Primeros vuelos

En estos días, una nueva generación de aves de multitud de especies llenan nuestras campiñas, bosques y humedales con sus siluetas y plumajes juveniles. Una legión de volatinería novata que se inicia en los secretos de la vida salvaje, preparándose para la esforzada labor de dar continuidad a sus respectivos linajes.

Como este joven cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), nacido en un edificio abandonado de las afueras de la ciudad de Zamora, y que con apenas seis semanas de edad ensaya ya, con notable pericia, el arte en el cual los de su especie son consumados especialistas y del que reciben su nombre: el vuelo cernido. Técnica que le permitirá realizar una prospección extremadamente detallada de sus territorios de caza y localizar, implacablemente, a las pequeñas presas de que se alimenta: roedores, reptiles, pájaros e insectos, principalmente.

O como estos dos jóvenes milanos negros (Milvus migrans), nacidos hace algo más de dos meses en una de las islas del río Duero a su paso por Zamora y que aguardan impacientes, en las proximidades del nido, la llegada de sus progenitores con algo de pitanza: peces, restos del basurero o la carcasa de un pequeño mamífero atropellado en alguna carretera cercana. Eternamente hambrientos, acumulan energías preparándose para el largo y emocionante viaje migratorio que, por primera vez en sus vidas, emprenderán, en el plazo de unas pocas semanas, rumbo a las ancestrales áreas de invernada de su especie en la lejana y soñada África.

También anda emprendiendo sus primeros pasos este martinete (Nycticorax nycticorax). A unas decenas de metros de la garcera mixta del Duero zamorano donde vio la luz, acecha inmóvil como una estatua a los pequeños peces que hasta hace apenas unos días le suministraban sus padres en el nido. Algún día, pasados los años, se desprenderá de su críptico plumaje juvenil para adquirir la atractiva librea que lucen los adultos de su especie.

Nuevas historias que comienzan. Les deseamos larga y venturosa vida y nosotros que los podamos seguir disfrutando por mucho tiempo más.

Valorio: un bosque en la ciudad

El bosque de Valorio, que formó parte del antiguo monte concejil de la ciudad de Zamora y hoy constituye una de sus grandes áreas naturales periurbanas, se encuentra ubicado en un valle fluvial excavado inmediatamente al noroeste del casco urbano. La mayor parte de sus 70 ha de extensión se hallan cubiertas de pinar de pino piñonero (Pinus pinea), con presencia de un notable rodal de ejemplares de porte impresionante que superan los 200 años de edad. En torno al arroyo de Valorio, o de Valderrey, crece un bien conservado bosque de ribera, dominado por álamos (Populus alba) y chopos (Populus nigra), con sotobosque de negrillos (Ulmus minor) y zarzas (Rubus ulmifolius).

 

Además encontramos numerosas especies arbóreas de tipo ornamental, plantaciones de arizónicas (Cupressus glabra) y restos de antiguos cultivos leñosos, entre los que destaca el almendro (Prunus dulcis). También, salpicados aquí y allá, podemos observar algunos retazos del bosque de quercíneas original formado por encinas (Quercus ilex), robles melojos (Quercus pyrenaica) y quejigos (Quercus faginea). En los llanos en altura que rodean el bosque existen pastizales xerófilos y acidófilos, con importante presencia del barceo (Stipa gigantea), alternando con parcelas cultivadas de cereal de secano

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Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos)

Valorio cuenta con una  nutrida comunidad ornítica integrada por al menos 150 especies, de las que 72 son reproductoras comprobadas. Destaca por sus poblaciones de aves forestales, con buenas representaciones de rapaces nocturnas (cárabo Strix aluco, búho chico Asio otus, autillo Otus scops y mochuelo Athene noctua) y pícidos (torcecuello Jynx torquilla, pito real ibérico Picus sharpei, pico picapinos Dendrocopos major y pico menor Dryobates minor).  

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Búho chico (Asio otus)

Además cuenta con buenas poblaciones de paseriformes como ruiseñor común (Luscinia megarynchos), mosquitero ibérico (Phylloscopus ibericus), oropéndola (Oriolus oriolus), gorrión molinero (Passer montanus) y escribano soteño (Emberiza cirlus), y es un buen lugar para la observación de diversas rapaces que lo sobrevuelan habitualmente, en especial los milanos real (Milvus milvus) y negro (Milvus migrans), el águila calzada (Aquila pennata) y el buitre leonado (Gyps fulvus).

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Pico picapinos (Dendrocopos major)

En los espacios abiertos de su entorno más inmediato abundan las cogujadas montesina (Galerida theklae) y común (Galerida cristata) y están presentes otras especies características de estos medios como el aguilucho cenizo (Circus pygargus), el alcaudón real (Lanius meridionalis) y la collalba gris (Oenanthe oenanthe).

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Cogujada montesina (Galerida theklae)

Por otro lado, se ha citado en Valorio la presencia de 25 especies de mamíferos, entre ellos el murciélago ratonero grande (Myotis myotis), la rata de agua (Arvicola sapidus), el conejo (Oryctolagus cuniculus), el tejón (Meles meles) y la jineta (Genetta geneta); 10 de reptiles, como la lagartija colilarga (Psammodromus algirus) y las culebras de escalera (Zamenis scalaris) y bastarda (Malpolon monspessulanus); 6 de anfibios, como el sapillo moteado (Pelodytes hespericus) y el sapo partero común (Alytes obstetricans); y otras 6 de peces, entre los que destaca la amenazada bermejuela (Achondrostoma arcasii), un pequeño ciprínido endémico considerado “Vulnerable” a nivel mundial.

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Bermejuela (Achondrostoma arcasii)

Finalmente, hay que destacar la bien conservada comunidad de lepidópteros que albergan nuestro pequeño bosque zamorano y sus alrededores, con más de 50 especies de mariposas diurnas presentes, entre ellas especies como Papilio machaon, Iphiclides feisthamelii, Zerynthia rumina, Zegris eupheme, Brintesia circe, Polygonia c-album, Argynnis pandora y Tomares ballus.

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Zerynthia rumina