El conejo: piedra angular de los ecosistemas ibéricos

Pocas especies se pueden considerar tan representativas de la fauna ibérica como el conejo común o europeo (Oryctolagus cuniculus). Esta circunstancia ya fue percibida por los antiguos romanos que interpretaron que el término fenicio Ispanim –que ellos adaptaron como Hispania- significaba “tierra de conejos” (o más exactamente “ de damanes”, mamíferos de tamaño similar al conejo y que para los fenicios resultaba más familiar que los conejos). Incluso, el poeta latino Catulo se refiere a Hispania como cuniculosa (“conejera”). Actualmente, hay teorías bien fundadas que ponen en duda que nuestro lagomorfo esté verdaderamente en el origen del topónimo, pero esta interpretación de los romanos no deja de ser indicativa de que para ellos la presencia abundante de estos animales era un rasgo marcadamente característico de las tierras del extremo occidente.

Áureo de Adriano (siglo II d.C.) en el que aparece representada una alegoría de Hispania, con un ramo de olivo en la mano y un conejo a sus pies.

Aunque su distribución original engloba exclusivamente la península ibérica, partes de Francia y el Magreb, desde tiempos antiguos ha sido introducido en una gran cantidad de territorios, incluyendo gran parte de Europa continental, las islas británicas, las islas atlánticas (archipiélagos de las Azores y Canarias), Australia, Nueva Zelanda y partes de América del Sur y norte de África. Además, ha sido llevado a más de 800 islas por todo el planeta.

Está incluido en la Lista de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Y, aunque pueda parecer contradictorio, la propia UICN lo considera en la categoría de especie En peligro en su Lista Roja de Especies Amenazadas, porque sus poblaciones han sufrido un notable declive en los últimos años dentro de su área original de distribución, debido a enfermedades, pérdida de hábitat y mortalidad inducida por el hombre. Esta condición paradójica la vemos reflejada a escala local en las diversas situaciones que observamos en las comarcas zamoranas. Mientras que en algunas, desde hace décadas, se ha vuelto raro hasta casi desaparecer, ocasionando una grave pérdida para el ecosistema, en otras su actual abundancia llega a ocasionar daños de cierta importancia en los cultivos agrícolas.

Águila imperial ibérica (Aquila adalberti). La Guareña (Zamora), junio de 2018.

Sobre su importancia fundamental e indiscutible en los ecosistemas ibéricos, basta con mencionar que forma parte de la dieta de varias decenas de especies de depredadores, en muchos casos como presa básica insustituible, destacando especialmente los ejemplos de endemismos amenazados como el lince ibérico (Lynx pardina) o el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Pero, además, en los últimos tiempos, diversos estudios han puesto de relieve el papel del conejo como verdadero ingeniero de ecosistemas, papel que ejerce a través de diversos mecanismos, como su capacidad excavadora (se ha identificado el uso de sus madrigueras por parte de más de 15 especies diferentes de vertebrados), la deposición de excrementos en letrinas y otros efectos indirectos derivados de su herbivoría.

Valorio: un bosque en la ciudad

El bosque de Valorio, que formó parte del antiguo monte concejil de la ciudad de Zamora y hoy constituye una de sus grandes áreas naturales periurbanas, se encuentra ubicado en un valle fluvial excavado inmediatamente al noroeste del casco urbano. La mayor parte de sus 70 ha de extensión se hallan cubiertas de pinar de pino piñonero (Pinus pinea), con presencia de un notable rodal de ejemplares de porte impresionante que superan los 200 años de edad. En torno al arroyo de Valorio, o de Valderrey, crece un bien conservado bosque de ribera, dominado por álamos (Populus alba) y chopos (Populus nigra), con sotobosque de negrillos (Ulmus minor) y zarzas (Rubus ulmifolius).

 

Además encontramos numerosas especies arbóreas de tipo ornamental, plantaciones de arizónicas (Cupressus glabra) y restos de antiguos cultivos leñosos, entre los que destaca el almendro (Prunus dulcis). También, salpicados aquí y allá, podemos observar algunos retazos del bosque de quercíneas original formado por encinas (Quercus ilex), robles melojos (Quercus pyrenaica) y quejigos (Quercus faginea). En los llanos en altura que rodean el bosque existen pastizales xerófilos y acidófilos, con importante presencia del barceo (Stipa gigantea), alternando con parcelas cultivadas de cereal de secano

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Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos)

Valorio cuenta con una  nutrida comunidad ornítica integrada por al menos 150 especies, de las que 72 son reproductoras comprobadas. Destaca por sus poblaciones de aves forestales, con buenas representaciones de rapaces nocturnas (cárabo Strix aluco, búho chico Asio otus, autillo Otus scops y mochuelo Athene noctua) y pícidos (torcecuello Jynx torquilla, pito real ibérico Picus sharpei, pico picapinos Dendrocopos major y pico menor Dryobates minor).  

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Búho chico (Asio otus)

Además cuenta con buenas poblaciones de paseriformes como ruiseñor común (Luscinia megarynchos), mosquitero ibérico (Phylloscopus ibericus), oropéndola (Oriolus oriolus), gorrión molinero (Passer montanus) y escribano soteño (Emberiza cirlus), y es un buen lugar para la observación de diversas rapaces que lo sobrevuelan habitualmente, en especial los milanos real (Milvus milvus) y negro (Milvus migrans), el águila calzada (Aquila pennata) y el buitre leonado (Gyps fulvus).

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Pico picapinos (Dendrocopos major)

En los espacios abiertos de su entorno más inmediato abundan las cogujadas montesina (Galerida theklae) y común (Galerida cristata) y están presentes otras especies características de estos medios como el aguilucho cenizo (Circus pygargus), el alcaudón real (Lanius meridionalis) y la collalba gris (Oenanthe oenanthe).

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Cogujada montesina (Galerida theklae)

Por otro lado, se ha citado en Valorio la presencia de 25 especies de mamíferos, entre ellos el murciélago ratonero grande (Myotis myotis), la rata de agua (Arvicola sapidus), el conejo (Oryctolagus cuniculus), el tejón (Meles meles) y la jineta (Genetta geneta); 10 de reptiles, como la lagartija colilarga (Psammodromus algirus) y las culebras de escalera (Zamenis scalaris) y bastarda (Malpolon monspessulanus); 6 de anfibios, como el sapillo moteado (Pelodytes hespericus) y el sapo partero común (Alytes obstetricans); y otras 6 de peces, entre los que destaca la amenazada bermejuela (Achondrostoma arcasii), un pequeño ciprínido endémico considerado “Vulnerable” a nivel mundial.

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Bermejuela (Achondrostoma arcasii)

Finalmente, hay que destacar la bien conservada comunidad de lepidópteros que albergan nuestro pequeño bosque zamorano y sus alrededores, con más de 50 especies de mariposas diurnas presentes, entre ellas especies como Papilio machaon, Iphiclides feisthamelii, Zerynthia rumina, Zegris eupheme, Brintesia circe, Polygonia c-album, Argynnis pandora y Tomares ballus.

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Zerynthia rumina