Censo de acuáticas invernantes en el Duero

Cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo)

Todos los años, a mediados de enero, se organiza el Censo Internacional de Aves Acuáticas Invernantes que sirve para obtener datos fundamentales sobre el tamaño y distribución de las poblaciones de este grupo de aves e identificar las áreas más importantes para su invernada. Este censo se lleva a cabo en España desde la década de 1950, lo que nos permite conocer la evolución de la invernada a largo plazo y comprobar, por ejemplo, cómo el cambio climático influye en las migraciones de estas aves, pues a lo largo de este tiempo muchas de ellas han dejado de efectuar grandes desplazamientos.

Ánades azulones (Anas platyrhynchos)

Este año la Junta de Castilla y León decidió incluir el tramo del río Duero a su paso por la ciudad de Zamora entre los humedales a censar, lo que supone, en cierto modo, un reconocimiento oficial de su importancia para la conservación de las aves acuáticas. También me pidieron que me hiciera cargo del censo, lo que me hizo bastante ilusión.

Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus)

El censo arrojó un resultado total de 1107 ejemplares de 20 especies diferentes. Las más abundantes resultaron ser la garcilla bueyera (277), el ánade azulón (221), la gaviota reidora (209) y el cormorán grande (173).

Gallineta común (Gallinula chloropus)

Otras especies con cifras destacables fueron la cigüeña blanca (91) y la gallineta común (47).

Martinetes comunes (Nycticorax nycticorax)

Además, es de resaltar la presencia, habitual en este tramo desde hace más de 20 años, de ejemplares invernantes de avetorillo común (9) y martinete común (15).

Cerceta común (Anas crecca)

Entre los más escasos podemos mencionar a la cerceta común (2) y, sobre todo, al somormujo lavanco y a la gaviota cabecinegra, con un sólo ejemplar de cada.

Focha común (Fulica atra)

También resultan raros aquí la focha común (5) y el zampullín chico (4).

A partir de ahora, llevaremos a cabo este censo con regularidad.

Otro paso adelante para mejorar el conocimiento de nuestro querido río y esperemos que también para su protección y conservación.

Ánade azulón

Desayuno con azor

El domingo amaneció con una grata sorpresa. Al asomarme para ver qué tal pintaba la mañana (tocaba ruta de observación de aves con “Zamora, Aves y Naturaleza”) descubrí una silueta familiar en el tejado de enfrente. Corrí por los prismáticos y certifiqué la sospecha: un precioso azor, con plumaje de inmaduro y dimensiones y hechuras de hembra, comenzaba a desplumar con ganas una de las numerosas palomas bravías que pululan habitualmente por el barrio.

En ocasiones desayunamos con alguno de los maravillosos capítulos de El Hombre y la Tierra. Ese día el documental no lo vimos en la pantalla del televisor sino a través del cristal de la ventana. Mientras desayunábamos, disfrutábamos también de la primera comida del azor. Llevábamos varios días barruntando su presencia en los alrededores de casa, avisados por la inquietud de palomas y grajillas, pero aún no habíamos sido capaces de verlo. Ahora se exhibía ante nuestros ojos mientras una pareja de alborotadas pegas lo marcaban desde una antena de televisión cercana.

Sucesos de este tipo son mucho más frecuentes de lo que podríamos pensar. No es nada raro que los azores penetren en el interior de la ciudad en busca de las abundantes y por ellos codiciadas palomas. Otra cosa muy diferente es que los humanos nos enteremos. El azor es un verdadero maestro en el arte de no dejarse ver, da igual que estemos hablando de la espesura del soto o de la jungla de asfalto.

Al menos dos parejas de este bello y eficaz cazador anidan habitualmente en los alrededores de Zamora. Además, no es raro que nos visiten ejemplares divagantes, procedentes de territorios vecinos o, incluso, de lejanos países. Junto con las águilas calzadas y los halcones peregrinos contribuyen al control natural de las poblaciones de palomas bravías y torcaces en nuestra ciudad. Para anidar precisan árboles altos en lugares tranquilos. Y tranquilidad y arbolado maduro es, efectivamente, lo que encuentran en las islas y sotos del Duero. Esperemos que por mucho tiempo. De nosotros depende.

Ornitónimos con historia

Es posible que el ornitónimo, es decir el nombre de ave, más antiguo conocido sea lakalaka. Este término aparece en antiguas inscripciones mesopotámicas y se refiere, sin duda, a la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) cuyo crotorear -“machar o majar el ajo” que decimos por estas tierras- reproduce con bastante fidelidad. Cuatro mil años más tarde sigue vivo en las lenguas del Oriente cercano, como el árabe (laklaka) o el turco (leylek).

Pero quizás nos podamos remontar más atrás todavía cuando mencionamos a la pega, ese llamativo pájaro blanco y negro con tornasoles, dotado de una cola singularmente larga. En español su denominación “oficial” es urraca pero en Zamora solemos conocerla mejor como pega, el mismo nombre que recibe en otras lenguas del occidente ibérico como el portugués, el gallego o el leonés. Bueno, pues el caso es que en protoindoeuropeo, es decir en la lengua madre hipotéticamente reconstruida que habría dado origen a todas las lenguas de la gran familia indoeuropea, el nombre que se le otorgaría a nuestra simpática e inteligente amiga se piensa que debió de ser el de peika. De aquel antiquísimo peika a nuestro actual pega irían -latín, o tal vez céltico, mediante- no menos de cinco milenios, pero la pronunciación no ha variado tanto y, en esencia, podemos decir que sigue tratándose del mismo nombre.

Otros vernáculos, en cambio, llevaríamos algo menos de tiempo repitiéndolos. Por ejemplo, el de pimienta, pimentera o pimentonero que se usa frecuentemente en las regiones de León, Castilla y Extremadura para el petirrojo europeo (Erithacus rubecula). Imposible que se hubiera originado antes de la llegada a tierras ibéricas del pimiento o pimentón, a partir del siglo XVI, pues se trata de un producto originario de Méjico, por tanto desconocido en la Europa previa al contacto con el Nuevo Mundo. Algún fino observador -quién sabe si un zamorano aficionado a las sopas de ajo bien sazonadas- debió de ver reflejado el intenso y atractivo color de la especia en el papo colorado de nuestro aguerrido pajarico y a partir de ahí pondría en circulación este curioso y bien traído ornitónimo popular.

Echando una mano a las aves durante la ola de frío

Nieve, helada, niebla y cencellada: una combinación mortal para muchas de nuestras aves. Muchas se desplazaron estos días hacia zonas con condiciones meteorológicas más benignas. Otras sobreviven con las reservas acumuladas y algunas (depredadoras o carroñeras) se pueden ver beneficiadas.

Pero existen una gran número de pequeñas aves que siguen entre nosotros y que viven prácticamente al día. Necesitan acumular en las pocas horas de luz las calorías precisas para sobrevivir a las largas y gélidas noches invernales. Si el suelo y la vegetación donde buscan habitualmente semillas, frutos o artrópodos se hallan cubiertos por la nieve, el hielo y la escarcha, la cosa se complica enormemente.

Así que no les vendrá nada mal que les echemos una mano, colocando comida y agua en nuestra terraza, jardín o patio. Mientras escribo estas líneas, observo las graciosas peripecias de una pimentera o petirrojo europeo (Erithacus rubecula) y de una carbonera o colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) que se disputan el acceso al comedero y al bebedero que he puesto en mi terraza. También una pega o urraca común (Pica pica) acude a ratos, atraída por la fruta y el agua.

Aquí tenéis dos enlaces que me parecen muy interesantes para saber más sobre los problemas de los pajarines en estas circunstancias tan duras y sobre modos sencillos de ayudarlos. Es muy importante informarse correctamente pues, por ejemplo, no todos los alimentos son, ni mucho menos, apropiados para ofrecerlos a nuestros pequeños amigos:

Lavanderas y pajaritas de las nieves: un paseo por la ornitología popular

Uno de los pájaros más conocidos en las culturas tradicionales de la península ibérica -y del ámbito europeo general- era la lavandera blanca (Motacilla alba). Atributo de Afrodita en la mitología griega, está presente en numerosas narraciones y creencias populares y en muchas de ellas se la relaciona con hechizos, encantamientos y pociones amorosas. También aparece con frecuencia como protectora y custodia del ganado, función que se refleja en nombres vernáculos como el catalán pastoreta o el francés bergeronette.

No cabe duda de que detrás de los nombres vernáculos de las aves se esconden aspectos de gran interés para materias como la lingüística o la antropología. Pero, además, podemos rastrear en ellos un conjunto de conocimientos sobre la propia biología de la especie, acumulados en siglos de observación y que constituyen una suerte de “ornitología popular”. Sin ir más lejos, sólo analizando las denominaciones tradicionales de la lavandera blanca en un pequeño territorio como la provincia de Zamora, podemos descubrir interesantes referencias a sus preferencias de hábitat, a su dieta, su fenología o incluso su metabolismo.

Una de las denominaciones populares más utilizadas para esta especie en Zamora es, precisamente, la de lavandera, que se refiere a la costumbre de estas aves por frecuentar las riberas de ríos y arroyos, igual que las mujeres que se dedicaban a lavar la ropa. Esta querencia resulta especialmente marcada en la población nativa reproductora, muy ligada a cursos y masas de agua. Por este motivo, en nuestra provincia su densidad resulta más abundante cuanto más al norte y, sobre todo, cuanto más al oeste, en consonancia con el aumento de las precipitaciones. Es precisamente en las comarcas al occidente del río Esla donde la denominación de lavandera y sus variantes aparecen como predominantes.

Entre las variantes destacan las propias de la lengua asturleonesa: llavandeira, llavandera, llavandreira, llabrandeira, recogidas en diversas localidades de las comarcas de Aliste, La Carbayeda y, sobre todo, de Sanabria, donde encontramos además la denominación específica llavandeira blanca. En las partes más occidentales de Sanabria encontramos además las formas específicamente gallego-portuguesas como lavandeira y labrandeira, esta última originada por un cruce con labradora, referido a su costumbre de seguir al arado para alimentarse de los pequeños animales que va dejando al descubierto. La distribución de lavandera alcanza por el sur algunas localidades de Sayago y por el este hasta Tierra del Pan.

Resulta interesante señalar que hasta mediados del siglo XX lavandera se consideraba un ornitónimo de uso regional en español, propio sobre todo del noroeste de España. La denominación de mayor uso literario, incluyendo las publicaciones ornitológicas, era aguzanieves. Su sustitución se debió a que lavandera resultaba más apropiado para incluir a todas las especies del mismo género ya que a alguna de ellas, como la lavandera boyera (Motacilla flava), no le casaba bien el nombre de aguzanieves, al no estar presente en nuestras latitudes durante las estaciones frías.

El origen de este vernáculo podría estar en un antiguo auze (ave) de nieves y, en cualquier caso, haría referencia a la mayor presencia de estos pájaros durante los períodos más fríos del año por la llegada masiva de individuos procedentes de territorios más septentrionales del continente o también de áreas de montaña. Variantes de este vernáculo son aguanieves y rozanieves, y denominaciones equivalentes en su significado pajarica de las nieves, pajarita de las nieves o pajarita de nieves. Este grupo de nombres de uso tradicional aparecen distribuidos en Zamora principalmente por las comarcas del este y el sur, justamente donde la población reproductora de lavandera blanca resulta menos densa y la gran arribada de invernantes contrasta en mayor medida.

Hay otros nombres que reflejan, igualmente, aspectos llamativos de la fenología de esta especie. Uno de ellos es sanantona, utilizado en algunas localidades sayaguesas y que hace referencia a la festividad de San Antón (San Antonio Abad) que se celebra el 17 de enero. Es precisamente en torno a estas fechas cuando el frío invernal se intensifica y con él se generaliza la abundancia de nuestra protagonista en riberas, campos, pueblos y ciudades. También en Sayago y en las vecinas comarcas de Tierra del Pan y Tierra del Vino se la llama a veces avefría.

Por otro lado, tenemos un vernáculo de origen onomatopéyico, que refleja el reclamo o voz más frecuentemente emitida por esta especie. Se trata de chiribita, chibirita o churubita, que aparece extendido aquí y allá por muchas de nuestras comarcas y que es, quizás, el nombre más arraigado en la propia ciudad de Zamora. En la comarca de Tierra del Pan hemos recogido el específico chibirita blanca.

Finalmente, otros vernáculos que hemos anotado dan cuenta de su carácter inquieto y movilidad incesante: volanderay revolinguina; de su consideración como ave sagrada y benéfica (posiblemente por su alimentación insectívora): pájara de Dios; y de su costumbre de aproximarse a los animales domésticos en busca de los insectos que pululan en su entorno: purquirina(diminutivo de porquera).

Primera ruta de 2021: a pajarines por la ribera

Petirrojo europeo (Erithacus rubecula)

Ayer, 8 de enero, tuvo lugar la primera ruta de “Zamora, Aves y Naturaleza” del año, que es además la primera de la 5ª edición de este programa de observación de fauna urbana y la número 76 desde su inicio. Las bajas temperaturas, en una tarde gris y azotada por el viendo helado del nordeste, no impidieron a los participantes disfrutar con la espectacular avifauna que alberga el río Duero a su paso por la ciudad. Muchas aves se muestran ya tan confiadas y se dejan ver tan de cerca que resulta hasta complicado -e incluso innecesario- enfocarlas con los telescopios.

Cerceta común (Anas crecca)

Junto a las aves acuáticas, características de nuestros paseos ornitológicos (martines pescadores, garzas reales, garcillas bueyeras, cormoranes grandes, ánades azulones, cerceta común, gallinetas comunes, etc) que nos ofrecieron imágenes realmente espectaculares, tuvimos también buenas observaciones de distintas especies de paseriformes que afrontan estos días, con gran valor y energía, las duras condiciones del invierno.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros)

Petirrojos europeos, colirrojos tizones, mosquiteros comunes, lavanderas blancas y cascadeñas, herrerillos comunes, carboneros comunes y mitos, fueron algunos de los simpáticos pequeñines que nos acompañaron a lo largo de nuestro recorrido por orillas y puentes.

Mito común (Aegithalos caudatus)

Debido a la gran y creciente demanda de esta actividad, hemos tenido que ofrecer 60 plazas para el mes de enero, de las cuales en estos momentos ya sólo quedan 14 disponibles. Por este motivo, haremos públicas en breve las fechas programadas para el mes de febrero, para quienes deseen ir reservando sus plazas. Para el mes en curso, ésta es la disponibilidad actual:

Viernes 15 (horario de tarde). PLAZAS DISPONIBLES

Sábado 16 (horario de tarde). PLAZAS DISPONIBLES

-Domingo 24 (horario de mañana). COMPLETO

Viernes 29 (horario de tarde). PLAZAS DISPONIBLES

-Sábado 30 (horario de mañana). COMPLETO

Lavandera blanca (Motacilla alba)

Se trata de un actividad promovida por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora, con la colaboración de Erithacus-Observación de Naturaleza y de Zamora BioDiversa.

Grupos con máximo de 5 participantes por guía (10 por fecha) y uso obligatorio de mascarilla y pantalla protectora. Inscripción gratuita.

Para más información e inscripciones, enviar un mensaje de whatsapp al 676046551 (José Alfredo).

¡Os esperamos!

Ánades azulones (Anas platyrhynchos)

Ruta nº 71 de “Zamora, Aves y Naturaleza”

Foto: Charo Hernández

El pasado viernes 27 por la tarde tuvo lugar una nueva edición de nuestro programa de observación de aves en la ciudad de Zamora. El punto de encuentro fueron, una vez más, las aceñas de Pinilla, un lugar donde se puede disfrutar de un medio fluvial bien conservado a menos de un kilómetro del centro de la ciudad. A poco de comenzar la ruta descubrimos una joven hembra de halcón peregrino apostada en las inmediaciones del puente de Hierro. La emoción inicial se multiplica cuando la poderosa rapaz levanta el vuelo y nos sobrevuela a baja altura, permitiéndonos disfrutarla a placer.

Halcón peregrino (Falco peregrinus). Foto: Gonzalo Criado

En las dos siguientes horas pasamos ratos muy agradables conociendo y observando a los habitantes emplumados de nuestro río: cormoranes grandes, garzas reales, garcetas comunes, cigüeñas blancas, ánades azulones, gallinetas comunes, andarríos chicos y grandes, gaviotas reidoras, martines pescadores…

Garceta común (Egretta garzetta)

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)

Algunas parejas de cigüeña blanca ya han comenzado a ocupar sus nidos en la nutrida colonia de esta especie instalada en las islas vecinas.

Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia)

Como todos los atardeceres, las garcillas van llegando en pequeños grupos a su dormidero.

Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) y ánades azulones (Anas platyrhynchos). Foto: Charo Hernández

Mientras disfrutamos de la entrada de las garcillas, el pequeño esmerejón, protagonista de la jornada anterior, nos dedica un breve pero emocionante lance de caza, capturando un murciélago por encima de los árboles.

Esmerejón (Falco columbarius)

El broche final lo pone una garceta grande que entra al dormidero donde ya se encuentran sus primas menores, las garcillas bueyeras y las garcetas comunes. Es imposible no quedar fascinados con la belleza deslumbrante de esta magnífica ardeida.

Garceta grande (Ardea alba)

Una tarde más nos vamos encantados con los paisajes y las aves del río zamorano.

Foto: Charo Hernández

Las próximas fechas con plazas disponibles son las siguientes:

– Viernes 18 de diciembre (horario de tarde).

-Sábado 19 de diciembre (horario de tarde).

Las rutas de los días 4 y 12 ya tienen el cupo completo.

Se trata de un actividad promovida por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora, con la colaboración de Erithacus-Observación de Naturaleza y de Zamora BioDiversa.

Grupos con máximo de 5 participantes por guía y uso obligatorio de mascarilla y pantalla protectora.Inscripción gratuita.

Para más información e inscripciones, enviar un mensaje de whatsapp al 676046551 (José Alfredo).

Acentor común: la pajarica de las urces

Otero de Centeno (Zamora), 27 de junio de 2020

El área de cría del acentor común (Prunella modularis) en Zamora se extiende principalmente por las comarcas de Sanabria, La Carballeda y Aliste, coincidiendo casi por completo con la distribución de los matorrales subseriales dominados por los brezos o urces (Erica spp; en nuestro caso, principalmente Erica australis conocida como urz negral ). También se encuentra con frecuencia ligado a las orlas de zarzas (Rubus spp) y otras rosáceas espinosas de los setos o sebes y del sotobosque de diversos tipos de masas de forestales.

Distribución del acentor común (Prunella modularis) en Zamora, en la época de cría. (NaturZamora-AZCN). Durante el otoño e invierno se puede encontrar en la práctica totalidad de la provincia.

En cambio, en los matorrales dominados por las jaras (Cistus ladanifer) este paseriforme no aparece como nidificante pero suponen un refugio muy importante para los ejemplares desplazados de los brezales serranos a causa de los grandes fríos y nevadas invernales. Dentro de su área de invernada, que abarca -con densidades muy variables- la práctica totalidad de la provincia, aparece en una notable variedad de hábitat arbustivos y no sólo en matorrales y sotobosques sino también en jardines e incluso en algunos baldíos con vegetación anual desarrollada.

Hábitat del acentor común en el Parque natural “Lago de Sanabria” (Zamora). Matorrales de uces negrales (Erica australis) con uces riguirizas (Erica arborea), carqueisas (Genista tridentata), escobas meirinas (Cytisus oromediterraneus) y chaguazos negros (Halimium umbellatum).

En Sanabria, donde la especie es más abundante y, por tanto, más conocida y nombrada, hemos recogido unos pocos nombres vernáculos tradicionales: redonda o redondia, pajarica prieta y cañabobos o engañabobos. En otras comarcas no hemos encontrado denominaciones populares para este pajarín, probablemente su plumaje discreto -que recuerda un tanto al de los gorriones o pardales (Passer spp)– le haga pasar desapercibido, sobre todo en zonas donde no resulta muy abundante.

En la ciudad de Zamora era un invernante regular aunque escaso que se observaba todos los años en el bosque de Valorio, las riberas de los ríos Duero y Valderaduey, en setos espinosos de la campiña circundante y en algunos parques y jardines. Su período de presencia abarcaba generalmente desde finales de septiembre hasta mediados de abril, con cifras máximas en el mes de febrero. En la actualidad sigue visitando la ciudad y su entorno pero su presencia se ha vuelto mucho menos frecuente de lo que era hace dos o tres décadas. Muchos acentores comunes que antaño se veían forzados a bajar de las sierras cubiertas de nieve varios meses al año, ahora pueden quedar durante casi todo el invierno sin moverse de los brezales de altura. Otra evidencia del calentamiento acelerado del clima.

Censo de cigüeñas invernantes

<<Las cigüeñas ya no emigran, ya no marchan a África.>> Desde hace veinte o treinta años oímos con frecuencia esta frase u otras equivalentes que reflejan la creencia -cada vez más extendida- de que la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) ha roto por completo con la tradición migratoria que caracteriza a esta popular y espectacular ave, de marcadas querencias antropófilas. Cierto es que esta creencia tiene su fundamento: en las últimas décadas, en los atardeceres de los meses otoñales, los habitantes de Zamora pueden observar, casi a diario, la espectacular entrada en la ciudad de centenares de cigüeñas blancas que pasan la noche congregadas en diferentes edificios de su casco antiguo, como la catedral de San Salvador o la iglesia de San Ildefonso.

Pero ¿hasta qué punto es verdadera esta aseveración? El pasado fin de semana tuvo lugar el III Censo Nacional de Cigüeña Blanca Invernante (los anteriores se llevaron a cabo en 1995 y 2004, así que ya era hora) coordinado por SEO/BidLife. Como participantes en el mismo, Gonzalo Criado y yo visitamos el sábado 24 el Centro de Tratamiento de Residuos (CTR) de Zamora (el basurero o vertedero, para que nos entendamos), punto donde en estas fechas se concentra la práctica totalidad de la población invernante en la provincia de Zamora. El censo que obtuvimos fue de 426 ejemplares. En otras partes de la provincia, Cristian Osorio censó la reserva natural “Lagunas de Villafáfila” donde tan sólo había un ejemplar mientras que José Ignacio Regueras cubrió exhaustivamente el Valle de Vidriales, en este caso sin encontrar un solo ejemplar. Esta situación -nidos vacíos, ausencia total o presencia anecdótica de cigüeñas- es la regla general en la práctica totalidad de la provincia durante los meses de septiembre, octubre y noviembre, con la excepción patente del entorno de la capital y el vecino CTR.

Desconozco cuál es la población reproductora actual de cigüeña blanca en Zamora, el último censo que he visto publicado, el de 2004, habla de 1.581 parejas. Aceptando que la población actual no parece ser demasiado diferente, y que según los estudios del biólogo zamorano Pablo Santos la productividad en esta provincia varía entre 0,6 y 2 pollos por pareja, podríamos aventurar que la población provincial de cigüeñas al terminar la temporada de cría podría moverse, “grosso modo”, en cifras comprendidas entre los 4.000 y los 6.500 ejemplares. Esos 427 ejemplares que se han quedado aquí a pasar el otoño constituirían, entonces, tan sólo entre un 7 y un 10% -redondeando- de la población nativa. Una fracción, ciertamente, muy minoritaria. Pero es que, además, sabemos que una parte muy importante de estas cigüeñas blancas que se alimentan durante el otoño en el CTR de Zamora, durmiendo muchas de ellas en la ciudad, no son precisamente nativas. La lectura de anillas nos cuenta que muchas proceden de otros estados de Europa occidental (Francia, Alemania…) o de otras provincias españolas.

En resumen, es cierto que un número importante y creciente de cigüeñas blancas se quedan aquí durante el otoño en vez de emprender el viaje habitual hacia el sur. Pero son sólo una pequeña parte -seguramente mucho menos de la décima parte- las que no emigran . Una mayoría apabullante siguen comportándose como audaces viajeras, cruzando el estrecho de Gibraltar camino del África subsahariana, como se puede comprobar fácilmente contemplando el fabuloso espectáculo de las decenas de miles de cigüeñas que pasan todos los años por Tarifa.

El gorrión moruno o pardal bravío

Macho adulto. Almaraz de Duero (Zamora). Mayo de 2019.

Menos conocido que su muy cercano pariente, el gorrión común (Passer domesticus), el gorrión moruno (Passer hispaniolensis) es, para mi gusto, la especie más bonita de su género. Reconozco que me resulta difícil la elección pues siento una especial simpatía y predilección por todos sus integrantes, especialmente por el cada vez más escaso gorrión molinero (Passer montanus) pero hay que reconocer que el macho del moruno es un ave realmente espectacular y que sus bulliciosas y a menudo nutridas colonias, compuestas de numerosos, voluminosos y muy elaborados nidos, constituyen un espectáculo natural de los que no se pasan por alto.

Macho adulto sobre su nido. Almaraz de Duero (Zamora). Junio de 2018.
Almaraz de Duero (Zamora), mayo de 2019.

De querencias marcadamente campestres, en la península ibérica evita los núcleos urbanos, ocupados por el gorrión común, criando en las dehesas y en áreas cultivadas con arbolado disperso, especialmente sotos. Instala sus nidos en árboles y arbustos y con frecuencia en el interior de grandes nidos de cigüeñas, garzas y rapaces.

Macho adulto junto a su nido. Almaraz de Duero (Zamora), mayo de 2019.
Nidos de gorrión moruno en un plátano de sombra (Platanus x hispanica). Almaraz de Duero, mayo de 2019.

Su área de distribución geográfica es mucho más restringida que la de sus dos primos, limitándose a partes de las penínsulas ibérica y balcánica en Europa, el norte de África y Asia suroccidental y central. En España, además de en las islas Canarias, lo encontramos principalmente en las regiones del suroeste y centro-oeste, con máxima abundancia en Extremadura.

Macho recuperando material de un viejo nido caído. Almaraz de Duero, mayo de 2019.

En Castilla y León era una especie escasa y localizada hasta hace unos 30 años, habiéndose expandido desde entonces, especialmente por su cuadrante suroccidental. Dentro de este proceso expansivo general de la especie, el gorrión moruno llegó a tierras zamoranas en la década de 1990 y en la actualidad se ha establecido de forma generalizada, y a menudo abundante, en las comarcas de Sayago, Tierra de Alba y la parte occidental de Tierra del Pan, apareciendo de modo más puntual y escaso en Tierra del Vino, La Guareña, Toro, Tábara y Campos.

Área de cría en Zamora. NaturZamora-AZCN.

Fuera de la época de cría se dispersan por las campiñas cercanas a sus colonias de cría, formando grandes bandos. Durante el otoño y el invierno, estos grupos pueden ser observados alimentándose en áreas de cultivos de regadío y estepas cerealistas.

Gorriones morunos comiendo en una rastrojera, en compañía de verderones comunes (Chloris chloris) y verdecillos (Serinus serinus). Alrededores de Zamora capital, 7 de marzo de 2019.

Su denominación científica específica (hispaniolensis), al igual que sus nombres en francés (moineau espagnol) o inglés (spanish sparrow) resaltan su distribución principalmente ibérica en el ámbito de Europa occidental.

Macho adulto sobre su nido. Almaraz de Duero (Zamora). Junio de 2018.

Curiosamente, el de la lista patrón en español se fija, en cambio, en su tradicional abundancia en la región magrebí aunque quizás también se podría explicar por la gran extensión e intensidad del color negro en los machos. No hay que olvidar que, en la cromatología popular, términos como moro, morisco o moruno se usan a menudo para especies o ejemplares que destacan por sus tonos negruzcos o más oscuros.

Macho adulto con plumaje invernal. Zamora capital, octubre de 2020.

En Zamora, al ser especie de llegada muy reciente, no sería esperable, en principio, la recogida de ningún vernáculo asignable. Sin embargo, probablemente por lo contrastado de su plumaje y lo llamativo de sus bandadas y colonias de cría, resulta hoy día bien conocido en muchas localidades y sabemos que en algunos lugares de Tierra del Pan ya ha sido bautizado como pardal bravío.

Almaraz de Duero, mayo de 2019.