Dormilones de día, brujas de noche

Uno de los aspectos más característicos del comportamiento del martinete común (Nycticorax nycticorax) es su actividad fundamentalmente nocturna, especialmente fuera del período reproductor. Este patrón ha dado lugar a algunos nombres vernáculos de los numerosos que reciben estas misteriosas ardeidas a lo largo y ancho de su extensísima área de distribución que abarca gran parte de los continentes euroasiático, africano y americano.  Así, en Argentina y en Andalucía es conocido como garza bruja, en gallego se denomina garza da noite y en catalán martinet de nit.

También su denominación científica, nycticorax (“cuervo nocturno” en griego), hace clara referencia a sus hábitos noctámbulos. Durante el otoño y el invierno, los martinetes que no han emigrado hacia el sur -lo habitual en su especie- se agrupan en dormideros comunales donde descansan durante el día, tratando de permanecer a salvo de sus depredadores: aves rapaces y mamíferos carnívoros, sobre todo. 

 Al caer las tinieblas, vuelan siguiendo el curso del río en dirección a sus áreas de pesca, ubicadas con frecuencia a varios kilómetros de distancia del dormidero. En la oscuridad, los distintos individuos del grupo se comunican entre sí emitiendo una voz característica: «guac-guac». Este sonoro reclamo también ha inspirado una cantidad considerable de vernáculos, tales como guaco o huaco en Perú, Colombia, Venezuela y México, kwak en neeerlandés y goraz en portugués europeo.

En Brasil, en cambio, se conocen como dorminhocos, haciendo referencia a sus hábitos de descanso diurno. Curiosamente, dormilones es uno de los dos nombres populares recogidos en Zamora. El otro, mediagarza, probablemente se refiera a sus dimensiones corporales, francamente menores que las de otras especies de la misma familia como la garza real (Ardea cinerea), con la que suele coincidir, incluso en las colonias de cría.

Águilas urbanas

Águila calzada de morfo claro oteando su territorio de caza desde una veleta de la iglesia de San Ildefonso, en el casco antiguo de Zamora. Diciembre de 2015.

El águila calzada es una rapaz forestal que en las últimas décadas ha comenzado a instalarse en entornos urbanos, como es el caso de las riberas del Duero a su paso por la ciudad de Zamora, tramo donde está presente al menos desde la década de 1990 y donde actualmente alcanza una densidad de en torno a una pareja por cada kilómetro y medio de curso fluvial.

Nido de águila calzada en el Duero a su paso por Zamora. En la foto se ven la hembra y -echados- dos polluelos todavía con plumón. Junio de 2022.

Durante el período de marzo a octubre, cuando la generalidad de estas aves migradoras permanecen entre nosotros, es habitual observarlas cazando diversas especies de aves -especialmente palomas- en el interior de la ciudad, sobrevolando continuamente nuestras calles y viviendas.

Macho adulto de morfo oscuro transportando los restos de una paloma cimarrona que acaba de cazar y consumir parcialmente. Centro de la ciudad de Zamora, abril de 2020.

No resulta inusual en ese tiempo la imagen de una de estas pequeñas pero valientes águilas consumiendo su presa sobre el tejado de un edificio en el interior e incluso en el mismo centro de la urbe. Además, muchos años algún ejemplar con pocas ganas de embarcarse en la agotadora y peligrosa migracion anual, permanece con nosotros durante el período otoñal e invernal, prolongando así las oportunidades de disfrutar con su estimulante vecindad.

Juvenil al que faltan pocos días para emprender la migración, contemplando el barrio zamorano donde su padre le ha estado enseñando a cazar durante las últimas semanas. Septiembre de 2021.

Las águilas calzadas, junto con otras rapaces ornitófagas, como el azor común y el halcón peregrino -también con presencia habitual en el casco urbano de Zamora-, cumplen un papel fundamental en el control natural de las palomas cimarronas y torcaces, cuyas poblaciones han experimentado un gran crecimiento en los entornos urbanos. La presencia de estas bellísimas aliadas solo se garantiza conservando su hábitat de reproducción, es decir: el valioso arbolado ribereño que cubre las islas y márgenes fluviales del río Duero.

El pinzón real, un vistoso visitante norteño

Durante gran parte del otoño y el invierno de 2010 y 2011 se constituyó en el Puerto de Barazar (Bizkaia) un descomunal dormidero de pinzones reales (Fringilla montifringilla) que llegó a albergar cerca de un millón de estas pequeñas y coloridas aves procedentes de remotas latitudes norteñas. Verdaderas nubes de pinzones acudían cada día a los hayedos más cercanos para alimentarse de hayucos, los nutritivos frutos del haya. Se trató de un hecho excepcional que suscitó un enorme interés, no sólo entre los ornitólogos y aficionados a la observación de las aves silvestres sino también en el público general pues resultaba un espectáculo natural verdaderamente grandioso. Tuve la suerte de disfrutarlo gracias a mi gran amigo, el biólogo y agente forestal Juan Manuel Pérez de Ana que nos guió y acompañó en aquella ocasión.

La singularidad de esta impresionante concentración estribaba en que los dormideros invernales de pinzón real de tales dimensiones son sucesos excepcionales al sur de los Pirineos, aunque habituales en la Europa central. Un caso muy ilustrativo -y extremo- se produjo en el invierno de 1951-52, cuando en un área bastante reducida de Suiza se llegaron a concentrar más de 100 millones, la práctica totalidad de la población europea del momento. Si bien en España y Portugal no se trata de un ave rara, aquí se suele encontrar dispersa en densidades mucho más discretas y con concentraciones mucho menores. 

 Dos machos y una hembra de pinzón real. En la imagen queda patente el dimorfismo sexual característico de esta especie.

Este miembro de la familia de los fringílidos (como los pardillos, jilgueros, verderones y canarios) cría en los bosques mixtos y de coníferas de Escandinavia y Rusia, desde los fiordos noruegos a la península de Kamchatka. En Zamora se trata de un invernante habitual que podemos observar desde octubre a abril pero principalmente entre noviembre y marzo. Por lo general no resulta muy abundante aunque, en realidad, sus números varían llamativamente de unos años a otros, con inviernos en los que apenas nos llegan ejemplares y otros en los que se observa ampliamente extendido y con notables densidades. Ocupa con preferencia áreas abiertas con cultivos o pastizales y con presencia de un algún arbolado más o menos disperso, como pueden ser dehesas y sotos.

Se suele alimentar en los campos y acude a los arbolados para dormir. También resulta fácil de observar en algunos parques y jardines o en bosques urbanos como el de Valorio. Su alimentación en esta época del año incluye una gran variedad de semillas, con preferencia por las oleaginosas, desde los mencionados hayucos hasta las pipas de girasol, los granos de maíz o incluso las contenidas en las sámaras de los arces y los fresnos. A menudo se asocia para alimentarse con otros pequeños paseriformes granívoros, como sus primos los pinzones vulgares, y otros parientes cercanos como verderones, lúganos y pardillos así como con los gorriones comunes, morunos y molineros.

Macho y hembra de pinzón real buscando semillas en compañía de un gorrión molinero.

Otoño en Villafáfila: grullas, avutardas y mariposas (volvemos el 27)

Grullas comunes en la reserva natural «Lagunas de Villafáfila» (Zamora). L. J. Manso.

Tras sufrir los terribles efectos de la peor sequía en bastantes décadas, las tímidas lluvias de las últimas semanas no pueden ser más bienvenidas. Con ellas, campiñas y humedales comienzan a recobrar color, vida, esplendor. En Tierra de Campos, la reserva natural «Lagunas de Villafáfila» recibe en este tiempo la visita de centenares de majestuosas y elegantes grullas comunes (Grus grus) cuyas voces poderosas y ancestrales resuenan como un concierto de trompetas en la estepa inmensa.

Avutardas euroasiáticas (Otis tarda) alimentándose en un campo de alfalfa en la r. n. «Lagunas de Villafáfila. L. J. Manso.

Estas conocidas migradoras se suman ahora en los pastizales y las tierras de labor a otras gigantes que permanecen todo el año en la región: las avutardas comunes o euroasiáticas (Otis tarda), que concentran en Villafáfila la población más destacada de toda su área de distribución, constituyendo el mayor valor ornitológico de esta reserva zamorana.

A comienzos del mes organizamos una actividad de observación e interpretación de las aves y el medio natural de Villafáfila junto con Cristian Osorio de «Saliegos Birding», gran amigo y profesional que conoce la reserva y sus secretos como nadie. La jornada resultó un éxito, disfrutando con una gran cantidad y variedad de estupendas observaciones y con la agradable compañía de un excelente grupo de aficionados.

La lista de especies anotadas a lo largo del día sumó un total de 68, abarcando desde las características anátidas y limícolas del complejo lagunar hasta los pequeños paseriformes antropófilos de los pueblos y sus entornos e incluyendo diversas especies de rapaces, entre ellas la cada vez más habitual águila imperial ibérica (Aquila adalberti). En este enlace podéis consultar el listado completo: https://ebird.org/checklist/S121705101

Águila imperial observada el 1 de noviembre en los alrededores de Villafáfila. C. Osorio.

Además, las agradables temperaturas que pudimos disfrutar favorecieron la observación de un buen número de mariposas, como blanquita de la col (Pieris rapae), blanquiverdosa (Pontia daplidice), colias común (Colias crocea), cardera (Vanessa cardui), atalanta (Vanessa atalanta), ícaro (Polyommatus icarus), canela estriada (Lampides boeticus) y manto bicolor (Lycaena phlaeas).

Mariposa manto bicolor. R. Hernández.

El próximo domingo 27 de noviembre tenemos programada una nueva visita para la cual hay todavía plazas disponibles. En este cartel podéis encontrar los detalles.

Os dejo con algunas imágenes de la actividad que nos han pasado varios de los participantes a los cuales aprovechamos para agradecer sus amabilidad y simpatía.

Gorrión chillón (Petronia petronia). N. Torres.

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) transportando un ofidio en las garras. N. Torres.

Grullas comunes aterrizando. N. Torres.

9El otoño es, sin duda, la mejor época para disfrutar de las grullas en Villafáfila. N. Torres.

Avefrías europeas (Vanellus vanellus). N. Torres.

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis). N. Torres.

Lavandera blanca (Motacilla alba). N. Torres.

Fochas comunes (Fulica atra). N. Torres.

Ícaro (Polyommatus icarus). N. Torres.

Manto bicolor (Lycaena phlaeas). N. Torres.

Gorrión chillón (Petronia petronia). L. J. Manso.
Tarabilla europea (Saxicola rubicola). L. J. Manso.

Grullas comunes (Grus grus). L. J. Manso.

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis). L. J. Manso.
Avefrías europeas (Vanellus vanellus), L. J. Manso.
Busardo ratonero (Buteo buteo). L. J. Manso.

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus). L. J. Manso.

Bisbita pratense (Anthus pratensis). L. J. Manso.

Avutardas euroasiáticas (Otis tarda). L. J. Manso.
Fochas comunes (Fulica atra). L. J. Manso.

Conejo europeo (Oryctolagus cuniculus). L. J. Manso.

El falaropo picogrueso, un viajero sorprendente

En contra de la norma predominante en el mundo de las aves, las hembras del falaropo picogrueso (Phalaropus fulicarius) presentan mayores dimensiones y plumaje de coloración más viva que los machos de su especie. Son ellas las que cortejan a los machos, compiten por el territorio de anidamiento y defienden agresivamente a sus parejas y nidos. Tras realizar la puesta de 3 a 6 huevos en el suelo, generalmente cerca del agua, la hembra inicia inmediatamente la migración, dejando al macho a cargo de su incubación y del posterior cuidado de los polluelos.

Su titánico viaje anual la llevará desde las tundras árticas de Eurasia y América hasta las aguas costeras del oeste y sur de África y del extremo sur del continente americano. Es decir, que cada año, un ejemplar de este miembro de la familia de los escolopácidos de apenas 20 cm de longitud y 50 g de peso puede recorrer distancias superiores a los 25.000 km. Tan prolongado periplo lo lleva a cabo, por lo general, sobrevolando el océano, pero algunos ejemplares solitarios se aventuran ocasionalmente por las tierras del interior. Concretamente, en la reserva natural “Lagunas de Villafáfila”, ubicada en la parte zamorana de la comarca de Tierra de Campos, se ha constatado la aparición singular de falaropos picogruesos en, al menos,  nueve ocasiones. Todas los avistamientos se produjeron durante la estación otoñal, es decir, durante el paso postnupcial o posterior a la reproducción, y concretamente entre el 27 de octubre y el 13 de diciembre. Noviembre, es sin duda, el mes más propicio para su observación aquí.

La primera cita de la que tengo constancia para Villafáfila la protagonizó un ejemplar observado por Miguel Ángel García, Fernando Borrego y el que esto escribe, el 30 de noviembre de 1997. Y el último en visitarnos, hasta ahora, ha sido el ejemplar de las fotos, descubierto por Gary Losada el pasado 27 de octubre y que tuve la grandísima suerte de toparme el 6 de noviembre cuando recorría la reserva en compañía de Pam Bruesing y Don Moore, dos entusiastas observadores de aves estadounidenses que disfrutaban durante unos días  de los paisajes y aves de la región. El inesperado encuentro con el falaropo supuso para los tres una sorpresa verdaderamente agradable.

O ángeles o demonios

Durante siglos, la cría de las palomas bravías (Columba livia) fue privilegio reservado a la nobleza, incluida la pequeña. Así, la posesión de un palomar permitiría al Ingenioso Hidalgo manchego incluir en su repertorio << (…) algún palomino de añadidura los domingos>>.  No sólo resultaban una fuente apetecible y envidiada de proteínas, sino que además aportaban un poderoso abono (la palomina o guano de paloma) fundamental hasta tiempos no tan lejanos para incrementar la productividad de huertas y viñedos. Viña y palomar solían ir de la mano.

Mucho antes de la invención del telégrafo y de todos los medios de transmisión de mensajes a larga distancia que han ido apareciendo en cascada inagotable hasta el día de hoy, las palomas mensajeras cumplieron un papel indispensable en las comunicaciones. No debe resultar extraño, entonces, que un ave tan útil y -siendo objetivos- para nada carente de belleza, alcanzara un puesto verdaderamente elevado en el imaginario de nuestra cultura. Símbolo de la paz y, en la religión cristiana, de la santidad y de la pureza además de representación corpórea ni más ni menos que del Espíritu Santo.

¿Qué ha ocurrido para que, en el transcurso de unas pocas décadas, las palomas se hayan convertido en compañía indeseable, peligrosa plaga objeto de persecución implacable, “ratas voladoras” y todos los calificativos denigratorios que oímos a diario sobre ellas? Sin duda, cambios muy profundos en nuestro modo de vida, necesidades, percepciones y preferencias. Así, la misma palomina que se recogía como valioso fertilizante devino en porquería corrosiva. De su historia gloriosa solo quedan los daños al patrimonio y la alarma sanitaria.

Un claro ejemplo de nuestra ¿natural? tendencia a olvidar el pasado y saltar de un extremo a otro sin despeinarnos. O ángeles o demonios: no dejamos espacio para los matices ni consideramos más opciones. El hombre es, sin lugar a dudas, una especie muy exagerada.

Fuseras y pimenteras

La husera (Euonymus europaeus) es un arbusto de la familia de las celastráceas cuya madera se utilizó desde el Neolítico para la fabricación de husos de hilar. De esta antiquísima utilidad proceden también sus nombres en leonés (fusera o fuseira) y gallego (fuseira). Otro nombre muy común en castellano es el de bonetero, originado por la particular forma de sus frutos que recuerdan a los bonetes, gorros dotados de cuatro picos redondeados que solían lucir antaño eclesiásticos, colegiales y graduados.

 Estos bonetes, corazones, reventones o baulines, como también se llaman, no resultan apropiados comestibles para los humanos (son vomitivos y purgantes) pero sí para no pocas aves paseriformes que los consumen dispersando sus semillas, como es el caso de la curruca capirotada, el mirlo común, los diversos zorzales o el petirrojo europeo, nuestra popular pimentera.

El petirrojo siente especial atracción por unos frutos cuyo vivísimo color compite con el no menos intenso “pimiento” que luce en su pecho anaranjado. Este singular duelo cromático entre ave y arbusto se produce durante estas fechas otoñales en los setos, sotos y claros de bosque de una gran parte de Castilla y León. Especialmente en las estribaciones montañosas y en las riberas de las tierras llanas que es donde podemos encontrar a la husera o bonetero, amante de los suelos frescos y tirando a húmedos. En tierras zamoranas sobre todo en el norte y el oeste, particularmente en comarcas como las de Aliste y La Carbayeda.

Trallos locos

Mediada la estación estival, en todos los medios arbolados de la tierra zamorana se escucha casi sin cesar una especie de chirrido entrecortado que recuerda al producido por un cerrojo enferrujado: <<bit…bit…bit…>>. Si buscamos su procedencia es fácil que terminemos localizando a un pajarín algo más pequeño que un gorrión, de tonos pardos y grisáceos que captura moscas y mosquitos al vuelo, lanzándose en su persecución desde una rama despejada de un árbol o un arbusto. Se trata del papamoscas cerrojillo, ave insectívora de la familia de los muscicápidos que en estos momentos se halla envuelta en su migración anual rumbo al África centro-occidental.

Desde finales de julio hasta principios de noviembre, millones de individuos de esta especie, el grueso de la población europea, atraviesan el centro y oeste de la península ibérica camino de sus áreas de invernada. El regreso, en cambio, lo efectúan por una ruta marcadamente más oriental, de modo que en el paso primaveral son pocos los que se observan migrando por nuestras comarcas. Igualmente escaso resulta como especie de cría: son muy pocos los que se reproducen aquí y de ellos casi todos lo hacen en robledales con arbolado viejo de la comarca de Sanabria, ubicando sus nidos en oquedades de los árboles y, con frecuencia, en cajas nido. También se ha citado su posible reproducción en algunos robledales y bosques de riberas del sur y este de la provincia.

Distribución del papamoscas cerrojillo nidificante en Zamora. Adaptado de: Gordo, O. 2022. Papamoscas cerrojillo Ficedula hypoleuca. En, B. Molina, A. Nebreda, A. R. Muñoz, J. Seoane, R. Real, J. Bustamante y J. C. del Moral: III Atlas de las aves en época de reproducción en España. SEO/BirdLife. Madrid. https://atlasaves.seo.org/ave/papamoscas-cerrojillo/

(Durante los pasos migratorios aparece por toda la provincia)

Estas diferencias llamativas en su abundancia (muy escaso en primavera y de repente muy abundante y ubicuo en la segunda mitad del verano y el otoño inicial) eran bien conocidas por nuestros antepasados, apareciendo reflejadas en nuestra tradición popular. Así, en la comarca de Aliste, donde en muchos lugares se le conoce como trallo, recogimos este refrán alusivo: <<Trallos locos: marcháis muchos, volvéis pocos>>.

Trallo y su variante trallón -escuchada en Sanabria- son denominaciones onomatopéyicas, es decir inspiradas por el insistente reclamo que emiten los cerrojillos. Igual origen tienen otros nombres vernáculos que se le otorgan en tierras zamoranas: nite o ite en Sanabria, chirriquina en La Carballeda, cincha y chascu en Aliste, machaqui en Sayago o tití en Tierra de Toro.

Buscando a la hechicera del madroñal

Mariposa del madroño (Charaxes jasius) en el parque natural «Arribes del Duero» (Zamora). Foto de Rubén Barrio Blanco.

El domingo pasado, como en años anteriores por estas fechas, llevamos a cabo una actividad de observación de fauna y flora en el parque natural «Arribes del Duero». El objetivo fundamental para visitar este espacio protegido lo constituía uno de los lepidópteros más llamativos y carismáticos que podemos encontrar en el continente europeo: la mariposa del madroño, también conocida como bajá o cuatro colas (Charaxes jasius).

Las Arribas del Duero.

La actividad, organizada por «Zamora BioDiversa» y «Saliegos Birding», se desarrolló en los municipios zamoranos de Fariza y Fermoselle que cuentan con excelentes y valiosas representaciones de los más característicos medios naturales de este entorno privilegiado: forestales, rupestres y agropecuarios.

Hablando de los papamoscas y otros passeriformes insectívoros migradores.

Contamos con la participación de un magnífico grupo de entusiastas de todas las edades muy interesados en nuestra fauna y nuestra flora y con los que disfrutamos de una estupenda jornada de campo. Gracias a todos por vuestra amabilidad, simpatía y comprensión.

Charaxes jasius posada sobre zumaque (Rhus coriaria). Foto de Rubén Barrio Blanco.

Sin duda, el momento culminante de la excursión lo vivimos con la aparición de nuestro anhelado objetivo. Esta gran mariposa fascina al que la observa no solo por sus grandes dimensiones y sus increíbles dibujos y coloración. Igualmente se siente impresionado por la potencia y velocidad de su vuelo que hace pensar más en un ave que en un insecto.

Mariposa del madroño (Charaxes jasius), nuestro principal objetivo. Foto de Rubén Barrio Blanco.
Contemplando a la Charaxes en su hábitat sayagués.

Otro de los objetivos de la visita, la observación de las aves rapaces tan características de este espacio natural, sólo se vio cumplido parcialmente si bien es cierto que no se trata para nada del mejor momento del año. En cualquier caso, pudimos disfrutar un montón con los abundantes buitres leonados y otras especies como el águila real, el águila calzada, el milano real y la culebrera europea.

Buitres leonados (Gyps fulvus) cicleando sobre el cañón del Duero. Foto de Rubén Barrio Blanco.

Águila real (Aquila chrysaetos). Foto Rubén Barrio Blanco.

Culebrera europea (Circaetus gallicus), una de las grandes rapaces características de los bosques mediterráneos. Foto Rubén Barrio Blanco.

Acechando el vuelo de las grandes rapaces.

Asimismo disfrutamos de los majestuosos paisajes que uno nunca se cansa de admirar y de la interesante arquitectura popular sayaguesa.

Las extensas laderas del cañón cubiertas de encinares y enebrales.
Casito o guardaviñas, uno de los elementos más interesantes de la arquitectura popular local.

Y, por supuesto, dedicamos una buena parte del tiempo a conocer un aspecto tan fundamental del medio natural como es su vegetación. En este caso nos encontramos con una de las áreas con mayor diversidad de especies de toda la provincia.

Madroño (Arbutus unedo)

Orgullosos de nuestro gran cañón ibérico y sus maravillosos paisajes, animales y plantas. Seguiremos visitándolo.

El águila imperial ya anida en Zamora capital

Los de esta foto de Cristian Osorio Huerga son los primeros pollos de esta magnífica y amenazada rapaz nacidos en el municipio de Zamora. Fueron observados el pasado día 15 de agosto durante una actividad del programa «Andarríos» del Ayuntamiento de Zamora en el barrio de Carrascal, volando acompañados por sus padres.

Posteriormente hemos localizado un segundo territorio ocupado en el municipio, cuyos miembros (muy jóvenes todavía) han construido ya un nido.

En esta otra foto podemos ver a los dos miembros de la pareja (la hembra a la izquierda) vigilando su territorio en los comienzos del proceso reproductor.

Esta especie exclusiva de la península ibérica estuvo cercana a la extinción a mediados del siglo XX. En 1974 se estimó que no quedaban más de 50 parejas. Desde entonces su población ha experimentado una recuperación que se cuenta entre los mayores éxitos en materia de conservación de aves obtenidos en Europa, superando actualmente las 600 parejas.

Distribución de la población reproductora de águila imperial ibérica (Aquila adalberti) en Zamora (datos propios).

En el marco de este proceso de expansión el águila imperial ibérica anidó por vez primera en la provincia de Zamora en 2018 y con los nuevos territorios confirmados esta temporada son ya cuatro los conocidos aquí. Aunque hay indicios de que el número real podría ser superior.

Los territorios ocupados por las imperiales en el municipio de Zamora se encuentran en un área de monte mediterráneo abierto con elevada densidad de conejo de monte (Oryctolagus cuniculus), su presa básica. Comparte hábitat de cría con especies como el águila real (Aquila chrysaetos), el alimoche (Neophron percnopterus) y la cigüeña negra (Ciconia nigra) y sus cazaderos son frecuentados habitualmente por los buitres negros (Aegypius monachus) y las águilas perdiceras (Aquila fasciata). No por nada esta zona tan cercana a la capital provincial es conocida por los observadores de aves locales como «nuestro pequeño Monfragüe».

El próximo 16 de octubre volveremos a visitar este entorno privilegiado en el marco de nuestro mencionado programa de educación ambiental en la naturaleza, el programa «Andarríos». Una excelente oportunidad para conocer uno de nuestros rincones naturales más agrestes y sugestivos y disfrutar de su increíble avifauna. Te esperamos.