Jóvenes molineros

Una nueva generación de aves comienza ahora su vida fuera de los nidos donde nacieron. Hace algunas semanas que estamos viendo los primeros volantones de las especies de reproducción más precoz, como mirlos y colirrojos tizones. Ahora le toca el turno a otros menos madrugadores como es el caso del gorrión molinero (Passer montanus). Esta mañana pude observar los primeros juveniles volanderos de este bonito y cada vez más escaso pardal de campo o pardal montesino, en las riberas del Duero a su paso por el zamorano barrio de San Frontis.

Lunes al sol

Este magnífico macho de águila calzada (Hieraaetus pennatus) ahueca las alas para recibir sobre su dorso los rayos del tibio sol matinal de mayo. No tardará mucho en levantar el vuelo en busca de las abundantes palomas ciudadanas que son sus presas favoritas.

En las proximidades, la hembra permanece echada en el bien camuflado nido, incubando la puesta mientras aguarda a que su pareja salga en busca del almuerzo. Ambos regentan uno de los territorios urbanos de águila calzada en el tramo fluvial del río Duero a su paso por Zamora, donde constituyen una de las rapaces más características y fáciles de observar. Un verdadero lujo para los observadores de aves de la ciudad.

Campo de amapolas

Yo te vi, triste amapola,
de las flores retirada
mecer la roja corola
entre la espiga dorada.

A la amapola de Carolina Coronado

A poco de salir de casa para el paseo vespertino, me sorprendió su visión lejana, estallando de color hacia el poniente de la ciudad. Una gran extensión de un potente y llamativo tono bermejo, resaltando entre el verde dominante de la vega del Duero. Y, como presa de un mágico conjuro, hacia él me dirigí sin dudar un instante.

Es tradición entre los zamoranos que el Campo de la Verdad recibe su nombre por ser el lugar elegido por nuestros antepasados de remotos tiempos para celebrar torneos y duelos. En él sitúa el romancero el combate entre los hijos de Arias Gonzalo, gobernador de Zamora, y el caballero castellano Diego Ordóñez que había retado a la ciudad por la muerte del rey Sancho II delante de sus muros.

La amapola común (Papaver rhoeas) es una flor íntimamente asociada con los cultivos cerealistas y que también prolifera habitualmente en barbechos, baldíos y cunetas. Considerada “mala hierba” (perjudicial para la producción agrícola), se la persigue con tal saña que en la actualidad ha pasado de ser un elemento inseparable de las tierras de pan llevar a convertirse en una rareza en muchas regiones europeas, incluyendo no pocas de las españolas. En el entorno de la ciudad de Zamora -e incluso en su interior- sigue siendo, por fortuna, de presencia habitual y sus espectaculares floraciones constituyen uno de los grandes atractivos de nuestra breve pero explosiva primavera.

Entre la interminable masa de amapolas coloradas, tuve la suerte de localizar estos dos raros ejemplares de color blanco.

En medio del “desierto verde” que constituyen hoy en día muchas de nuestras tierras agrícolas a causa del abuso en el uso de plaguicidas, el rojo de las amapolas nos recuerda la necesidad de conservar la diversidad biológica de estos hábitat. Su presencia, junto con la de un gran número de otras plantas silvestres, insectos, aves y demás integrantes de su fauna es una garantía de un medio natural sano. Los campos multicolores son sinónimo de vida.

Buenas noticias desde las riberas

Seguimos aprovechando los paseos matinales para tomar el pulso a la avifauna ribereña y de paso disfrutar del ambiente mágico de la explosiva pero breve primavera zamorana.

Nos encontramos en pleno período reproductivo para la mayoría de las especies así que toca controlar qué tal marcha la nidificación de algunas de nuestras estrellas locales, por supuesto sin causar ningún tipo de molestias.

Desde ese magnífico observatorio que es el puente de los Poetas, podemos inspeccionar sin problemas los nidos de ardeidas y rapaces que encuentran un refugio excelente en el islote fluvial contiguo, cubierto de espeso bosque de ribera.

Águila calzada (Hieraaetus pennatus). Hembra de morfo claro.

El año pasado cayeron al agua varios nidos de rapaces al quebrarse las ramas que los sustentaban, en algunos casos a causa de los fuertes vientos. Concretamente, se perdió una plataforma de águila calzada y dos de milano negro, una de éstas en plena época de cría, ahogándose los pollos.

Milano negro (Milvus migrans).

En estos días hemos podido comprobar que los milanos han reconstruido sus nidos y llevan bastante avanzada las crianza (ya hemos visto polluelos en dos nidos). De otro lado, las águilas calzadas han reutilizado una antigua plataforma de milano negro y se encuentran en plena incubación.

Martinete (Nycticorax nyticorax) y pollos muy crecidos de garza real (Ardea cinerea).

En la colonia de ardeidas, la comparación entre los distintos nidos de garza real muestra el gran desfase fenológico entre unas parejas y otras. En algunos nidos se observan pollos muy desarrollados que no tardarán mucho en emprender sus primeros vuelos; mientras en otros, los adultos todavía están empollando sus puestas.

Martinete (Nycticorax nyticorax)

En cuanto a los martinetes – que hace unos meses se llevaron un buen disgusto cuando su tradicional dormidero invernal fue estúpidamente destruido– algunos han iniciado la puesta pero otros comienzan ahora a construir o reparar sus plataformas.

Martinete (Nycticorax nyticorax)

Esperamos que todo marche con buen pie y que tengamos una excelente temporada de cría. Y que podamos retomar las rutas de “Zamora, Aves y Naturaleza” a tiempo para poderla compartir con todos aquellos que quieran disfrutarla con nosotros.

Nuestra pareja de águilas calzadas. A la izquierda, la hembra (de morfo claro) y a la derecha, el macho (de morfo oscuro, en este caso).

Primeros paseos de la desescalada

Llegó el momento de poder estirar las piernas y pasear prismáticos y cámara, aunque cerquita de casa. Estas mañanas aprovechamos la nueva situación para bajar a las orillas del Duero en el barrio zamorano de Olivares. Las riberas y campiña circundantes están espléndidas: mayo es un mes que me encanta pero esta primavera se muestra particularmente exuberante.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)

El primer día nos salió a recibir un simpático somormujo lavanco con su preciosa librea nupcial. Es posible que su pareja esté incubando la puesta en algún carrizal de la zona pero aún no lo hemos podido comprobar. Sería una gran noticia.

Garzas reales (Ardea cinerea)

En la colonia local de ardeidas, algunos nidos de garza real albergan pollos muy desarrollados. No es de extrañar pues se trata de un reproductor muy temprano y ya en febrero se veían ejemplares empollando. También las águilas calzadas y los milanos negros están ahora en plena incubación.

Martinete común (Nycticorax nycticorax)

Además hemos visto unos cuantos martinetes en el entorno de la colonia aunque no localizamos ningún nido. Es probable que los tengan ocultos entre el follaje.

Galápago leproso (Mauremys leprosa)

Como las mañanas están resultando bastante templadas, hemos podido disfrutar de algunos grandes galápagos leprosos soleándose entre la vegetación de las orillas. Es una alegría volver a encontrarnos con nuestros viejos amigos.

Lavandera boyera (Motacilla flava)

Otras especies que hemos podido observar en estos paseos incluyen: cormorán grande, avetorillo, garcilla bueyera, garza imperial, cigüeña blanca, ánade azulón, azor, aguilucho lagunero, cernícalo vulgar, alcotán, gallineta, andarríos chico, cuco, paloma torcaz, paloma cimarrona, tórtola turca, vencejo común, abejaruco, abubilla, martín pescador, pico picapinos, cogujada común, golondrina común, avión roquero, avión común, lavandera blanca, lavandera boyera, chochín, petirrojo, ruiseñor común, colirrojo tizón, mirlo común, cetia ruiseñor, buitrón, carricero común, curruca capirotada, herrerillo común, carbonero común, pájaro moscón, agateador europeo, triguero, jilguero, verdecillo, pardillo, verderón, gorrión común, gorrión molinero, estornino negro, oropéndola, urraca, grajilla y corneja negra.

Las riberas y los campos bullen de vida. A ver qué nos deparan los próximos días.

Zegríes e Isatides

Cada especie de mariposa se encuentra asociada a una o varias especies de plantas, de las cuales se nutren necesariamente sus orugas, de tal modo que la presencia de esas plantas es condición imprescindible para su reproducción.

Zegris eupheme. Bosque de Valorio (Zamora), 6 de mayo de 2019.

En el caso de la preciosa, y cada vez más amenazada, Zegrí (Zegris eupheme), una de sus plantas nutricias -la más habitual en nuestra región- es la conocida como hierba pastel o isatide (Isatis tinctoria), una brasicácea que tuvo una gran importancia para la industria del tinte, pues hasta el sigo XVI fue la única fuente de colorante azul conocida en Europa (denominado añil), manteniéndose su uso incluso hasta el siglo XX.

Isatis tinctoria. Bosque de Valorio (Zamora), 6 de mayo de 2019.

Ambas especies están presentes en los alrededores de Zamora, donde las podemos disfrutar especialmente en estos días de mayo, que es cuando florece esplendoroso el isatide y los zegríes recorren los altos y laderas de los tesos con sus velocísimos e incansables vuelos.

Zegris eupheme. Bosque de Valorio (Zamora), 6 de mayo de 2019.

Ruiseñor común: traje discreto y garganta de oro

El ornitólogo español Francisco Bernis, en su Diccionario de nombres vernáculos de aves, se refiere al ruiseñor común (Lusicinia megarhynchos) con estas acertadas palabras: “Modesto pájaro, conocido sólo de escucha para bastante gente, y sólo “de oídas” para mucha más, incluidos algunos poetas que lo mencionan”.

Es una pequeña ave migratoria insectívora, perteneciente a la familia de los Muscicápidos dentro del orden de los Passeriformes. Mide 15-16,5 cm de longitud y pesa alrededor de 20 g. El dorso, las alas y la cola son de color castaño y el vientre de color pardo claro. No hay apenas diferencia de aspecto entre los sexos.

Es bien conocido por su fuerte canto que incluye un registro de silbidos y borboteos y otros sonidos. Comienza a emitirlo desde su llegada a las zonas de cría (tras pasar el invierno en África al sur del Sahara), a partir de principios de abril, hasta finales de junio, una vez terminada la temporada de cría. El canto del ruiseñor destaca entre el de otras aves por su potencia e intensidad, además de por la frecuencia casi constante con que lo emite el macho, tanto por el día como por la noche.

Un ave muy literaria

Estas características de su canto (magistral y nocturno), unidas a lo discreto de su aspecto, conforman el tópico del ruiseñor, una constante en la literatura occidental. No existe ninguna otra especie que aparezca con tanta frecuencia en la tradición poética europea, culta y popular. Aquí tenemos dos ejemplos muy conocidos:

“El roseñor que canta por fina maestría,

siquiere la calandria que faz gran melodía,

mucho meior cantó el varón Ysaya,

e los otros Prophetas, onrada compañía.”

(G. de Berceo: Milagros de Nuestra Señora)

Julieta: ¿Tan rápido te marchas? Todavía falta mucho para que amanezca. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra, el que se escucha. Todas las noches se posa en aquel granado. Es el ruiseñor, amado mío.

(W. Shakespeare: Romeo y Julieta, acto V, escena III)

Valorio: el bosque de los ruiseñores

El ruiseñor común siente gran preferencia por los lugares con abundante y espesa vegetación, tanto arbórea como arbustiva, conformando ambientes umbríos y algo húmedos. Le gustan especialmente los sotos de las riberas de ríos y arroyos, por lo que no es extraño que abunde en Valorio, el bosque de Zamora. De hecho, la densidad de parejas reproductoras de esta especie es particularmente elevada en nuestro bosque suburbano, que constituye un marco ideal para disfrutar con la música natural de este incansable cantor.

Siete años con Agustín

Fue un día de mediados de marzo de 2014 cuando descubrí a este macho de cárabo tomando el sol a la puerta de su refugio en un viejo álamo del bosque zamorano de Valorio. Desde ese momento, se convirtió en un verdadero icono para los observadores de aves locales que lo bautizaron con el nombre de “Agustín”, en recuerdo del poeta, gramático y pensador zamorano García Calvo, quien dedicó no pocos versos a nuestro pequeño bosque suburbano.

Los retratos de Agustín, reproducidos en folletos y paneles informativos, constituyen ahora el emblema indiscutible de Valorio y su fauna salvaje. Pero él, ajeno a esta fama sobrevenida y a la humana obsesión por las imágenes, continúa dedicándose a sus cosas de cárabo: ulular, cazar roedores y pájaros y criar un par de alucones cada temporada. Y ahí sigue.

Escoba florida…

Escoba negral (Cytisus scoparius). Municipio de Zamora, abril de 2017.

“Escoba brotada, loba preñada. Escoba florida, loba parida”. Este refrán zamorano nos anuncia que muy pronto en los cubiles del mayor de nuestros cánidos salvajes se dejará sentir el latido de una nueva generación de lobeznos.

Las floraciones primaverales de estos matorrales mediterráneos resultan realmente espectaculares. Además, son el hogar de una variada e interesantísima fauna, entre cuyos componentes se halla la rara y muy amenazada alondra ricotí (Chersophilus duponti).

Matorral de escobas negrales (Cytisus scoparius), tomillos moros o cantuesos (Lavandula stoechas) y chaguazos negros (Halimium umbellatum). Villaseco del Pan (Zamora), abril de 2017.


Paisajes para después de una batalla

Para alegrarnos un poco la vista, hice esta pequeña recopilación de fotos de paisajes zamoranos en la primavera tardía (meses de mayo y junio). Como veis, Zamora es una provincia muy variada que alberga medios naturales de gran belleza y diversidad biológica destacada. A ver si podemos disfrutarlos cuando se acabe este confinamiento.

Amapolas (Papaver rhoeas) y acianos o azulejos (Centaurea cyanus) en un campo de cebada. El Piñero.

Amapolas, margaritas y acianos. Campos con flores, como en los viejos tiempos. El Piñero.


Amapolas en mitad de la campiña. Sanzoles.
Otro campo rebosante de amapolas, esta vez en término de Toro. Al fondo se ven florecidas algunas retamas de flor (Spartium junceum).
Más amapolas. En las encinas (Quercus ilex), se ven algunas cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) y garzas reales (Ardea cinerea) que tiene los nidos en estos árboles. Castronuevo de los Arcos.
Otra de amapolas y margaritas. Ruinas de Castrotorafe en San Cebrián de Castro.
Faja de amapolas en un mosaico de monte, ribera y cultivos cerealistas. Río Duero en el término municipal de Zamora.

Matorral con jaras (Cistus ladanifer), escobones (Genista florida) y cantuesos (Lavandula stoechas). Almaraz de Duero.
Escobas (Cytisus scoparius), piornos (Genista hystrix) y cantuesos en los arribanzos del río Esla. Villaseco del Pan.
Mar de jaras mezcladas con cantuesos y algunos escobones y urces o brezos (Erica australis). Vegalatrave.
La campiña alistana en todo su esplendor. Vegalatrave.
Castaño, castaneiro o castañal (Castanea sativa) en plena floración. Nuez de Aliste.
Matorral bajo de quiruguinas (Erica umbellata) con carqueisas (Genista tridentata), chaguazos blancos (Halimium ocymoides y Halimium lasianthum) y algunos chaguazos negros (Halimium umbellatum), en proceso de colonización por pinos negrales (Pinus pinaster). Peque.
Urz negral (Erica australis), urz albar (Erica arborea), carqueisas y escobones en la sierra de Escuredo.
Urces, carqueisas y piornos en A Forcadura (San Martín de Castañeda y Vigo de Sanabria).