Comer a dos picos no es una buena idea

Hace unos días, mientras observábamos un nido de cigüeña blanca (Ciconia ciconia) en una de las islas que jalonan el río Duero a su paso por Zamora y que constituyen, por su flora y fauna, magníficas reservas de biodiversidad, mi hermana Charo y yo tuvimos la oportunidad de presenciar un curioso e impactante espectáculo natural.

En el nido se hallaban uno de los adultos acompañando a dos polluelos de corta edad cuando llegó el otro progenitor que volvía de buscar la pitanza. Como es habitual, traía ésta en el interior de su buche y, tras regurgitarla, pudimos comprobar que se trataba de un ejemplar de culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) de considerables dimensiones.

“Para ti la cola y para mí la cabeza” debieron decirse entre ellos los dos cigoñinos, pues cada uno comenzó a embutirse el ofidio por un extremo. El resultado esperado no tardó en producirse y lo que empezó como un sustancioso almuerzo, desembocó en apenas un minuto en un callejón sin salida.

Las dos pequeñas cigüeñas tiraban y trataban de retorcer el tronco de la culebra pero sin éxito. Cual rey Salomón, uno de los adultos intentó cortarla con su pico, demostrando tan solo que un arpón no es una espada.

Al final, harta probablemente de los poco refinados modales de sus vástagos, la cigüeña optó por la única solución factible. Tirando de la culebra, la extrajo del buche de uno de los cigoñinos y, a continuación, hizo lo mismo con el otro.

“Si no sabéis comportaros en la mesa, os quedáis en ayunas”. Y dicho y hecho, se zampó el culebrón en un santiamén, dejando a sus frustradas criaturas con dos palmos de narices y a nosotros con la boca abierta.

Tortugas, galápagos y sapos concheros

Galápago leproso en Villalcampo (Zamora)

Las dos especies ibéricas autóctonas de quelonios de agua dulce, el galápago europeo (Emys orbicularis) y el galápago leproso (Mauremys leprosa), se encuentran ampliamente distribuidas en la provincia de Zamora ocupando, con densidades muy variables en ambos casos, la mayor parte de nuestras comarcas.

Distribución del galápago europeo en Zamora (NaturZamora-AZCN)

En el caso del galápago europeo, las poblaciones más importantes son las de la comarca de Sayago, que se halla en el suroeste de Zamora y que constituye, sin duda, una de las mejores áreas para esta especie en toda la península ibérica. El leproso resulta también relativamente frecuente en Sayago y además está muy bien distribuido a lo largo del curso del río Duero.

Distribución del galápago leproso en Zamora (NaturZamora-AZCN)

De este modo, es lógico que los galápagos hayan tenido un hueco en la cultura popular tradicional de nuestros pueblos, especialmente en aquellas comarcas, como la de Sayago, donde sus densidades resultan más elevadas. Al igual que en muchas zonas de Extremadura, Andalucía y Portugal, la abundancia de estos reptiles favoreció su captura y consumo culinario, y también era frecuente mantenerlos vivos en las viviendas, debido a la extendida creencia de que su presencia ahuyentaba a los ratones.

Galápagos europeos en Sayago (Zamora)

¿Y cómo se llaman aquí? La denominación más extendida para ambas especies en la provincia de Zamora es la de “tortuga”, recogida en la propia capital, en Toro, Tierra de Campos, Benavente y Sayago y que es también tradicional en otras provincias vecinas como la de Valladolid.

Galápago europeo y galápagos leprosos en Zamora capital

Por otro lado, tenemos un grupo de vernáculos en los que se identifica a estas especies como “sapos con concha” y que son característicos del noroeste de la península ibérica (Galicia, norte de Portugal y el oeste de Zamora y de León). Este es el caso de “sapo concho”, recogido en Sayago, “sapo conchero” en Aliste, Tábara y el Valle del Tera y “sapo cunqueiro” en Sanabria (de “cunca” que es una denominación local usada para las conchas de los moluscos).

Galápago leproso en Villalcampo (Zamora)

Finalmente, aparece más localizado el uso de “galápago” y su variante “calápago”, en algunas localidades sayaguesas. Estas denominaciones vernáculas son también las habituales en Salamanca, Extremadura, Andalucía y muchas áreas de Castilla.

Galápago europeo en Sayago (Zamora)

Emparentado con este término de origen prerromano, encontramos una forma muy interesante que conocemos solamente por estar presente en la toponimia de la localidad de Abelón, donde existe un pago llamado “El Calágado”. Como vemos se trata del mismo término usado como denominación general y oficial en portugués (“cágado”) pero conservando la “l” intervocálica que se pierde en portugués y en gallego. No tenemos constancia de que este nombre (“calágado”) siga vivo en la zona pero está claro que en el pasado se tuvo que usar.

El sapo común comparte algunos de sus nombres vernáculos con los galápagos. Almaraz de Duero (Zamora).

Sobre la relación que la taxonomía popular establece entre los quelonios y los anfibios (y particularmente con los anuros) ya hemos visto el ejemplo de los vernáculos del tipo “sapo concho”. Pero es que además es muy frecuente encontrar la transposición de estas denominaciones (“sapo conchero”, “sapo cunqueiro”) a grandes anuros terrestres -generalmente al sapo común Bufo spinosus-, a menudo en lugares donde los galápagos son muy escasos o están ausentes.

Galápago europeo en Sayago (Zamora)

Lo cierto es que la presencia de estos singulares reptiles en nuestra cultura popular es una cuestión que apenas ha sido estudiada. Por ello resultaría de agradecer cualquier aportación que puedan realizar los lectores para ampliar nuestros escasos conocimientos: nombres populares, creencias, usos tradicionales, nombres de lugares que hagan referencia, etc.

Galápagos en el Duero.

Tres especies de tortugas de agua dulce (dos autóctonas y una alóctona) se reproducen en el tramo urbano del río Duero a su paso por Zamora.

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Gálapago europeo (Emys orbicularis) y galápagos leprosos (Mauremys leprosa)

Uno de los mayores valores faunísticos de las riberas del Duero a su paso por la ciudad de Zamora (y de su término municipal en conjunto) lo constituyen sus poblaciones de galápagos autóctonos. Contamos aquí con las dos especies ibéricas: el galápago leproso (Mauremys leprosa) y el galápago europeo (Emys orbicularis), con presencia más numerosa del primero. Ambos están catalogados en el Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España en la categoría de “Vulnerable” (VU), si bien los estudios más recientes sugieren que las poblaciones españolas del galápago europeo deberían incluirse en una categoría superior de amenaza: la de “En peligro” (EN) debido a la disminución del área ocupada por la especie en los últimos años.

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Galápagos leprosos (Mauremys leprosa)

Estamos hablando, por tanto, de especies que requieren un grado de atención para su conservación comparable al del águila imperial ibérica (Aquila adalberti), la cigüeña negra (Ciconia nigra) o el oso pardo (Ursus arctos) y muy superior al de, por ejemplo, el lobo (Canis lupus).

Las principales amenazas que pesan sobre nuestros galápagos proceden de la destrucción y fragmentación de su hábitat. En nuestro caso zamorano es fundamental conservar la vegetación natural de las riberas del río y las zonas de puesta en las islas y en terrenos sin urbanizar de las orillas.

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Galápago europeo (Emys orbicularis)

Otro factor que tiene efectos muy negativos es la introducción de especies exóticas, tanto de galápagos -como el de Florida- como de peces exóticos (lucio, blackbass) o invertebrados (cangrejos americano y señal). En el tramo del río Duero en Zamora capital existe en la actualidad una nutrida población de galápago de Florida (Trachemys scripta) originada en la suelta de ejemplares previamente adquiridos como mascotas. Esta población además se ha visto reforzada por el hecho de que esta especie exótica se ha aclimatado en nuestras aguas con bastante éxito, hasta el punto de que en los últimos años hemos comprobado su reproducción en las mismas.

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Galápago de Florida (Trachemys scripta)

La presencia del galápago de Florida supone un importante peligro para los galápagos leproso y europeo pues les puede transmitir infecciones y además compite con ellos por el alimento y por los lugares para tomar el sol. La introducción en el medio natural de especies no autóctonas tiene efectos muy negativos en el mismo y contraviene la legislación ambiental.

Para estas especies poiquilotermas (de “sangre fría”) es fundamental disponer de emplazamientos seguros y tranquilos para solearse. Esto lleva a una constante competencia por su uso y disfrute, como podemos comprobar mediante estas fotos tomadas con unas pocas horas de diferencia en las cuales podemos observar cómo varios individuos de diferentes especies se ven obligados a turnarse sobre una rama varada de reducidísimas dimensiones.

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Galápago leproso (Mauremys leprosa) y galápago de Florida (Trachemys scripta)