como espino, resulta el arbusto más corrientemente utilizado para la formación de setos defensivos en las vegas y campiñas del entorno de la ciudad. Con la progresiva desaparición del paisaje agrícola tradicional se van perdiendo también los típicos setos, un refugio de difícil sustitución para una rica y variada fauna de los campos que se está empobreciendo a pasos preocupantemente agigantados. Por desconocimiento y prejuicio se están eliminado estos componentes del paisaje de elevado valor ambiental y cultural. Curiosamente, el fruto de la cambronera es la afamada cereza de goji, de antiquísima tradición en la medicina natural de Oriente y con importantes cultivos comerciales en el norte de China. En tiempos, también fue conocida en nuestro entorno cultural con e nombre de spina benedicta (“espina bendita”), debido a que las reliquias de la corona de Cristo que se guardan en Roma corresponden a este mismo género botánico (Lycium).

El insecto trovador

Si aguzamos la vista y la curiosidad, resulta muy probable que durante los meses de mayo a septiembre descubramos entre las flores y tallos de la cañafleja (Thapsia villosa), el hinojo o fenoyo (Foeniculum vulgare) u otras plantas de la familia de las apiáceas, a un llamativo insecto de apenas un centímetro de longitud, con cuerpo aplanado en forma de escudo y vestido a la usanza con la que algunos pintan a los trovadores medievales: traje rojo intenso surcado de gruesas líneas negras. Se trata de la chinche rayada, también conocida como insecto trovador (Graphosoma italicum). Su vistosa coloración reviste un indudable carácter aposemático (del griego apo “lejos o aparte” y sema “señal”), es decir que su finalidad consiste en alejar a sus potenciales depredadores, recordándoles el poco agradable sabor que caracteriza a estos insectos. De hecho, al igual que muchos otros miembros de su familia (los pentatómidos), disponen a los costados del tórax de unas glándulas que exudan un líquido de olor repulsivo al sujetarlos. Por este motivo se conocen también como chinches hediondas.

Las chinches rayadas se distribuyen ampliamente por el continente europeo y la península ibérica pero en general prefieren las regiones más cálidas y soleadas, buscando las áreas abiertas y orientadas hacia el sur. Su hábitat principal lo constituyen las praderas, baldíos y taludes donde abundan sus plantas preferidas que son, principalmente, las apiáceas o umbelíferas, de cuyas fluidos o secreciones se alimentan. En Zamora se trata de una especie ampliamente extendida que podemos observar por la mayor parte de la provincia.

Feliz 2023 (un poco por lo menos)

Dice un amigo mío que para que haya paz en el mundo y para superar las múltiples crisis que sufrimos (climática, energética, de biodiversidad…) no sirve cambiar de año sino que lo que había que mudar es de sistema. Yo me temo que ni cambiando de especie…Pero también que no se pierde nada por desear cosas buenas a los demás. Cosas que nos hagan un poco felices.

Una gran jornada en Villafáfila

Hace un mes visitamos la reserva natural «Lagunas de Villafáfila» acompañando a un nutrido grupo de apasionados por las aves silvestres. Se trataba de una actividad organizada por «Saliegos Birding» y «Zamora BioDiversa» para la cual contamos, como en otras ocasiones, con el mejor conocedor de este espacio natural zamorano de fama internacional: Cristian Osorio Huerga.

Villafafila con (mucha) agua. Foto Mario Braña.

Disfrutamos de una magnifica jornada de campo, jalonada de estupendas y abundantes observaciones ornitológicas. Las copiosas lluvias de este otoño nos depararon el impagable espectáculo de ver rebosante la Laguna Grande y con agua abundante muchos de los restantes humedales que integran este valioso complejo lagunar incluido en el Convenio de Ramsar.

Avefrías europeas (Vanellus vanellus) en primer plano y tarros blancos (Tadorna tadorna) al fondo. Foto Luis Manso.

Y lo mejor de todo: que las lagunas se encontraban no sólo llenas de aguas sino también de aves. En realidad toda la reserva, con su campiña cerealista, sus pueblos terracampinos y sus pequeñas alamedas relictas, constituía un hervidero de vida, recuperada tras la terrible e interminable sequía que hemos padecido durante más de un año. A lo largo del día llegamos a anotar más de 3000 ejemplares pertenecientes a 67 especies diferentes de aves. Pinchad aquí si queréis ver la lista completa.

Avefrías europeas, tarros blancos, un par de ánades azulones (Anas platyrhynchos) y un correlimos común (Calidris alpina). Foto Mario Braña.

Ánades azulones. Foto Luis Manso.

Silbones europeos (Mareca penelope). Foto Mario Braña.

Ansar común (Anser anser). Foto Miguel Díez.

Tarros blancos. Foto Rubén Barrio.

Ánades azulones, ánades frisos (Mareca strepera), focha común (Fulica atra) y cuchara común (Spatula clypeata). Foto Rubén Barrio.

Fochas comunes, ánades azulones y ánades frisos. Foto Mario Braña.

Cucharas comunes. Foto Mario Braña.

Correlimos comunes. Foto Luis Manso.

Además de las anátidas, limícolas y otras acuáticas características del medio lacustre, el principal atractivo de Villáfáfila lo constitye su extraordinaria población de avutarda euroasiática (Otis tarda), la más densa de toda su área de distribución. Estos verdaderos gigantes de la estepa supusieron -junto con las grullas comunes (Grus grus)- el principal objetivo de las horas que dedicamos a la observación de aves en los campos de cultivo de la reserva.

Avutardas euroasiáticas. Foto Mario Braña.

Grullas comunes. Foto Mario Braña.

Por supuesto, también pudimos ver y fotogrsfiar a otras muchas aves de los campos y praderas, entre ellas especies tan interesantes como el amenazado y endémico alcaudón real (Lanius meridionalis), verdadera rapaz en miniatura.

Perdiz roja (Alectoris rufa). Foto Mario Braña.

Bisbita alpino (Anthus spinoletta). Foto Rubén Barrio.

Bisbita pratense (Anthus pratensis). Foto Mario Braña.

Alcaudón real. Foto Mario Braña.

Y, por supuesto, no faltaron las rapaces, tanto accipitriformes como falconiformes y estrigiformes. Entre estas últimas, destacó la que, probablemente, resultó la observación más memorable de toda la visita a Villafáfila: la de un precioso búho campestre (Asio flammeus) cazando topillos en las praderas que rodean la Laguna Grande.

Milano real (Milvus milvus). Foto Luis Manso.

Busardo ratonero (Buteo buteo) atalayando la estepa desde la cumbre de un palomar. Foto Rubén Barrio.

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Foto Luis Manso.

Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). Foto Rubén Barrio.

Mochuelo europeo (Athene noctua). Foto Mario Braña.

Búho campestre. Foto Luis Manso.

Búho campestre. Foto Rubén Barrio.

Búho campestre. Foto Mario Braña.

A lo largo de 2023 seguiremos organizando actividades en Villafáfila y en otros espacios naturales zamoranos como el parque natural «Arribes del Duero». Estas visitas las iremos anunciando, a medida que se vayan programando, en este blog y en nuestras redes sociales.

¡Que paséis buenas fiestas!

Foto Mario Braña