El alcaudón dorsirrojo en Zamora

Rosinos de la Requejada (Zamora). 16 de junio de 2019.

Sin duda hay pocas aves tan representativas de las campiñas agrícolas y ganaderas eurosiberianas como el alcaudón dorsirrojo.  Amante de los paisajes abiertos, precisa de la presencia abundante de arbustos espinosos de los cuales se vale para ocultar su nido y como posaderos desde los que acechar a sus presas (insectos sobre todo y en menor medida pequeños vertebrados) a las que detecta y captura sobre suelos relativamente despejados. Al igual que otras especies de alcaudones, el dorsirrojo también usa los picos de los espinos, agavanzales, zarzas y bruñales para espetar sus presas, formando así pequeñas despensas.

Santiago de la Requejada (Zamora). 12 de junio de 2018.

Se trata de un paseriforme ampliamente distribuido en Europa, que se halla ausente de las áreas más septentrionales así como de diversas regiones mediterráneas. La población europea se estima en 7,4 a 14,3 millones de parejas y resulta más abundante en el este del continente: Rumanía, Bulgaria, Polonia, Ucrania y Rusia albergan en conjunto más de las tres cuartas partes del contingente continental. Migrante transahariano, se encuentra en nuestras latitudes desde finales de abril hasta comienzos de septiembre, invernando en el sur y sureste de África. Prácticamente toda la población europea, incluyendo los núcleos más occidentales como el ibérico, migra a través del Mediterráneo oriental.

Doney de la Requejada (Zamora). 22 de julio de 2018.

En la península ibérica nidifica exclusivamente en su mitad norte, siendo tradicionalmente más abundante en las regiones de mayor influencia atlántica (desde Galicia a Navarra) y sobre todo en la parte septentrional de Castilla y León. Se calcula que la población española de alcaudón dorsirrojo podría rondar actualmente apenas los 180.000 ejemplares, con una reducción estimada en casi un 50 % entre 1998 y 2018, lo que ha llevado a su inclusión en el Libro Rojo de las Aves de España dentro de la categoría de “Vulnerable”.

Doney de la Requejada (Zamora). 24 de junio de 2021.

Curiosamente, este declive demográfico viene acompañado de una llamativa expansión de su área de distribución ibérica en el curso de la cual ha colonizado extensos territorios del sistema central y su piedemonte. Aquí está encontrando, al parecer, medios bastante favorables para su reproducción gracias a la conservación de la ganadería extensiva.

San Martín de Castañeda (Zamora). 30 de junio de 2020.

En Zamora se distribuye fundamentalmente por el cuadrante noroccidental de la provincia: por las comarcas de Sanabria y la Carballeda principalmente y más localizado por Aliste y Tábara. En todas estas comarcas se le conoce popularmente con el nombre vernáculo de “picanzo pequeño”. “Picanzo” es la denominación genérica para los alcaudones (Lanius) más extendida en el tercio occidental de la península ibérica, desde Galicia y parte de Asturias hasta el oeste de Extremadura y el norte de Huelva. El específico “pequeño” resulta muy apropiado pues, efectivamente, se trata del menor de los tres alcaudones presentes en el área.

Distribución actual del alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio) en Zamora durante el período reproductor. Elaborado a partir de: Infante, O. 2022. Alcaudón dorsirrojo Lanius collurio. En, B. Molina, A. Nebreda, A. R. Muñoz, J. Seoane, R. Real, J. Bustamante y J. C. del Moral: III Atlas de las aves en época de reproducción en España. SEO/BirdLife. Madrid. https://atlasaves.seo.org/ave/alcaudon-dorsirrojo/ y Berlanga, R. González, J. J., Hernández, J. A. , Losada G., Martín, M. I., Rodrigo, A., San Román, J. M., . 2022. eBird Basic Dataset. Cornell Lab of Ornithology, Ithaca, New York. 
 

Cabañas de Aliste (Zamora). 13 de agosto de 2020.

En las últimas décadas, su distribución en Zamora se redujo por el extremo meridional (comarca de Aliste) y paralelamente experimentó una reducción general de sus efectivos. Los cambios en su hábitat provocados por el abandono de la ganadería extensiva debieron de constituir el principal factor influyente. Sin embargo, en la actualidad esta tendencia negativa podría estar revirtiendo: en los últimos años se está detectando la presencia de territorios ocupados de forma dispersa en el nordeste de la provincia, en comarcas donde no existían datos previos de nidificación como los Valles, Benavente e incluso en el mismo borde de Tierra de Campos. Al mismo tiempo, el seguimiento de territorios de cría en la parte oriental de Sanabria, durante las últimas ocho temporadas, parece indicar una tendencia a la estabilización de esa población. Motivos para el optimismo, a pesar de todo.

Rosinos de la Requejada (Zamora). 16 de junio de 2019.

El cernícalo vulgar: ubicuo pero amenazado.

Zamora, febrero de 2019.

El cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) es, sin duda, el ave falconiforme más abundante y extendida en España e igualmente en el conjunto del continente europeo. Contribuyen a ello su carácter generalista en cuanto al uso de hábitat abiertos: desde la alta montaña hasta los acantilados costeros, pasando por los ámbitos urbanos de pueblos y ciudades, las hoces fluviales, los terrenos agrícolas y los bosques abiertos. También utiliza una amplia gama de sustratos de nidificación: principalmente nidos usados de córvidos, tanto en árboles como en peñas y tendidos eléctricos, y huecos y cavidades en árboles, cortados y edificaciones. Además, acoge con entusiasmo los nidales artificiales instalados para favorecer su reproducción. Por otro lado, se muestra francamente oportunista en cuanto a su dieta, incluyendo en ella una gran variedad de micromamíferos (topillos, ratones, musarañas), pequeñas aves, reptiles, anfibios e insectos. Muestra una especial preferencia por el topillo campesino (Microtus arvalis).

Sin embargo, sus poblaciones están experimentado una tendencia muy negativa en los últimos tiempos. En España, en concreto, habría disminuido un 53 % en el período de 1998 a 2018, según los resultados del programa SACRE (seguimiento de aves comunes) de SEO/BirdLife.  Esta tendencia extremadamente negativa condujo a su inclusión en la categoría de especie “En Peligro” en el recientemente publicado Libro Rojo de las Aves de España. Precisamente, esta publicación recoge como principales causas de su dramático declive las relacionadas con la intensificación agrícola, destacando los perniciosos efectos derivados del uso de biocidas, organoclorados y otros plaguicidas.

Zamora, julio de 2019.

 Mención especial merece la bromadiolona, empleada ampliamente para el control de las explosiones demográficas de topillo campesino en nuestra comunidad autónoma. En el Reino Unido, la abundancia anual de cernícalos vulgares está correlacionada negativamente con las concentraciones de este raticida  detectadas en individuos a los que se realizaron análisis toxicológicos. La bromadiolona ha sido detectada en la sangre de pollos de cernícalo en las zonas agrícolas de Castilla y León, muy probablemente tras ser alimentados por sus padres con topillos intoxicados por este biocida. Si tenemos en cuenta que diversos estudios demuestran que favorecer las poblaciones de cernícalos y otras especies especializadas en la caza de pequeños roedores resulta el sistema más eficaz para prevenir los efectos negativos de estos micromamíferos en la agricultura, se hace aún más patente el disparate que supone el uso masivo y descontrolado de rodenticidas.

Villafáfila, julio de 2019.

2018 destacó  en las áreas agrícolas de Zamora y otras provincias de Castilla y León como un año particularmente nefasto para el cernícalo vulgar y otras rapaces cazadoras de pequeños roedores, como el elanio común (Elanus caeruleus), el aguilucho pálido (Circus cyaneus), la lechuza común (Tyto alba), el búho chico (Asio otus) y el búho campestre (Asio flammeus), cuyas poblaciones reproductoras se redujeron esa temporada a mínimos históricos. Durante la temporada siguiente, en 2019, las mencionadas comarcas agrícolas se vieron afectadas por una importante explosión demográfica de topillo campesino. ¿Casualidad?

En Zamora el cernícalo vulgar se distribuye ampliamente por toda la provincia, desde las elevadas sierras sanabresas hasta las arribas y arribanzos de los ríos Duero, Esla y Tormes, pasando por los diferentes núcleos urbanos y rurales y las inacabables campiñas cerealistas. Las densidades más elevadas se encuentran actualmente en Tierra del Pan, Campos, Benavente, Los Valles, Tábara y La Guareña.  En los últimos siete años sus densidades se han mantenido aquí relativamente estables aunque  hay que resaltar el desplome de 2018 (con densidades registradas cinco veces inferiores a la media del resto de la serie), si bien en las temporadas posteriores se ha constatado la recuperación de los parámetros anteriores.

Zamora, marzo de 2017.

En las diferentes comarcas que componen la provincia se recogen una notable variedad de denominaciones populares para esta falcónida, muy conocida entre sus habitantes por frecuentar los núcleos de población y sus entornos inmediatos.  Entre los nombres vernáculos que se le otorgan mencionamos en primer lugar los que hacen referencia a la técnica de caza más característica de esta especie, conocida como cernido, que consiste en un vuelo estacionario durante el que permanece casi inmóvil, entre 10 y 20 m de altura, esperando avistar alguna presa para lanzarse en picado hacia ella o descender lentamente en vertical sobre la misma. A este grupo de vernáculos pertenecen cernidera (La Carballeda, Los Valles), cerremícalo (Sayago y Tierra del Pan), tecedor o tejedor (Sanabria: el movimiento de alas del cernido recuerda al de los brazos del tejedor en el telar) y tentetieso o tentepino (Sayago: referido a su posición estática en el aire durante el cernido).

Asimismo, aparecen denominaciones que hacen referencia a sus preferencias tróficas, como ratonero (Sayago) o grillero (Toro). Pero el grupo más abundante de vernáculos son los que, de modo genérico, comparte con otras rapaces diurnas de pequeñas o medianas dimensiones, tales como gavilucho aguilucho (en gran parte de la provincia), gavilán (Aliste, Tierra de Alba y Sayago), azor chiquito (Aliste) o alcotán (Campos).  Finalmente, en las comarcas más septentrionales (Sanabria, Carballeda, Los Valles) encontramos talinaantanina o antanino como nombre tradicional para ésta y otras rapaces pequeñas.

Zamora, julio de 2020.

De zorras, raposas y golpellas

La percepción que tenemos actualmente en nuestra sociedad sobre el más pequeño de los cánidos salvajes ibéricos viene, en gran medida, heredada de la cultura popular campesina. No cabe duda de su papel principal en el folclore y la literatura europeos -desde las fábulas de Esopo al Roman de Renart- donde se le otorga una imagen ambivalente. De un lado, reprobado como ladrón de aves de corral y saqueador de la caza menor. De otro, admirado por su inteligencia y audacia proverbiales.  Algunos historiadores han llegado a afirmar que en los cuentos populares  el personaje del zorro encarna las estrategias de supervivencia preferidas por los campesinos europeos para resistirse a la opresión del Estado, la Iglesia y la aristocracia.  Precisamente,  en las narraciones orales del NO ibérico la sagaz  raposa tiene su contrapunto en el personaje del lobo codicioso, un tanto tontorrón y no poco fanfarrón que acaba siendo víctima de las maquinaciones y engaños de aquélla y que vendría a representar al noble o eclesiástico idealmente burlado y escarnecido por la astucia campesina.

No es de extrañar que la cultura de los dominadores acabara promoviendo su consideración como especie maldita y demoníaca cuya sola mención constituía mal augurio. Se evitaba pronunciar su nombre, sustituyéndolo por denominaciones eufemísticas que, con el tiempo, terminaron desplazando a la original. Derivadas del latín vulpecula (diminutivo de vulpes) aparecen primordialmente golpeya golpella en leonés y en gallego y golpeja vulpeja en castellano.

No perviven ya en nuestras hablas pero es fácil rastrear su recuerdo en topónimos zamoranos como Golpejones en Castroverde de Campos o Sierra de Golpellos en San Martín de Castañeda.  Estas formas fueron dominantes durante siglos en las lenguas habladas en el occidente ibérico  hasta que comenzaron a ser sustituidas por raposa o raposo (del latín rapere, “arrebatar”), zoónimo aún vivo entre nosotros, y más modernamente por zorro o zorra. Parece ser que ya antes de aplicarse al  cánido tenía zorra el  significado de “prostituta” o “adúltera” al tiempo que zorro equivalía a “bastardo”.

Hoy en día el zorro sigue sufriendo una dura persecución, justificada básicamente en el hecho de contar entre sus presas a ciertas especies de aves y mamíferos consideradas como cinegéticas.  Es evidente que en gran medida su figura cumple aquí una función de chivo expiatorio, haciéndole culpable de la decadencia de las poblaciones de perdices y liebres, cuando su merma está mucho más relacionada con el alarmante deterioro de los hábitat agrícolas.  En cambio, cada vez resulta más conocido -y reconocido- su papel fundamental en nuestro medio natural como controlador de las poblaciones de ratones, topillos y conejos o como dispersante destacado de diversas especies de plantas silvestres. Al mismo tiempo, su imagen es cada vez más valorada como un símbolo reconocible de la belleza irrenunciable que atesora la vida salvaje.

Ornitónimos con historia

Es posible que el ornitónimo, es decir el nombre de ave, más antiguo conocido sea lakalaka. Este término aparece en antiguas inscripciones mesopotámicas y se refiere, sin duda, a la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) cuyo crotorear -“machar o majar el ajo” que decimos por estas tierras- reproduce con bastante fidelidad. Cuatro mil años más tarde sigue vivo en las lenguas del Oriente cercano, como el árabe (laklaka) o el turco (leylek).

Pero quizás nos podamos remontar más atrás todavía cuando mencionamos a la pega, ese llamativo pájaro blanco y negro con tornasoles, dotado de una cola singularmente larga. En español su denominación “oficial” es urraca pero en Zamora solemos conocerla mejor como pega, el mismo nombre que recibe en otras lenguas del occidente ibérico como el portugués, el gallego o el leonés. Bueno, pues el caso es que en protoindoeuropeo, es decir en la lengua madre hipotéticamente reconstruida que habría dado origen a todas las lenguas de la gran familia indoeuropea, el nombre que se le otorgaría a nuestra simpática e inteligente amiga se piensa que debió de ser el de peika. De aquel antiquísimo peika a nuestro actual pega irían -latín, o tal vez céltico, mediante- no menos de cinco milenios, pero la pronunciación no ha variado tanto y, en esencia, podemos decir que sigue tratándose del mismo nombre.

Otros vernáculos, en cambio, llevaríamos algo menos de tiempo repitiéndolos. Por ejemplo, el de pimienta, pimentera o pimentonero que se usa frecuentemente en las regiones de León, Castilla y Extremadura para el petirrojo europeo (Erithacus rubecula). Imposible que se hubiera originado antes de la llegada a tierras ibéricas del pimiento o pimentón, a partir del siglo XVI, pues se trata de un producto originario de Méjico, por tanto desconocido en la Europa previa al contacto con el Nuevo Mundo. Algún fino observador -quién sabe si un zamorano aficionado a las sopas de ajo bien sazonadas- debió de ver reflejado el intenso y atractivo color de la especia en el papo colorado de nuestro aguerrido pajarico y a partir de ahí pondría en circulación este curioso y bien traído ornitónimo popular.

Lavanderas y pajaritas de las nieves: un paseo por la ornitología popular

Uno de los pájaros más conocidos en las culturas tradicionales de la península ibérica -y del ámbito europeo general- era la lavandera blanca (Motacilla alba). Atributo de Afrodita en la mitología griega, está presente en numerosas narraciones y creencias populares y en muchas de ellas se la relaciona con hechizos, encantamientos y pociones amorosas. También aparece con frecuencia como protectora y custodia del ganado, función que se refleja en nombres vernáculos como el catalán pastoreta o el francés bergeronette.

No cabe duda de que detrás de los nombres vernáculos de las aves se esconden aspectos de gran interés para materias como la lingüística o la antropología. Pero, además, podemos rastrear en ellos un conjunto de conocimientos sobre la propia biología de la especie, acumulados en siglos de observación y que constituyen una suerte de “ornitología popular”. Sin ir más lejos, sólo analizando las denominaciones tradicionales de la lavandera blanca en un pequeño territorio como la provincia de Zamora, podemos descubrir interesantes referencias a sus preferencias de hábitat, a su dieta, su fenología o incluso su metabolismo.

Una de las denominaciones populares más utilizadas para esta especie en Zamora es, precisamente, la de lavandera, que se refiere a la costumbre de estas aves por frecuentar las riberas de ríos y arroyos, igual que las mujeres que se dedicaban a lavar la ropa. Esta querencia resulta especialmente marcada en la población nativa reproductora, muy ligada a cursos y masas de agua. Por este motivo, en nuestra provincia su densidad resulta más abundante cuanto más al norte y, sobre todo, cuanto más al oeste, en consonancia con el aumento de las precipitaciones. Es precisamente en las comarcas al occidente del río Esla donde la denominación de lavandera y sus variantes aparecen como predominantes.

Entre las variantes destacan las propias de la lengua asturleonesa: llavandeira, llavandera, llavandreira, llabrandeira, recogidas en diversas localidades de las comarcas de Aliste, La Carbayeda y, sobre todo, de Sanabria, donde encontramos además la denominación específica llavandeira blanca. En las partes más occidentales de Sanabria encontramos además las formas específicamente gallego-portuguesas como lavandeira y labrandeira, esta última originada por un cruce con labradora, referido a su costumbre de seguir al arado para alimentarse de los pequeños animales que va dejando al descubierto. La distribución de lavandera alcanza por el sur algunas localidades de Sayago y por el este hasta Tierra del Pan.

Resulta interesante señalar que hasta mediados del siglo XX lavandera se consideraba un ornitónimo de uso regional en español, propio sobre todo del noroeste de España. La denominación de mayor uso literario, incluyendo las publicaciones ornitológicas, era aguzanieves. Su sustitución se debió a que lavandera resultaba más apropiado para incluir a todas las especies del mismo género ya que a alguna de ellas, como la lavandera boyera (Motacilla flava), no le casaba bien el nombre de aguzanieves, al no estar presente en nuestras latitudes durante las estaciones frías.

El origen de este vernáculo podría estar en un antiguo auze (ave) de nieves y, en cualquier caso, haría referencia a la mayor presencia de estos pájaros durante los períodos más fríos del año por la llegada masiva de individuos procedentes de territorios más septentrionales del continente o también de áreas de montaña. Variantes de este vernáculo son aguanieves y rozanieves, y denominaciones equivalentes en su significado pajarica de las nieves, pajarita de las nieves o pajarita de nieves. Este grupo de nombres de uso tradicional aparecen distribuidos en Zamora principalmente por las comarcas del este y el sur, justamente donde la población reproductora de lavandera blanca resulta menos densa y la gran arribada de invernantes contrasta en mayor medida.

Hay otros nombres que reflejan, igualmente, aspectos llamativos de la fenología de esta especie. Uno de ellos es sanantona, utilizado en algunas localidades sayaguesas y que hace referencia a la festividad de San Antón (San Antonio Abad) que se celebra el 17 de enero. Es precisamente en torno a estas fechas cuando el frío invernal se intensifica y con él se generaliza la abundancia de nuestra protagonista en riberas, campos, pueblos y ciudades. También en Sayago y en las vecinas comarcas de Tierra del Pan y Tierra del Vino se la llama a veces avefría.

Por otro lado, tenemos un vernáculo de origen onomatopéyico, que refleja el reclamo o voz más frecuentemente emitida por esta especie. Se trata de chiribita, chibirita o churubita, que aparece extendido aquí y allá por muchas de nuestras comarcas y que es, quizás, el nombre más arraigado en la propia ciudad de Zamora. En la comarca de Tierra del Pan hemos recogido el específico chibirita blanca.

Finalmente, otros vernáculos que hemos anotado dan cuenta de su carácter inquieto y movilidad incesante: volanderay revolinguina; de su consideración como ave sagrada y benéfica (posiblemente por su alimentación insectívora): pájara de Dios; y de su costumbre de aproximarse a los animales domésticos en busca de los insectos que pululan en su entorno: purquirina(diminutivo de porquera).

Acentor común: la pajarica de las urces

Otero de Centeno (Zamora), 27 de junio de 2020

El área de cría del acentor común (Prunella modularis) en Zamora se extiende principalmente por las comarcas de Sanabria, La Carballeda y Aliste, coincidiendo casi por completo con la distribución de los matorrales subseriales dominados por los brezos o urces (Erica spp; en nuestro caso, principalmente Erica australis conocida como urz negral ). También se encuentra con frecuencia ligado a las orlas de zarzas (Rubus spp) y otras rosáceas espinosas de los setos o sebes y del sotobosque de diversos tipos de masas de forestales.

Distribución del acentor común (Prunella modularis) en Zamora, en la época de cría. (NaturZamora-AZCN). Durante el otoño e invierno se puede encontrar en la práctica totalidad de la provincia.

En cambio, en los matorrales dominados por las jaras (Cistus ladanifer) este paseriforme no aparece como nidificante pero suponen un refugio muy importante para los ejemplares desplazados de los brezales serranos a causa de los grandes fríos y nevadas invernales. Dentro de su área de invernada, que abarca -con densidades muy variables- la práctica totalidad de la provincia, aparece en una notable variedad de hábitat arbustivos y no sólo en matorrales y sotobosques sino también en jardines e incluso en algunos baldíos con vegetación anual desarrollada.

Hábitat del acentor común en el Parque natural «Lago de Sanabria» (Zamora). Matorrales de uces negrales (Erica australis) con uces riguirizas (Erica arborea), carqueisas (Genista tridentata), escobas meirinas (Cytisus oromediterraneus) y chaguazos negros (Halimium umbellatum).

En Sanabria, donde la especie es más abundante y, por tanto, más conocida y nombrada, hemos recogido unos pocos nombres vernáculos tradicionales: redonda o redondia, pajarica prieta y cañabobos o engañabobos. En otras comarcas no hemos encontrado denominaciones populares para este pajarín, probablemente su plumaje discreto -que recuerda un tanto al de los gorriones o pardales (Passer spp)– le haga pasar desapercibido, sobre todo en zonas donde no resulta muy abundante.

En la ciudad de Zamora era un invernante regular aunque escaso que se observaba todos los años en el bosque de Valorio, las riberas de los ríos Duero y Valderaduey, en setos espinosos de la campiña circundante y en algunos parques y jardines. Su período de presencia abarcaba generalmente desde finales de septiembre hasta mediados de abril, con cifras máximas en el mes de febrero. En la actualidad sigue visitando la ciudad y su entorno pero su presencia se ha vuelto mucho menos frecuente de lo que era hace dos o tres décadas. Muchos acentores comunes que antaño se veían forzados a bajar de las sierras cubiertas de nieve varios meses al año, ahora pueden quedar durante casi todo el invierno sin moverse de los brezales de altura. Otra evidencia del calentamiento acelerado del clima.

El gorrión moruno o pardal bravío

Macho adulto. Almaraz de Duero (Zamora). Mayo de 2019.

Menos conocido que su muy cercano pariente, el gorrión común (Passer domesticus), el gorrión moruno (Passer hispaniolensis) es, para mi gusto, la especie más bonita de su género. Reconozco que me resulta difícil la elección pues siento una especial simpatía y predilección por todos sus integrantes, especialmente por el cada vez más escaso gorrión molinero (Passer montanus) pero hay que reconocer que el macho del moruno es un ave realmente espectacular y que sus bulliciosas y a menudo nutridas colonias, compuestas de numerosos, voluminosos y muy elaborados nidos, constituyen un espectáculo natural de los que no se pasan por alto.

Macho adulto sobre su nido. Almaraz de Duero (Zamora). Junio de 2018.
Almaraz de Duero (Zamora), mayo de 2019.

De querencias marcadamente campestres, en la península ibérica evita los núcleos urbanos, ocupados por el gorrión común, criando en las dehesas y en áreas cultivadas con arbolado disperso, especialmente sotos. Instala sus nidos en árboles y arbustos y con frecuencia en el interior de grandes nidos de cigüeñas, garzas y rapaces.

Macho adulto junto a su nido. Almaraz de Duero (Zamora), mayo de 2019.
Nidos de gorrión moruno en un plátano de sombra (Platanus x hispanica). Almaraz de Duero, mayo de 2019.

Su área de distribución geográfica es mucho más restringida que la de sus dos primos, limitándose a partes de las penínsulas ibérica y balcánica en Europa, el norte de África y Asia suroccidental y central. En España, además de en las islas Canarias, lo encontramos principalmente en las regiones del suroeste y centro-oeste, con máxima abundancia en Extremadura.

Macho recuperando material de un viejo nido caído. Almaraz de Duero, mayo de 2019.

En Castilla y León era una especie escasa y localizada hasta hace unos 30 años, habiéndose expandido desde entonces, especialmente por su cuadrante suroccidental. Dentro de este proceso expansivo general de la especie, el gorrión moruno llegó a tierras zamoranas en la década de 1990 y en la actualidad se ha establecido de forma generalizada, y a menudo abundante, en las comarcas de Sayago, Tierra de Alba y la parte occidental de Tierra del Pan, apareciendo de modo más puntual y escaso en Tierra del Vino, La Guareña, Toro, Tábara y Campos.

Área de cría en Zamora. NaturZamora-AZCN.

Fuera de la época de cría se dispersan por las campiñas cercanas a sus colonias de cría, formando grandes bandos. Durante el otoño y el invierno, estos grupos pueden ser observados alimentándose en áreas de cultivos de regadío y estepas cerealistas.

Gorriones morunos comiendo en una rastrojera, en compañía de verderones comunes (Chloris chloris) y verdecillos (Serinus serinus). Alrededores de Zamora capital, 7 de marzo de 2019.

Su denominación científica específica (hispaniolensis), al igual que sus nombres en francés (moineau espagnol) o inglés (spanish sparrow) resaltan su distribución principalmente ibérica en el ámbito de Europa occidental.

Macho adulto sobre su nido. Almaraz de Duero (Zamora). Junio de 2018.

Curiosamente, el de la lista patrón en español se fija, en cambio, en su tradicional abundancia en la región magrebí aunque quizás también se podría explicar por la gran extensión e intensidad del color negro en los machos. No hay que olvidar que, en la cromatología popular, términos como moro, morisco o moruno se usan a menudo para especies o ejemplares que destacan por sus tonos negruzcos o más oscuros.

Macho adulto con plumaje invernal. Zamora capital, octubre de 2020.

En Zamora, al ser especie de llegada muy reciente, no sería esperable, en principio, la recogida de ningún vernáculo asignable. Sin embargo, probablemente por lo contrastado de su plumaje y lo llamativo de sus bandadas y colonias de cría, resulta hoy día bien conocido en muchas localidades y sabemos que en algunos lugares de Tierra del Pan ya ha sido bautizado como pardal bravío.

Almaraz de Duero, mayo de 2019.

Charrela: la perdiz pardilla

Perdiz pardilla en las sierras de Sanabria (Zamora). Septiembre de 2020.

La perdiz pardilla (Perdix perdix) tiene un área de distribución mundial bastante amplia, que abarca desde el norte de España hasta Siberia central y el NO de China. En Europa central y septentrional se considera una especie característica de las tierras bajas, habitante de los cultivos herbáceos y praderías, con importantes poblaciones en Rusia, Polonia, Francia y el Reino Unido, mientras que en el sur del continente resulta mucho más escasa y se localiza en áreas de montaña con matorral. La población europea se estimó hace dos décadas entre 2.600.000 y 5.100.000 parejas.

Grupo familiar alimentándose en Sanabria (Zamora). Septiembre de 2020.

En España se encuentra representada por una subespecie endémica (hispaniensis) que ocupa los Pirineos, cordillera Cantábrica, Montes de León, macizo Galaico y el norte del sistema Ibérico, dentro de las comunidades autónomas de Cataluña, Aragón, La Rioja, Castilla y León, Cantabria, Asturias y Galicia. También existió una pequeña población en Portugal, en la sierra de Montesinho, donde desapareció a finales del siglo XX. La población española se estimó en 1997 en tan sólo 2.000 a 6.000 parejas, con tendencia regresiva por lo que está considerada una especie amenazada en el Libro Rojo de las Aves de España, donde se incluye en la categoría de “Vulnerable”. Por este motivo, su caza -antaño popular en toda su área de distribución ibérica- se encuentra prohibida en todas las comunidades autónomas salvo en Cataluña.

Distribución actual de Perdix perdix hispaniensis en Zamora.

En la provincia de Zamora la encontramos exclusivamente en las sierras más elevadas de su extremo noroccidental, dentro de la comarca de Sanabria, en la mayoría de cuyo territorio se la conoce como charrela, denominación que es también la usada de modo general en lengua gallega. Más localmente se la denomina en su área zamorana como perdiz pardilla o perdiz parda. La población sanabresa está considerada una de las más destacadas y mejor conservadas de toda España. El núcleo sanabrés de charrelas más importante se distribuye por la sierra Segundera o Segundeira, criando también en la sierra Gamoneda y en la Cabrera Baja o sierra de Peña Negra. En esta última se halla en franca regresión y al parecer es donde más terreno ha perdido en las últimas décadas. Ocupa principalmente áreas que combinan matorral (brezales, piornales…) , medio que prefiere para anidar y refugiarse, con zonas aclaradas que son las que escoge preferentemente para alimentarse.

Charrelas refugiadas en el borde del matorral.

Sus principales factores de amenaza actual son los relacionados con el deterioro de su hábitat: desarrollo del matorral, incendios, plantaciones forestales, disminución de la ganadería, desaparición de los cultivos de montaña, sobrepastoreo, minería a cielo abierto, desarrollo de infraestructuras (como los parques eólicos), actividades recreativas…Cabe destacar los factores relacionados con el declive de los sistemas tradicionales de aprovechamiento agroganadero en estas áreas de montaña: el despoblamiento rural de estas zonas con el consiguiente abandono de los cultivos, la recolonización forestal (natural y por repoblaciones), el aumento de los predadores oportunistas (jabalí,zorro), el descenso de la cabaña ganadera extensiva y la consiguiente disminución de la diversidad estructural de los matorrales y los pastizales de puertos y collados, han supuesto una importante modificación de los paisajes montanos y de la extensión y calidad del hábitat de las charrelas. Por supuesto, sin olvidar otros factores que amenazan a sus poblaciones, entre ellas la sanabresa, como es el caso de su todavía frecuente caza furtiva.

Perdiz pardilla en las sierras de Sanabria (Zamora). Septiembre de 2020.

El alcaudón común en Zamora

Macho adulto. Zamora, 12 de abril de 2017.

El alcaudón común (Lanius senator) es uno de los cuatro miembros de la familia Lanidae (alcaudones) nidificantes en la Península Ibérica. Se trata de una especie ampliamente extendida por el ámbito mediterráneo ibérico, cuyas máximas densidades aparecen en terrenos arbolados abiertos con amplias superficies de suelo despejado, como las dehesas.

Distribución del alcaudón común en la provincia de Zamora (NaturZamora-AZCN)


En la provincia de Zamora resulta francamente abundante en el cuadrante suroccidental, donde encuentra un hábitat óptimo en las dehesas y cortinales sayagueses. En el resto de la provincia se va enrareciendo hacia el noroeste, a medida que disminuye la influencia mediterránea, estando ausente en la mayor parte de Sanabria. También escasea en las amplias extensiones cerealistas del tercio oriental de la provincia.

Hembra adulta. Zamora, 30 de julio de 2019.

Se trata de una especie que pasa el otoño y el invierno en tierras africanas. Retorna a nuestras latitudes a partir de la segunda mitad del mes de marzo, permaneciendo aquí hasta finales de septiembre. El deterioro y destrucción de su hábitat y la desaparición de sus presas (fundamentalmente insectos) están provocando una acelerada y muy preocupante disminución de sus poblaciones. Actualmente el alcaudón común está catalogado como especie «en peligro».

Juvenil. Moreruela de Tábara, 25 de agosto de 2019.

En las comarcas zamoranas es conocido habitualmente como “picanzo”, denominación que comparte con las otras dos especies presentes del género Lanius (alcaudones). Para distinguirlo de sus parientes cercanos recibe nombres específicos como picanzo coronal, picanzo de la gorra colorada, picanzo pedrés o pedreso, picanzo mediano, picanzo pequeño o picanzo chiquito, que hacen referencia a distintas características de su plumaje o bien a su tamaño en relación a otras especies del mismo género.

Macho adulto. Zamora, 12 de abril de 2017.

Un arco iris de plumas

En el año 1890 el naturalista Edward Wrigth llegó a la conclusión de que todos los colores del arco iris estaban presentes en el plumaje del abejaruco europeo (Merops apiaster), excepto el rojo. Aunque éste es el color del iris de los ojos en los ejemplares adultos, así que en realidad estas increíbles aves tienen verdaderamente todos los colores; pecho azul, vientre verdoso, cabeza canela, cuello amarillo y la lista negra que adorna su ojo.

No es de extrañar que la mayoría se queden realmente extasiados cuando observan por primera vez esta bellísima especie de aspecto tropical, sorprendidos de encontrarla en nuestras latitudes. Más sorprendidos aún cuando descubren que los abejarucos nidifican a menos de 500 metros de la Plaza Mayor de Zamora.

Con el tiempo, pueden comprobar además que estas aves sobrevuelan frecuentemente nuestras casas, con su vuelo acrobático, mezcla de rápidos aleteos y elegantes planeos y aprender a reconocer su característico reclamo «priur-priur» que se oye desde muy lejos.

Hablando de nidos, el del abejaruco no deja de ser también bastante peculiar: un túnel horadado en un talud o terraplén que puede llegar -ni más ni menos- que a los 2 metros de profundidad.

Habita una gran variedad de medios abiertos y soleados, mostrando una gran querencia por las riberas fluviales, donde encuentra las mejores condiciones para la nidficación.

En Zamora se le puede encontrar por casi toda la provincia, hasta unos 900-1000 metros de altitud, evitando las zonas más elevadas. En nuestras comarcas recibe diversos nombres vernáculos: abejaruco, albejaruco, abejarruco, bejaruco, abeillarucu, billarucu, abiarucu, abearuco, pito barranquero, pitu barranqueiru, pita barranquera o pito barranqués.

Las últimas denominaciones se refieren a su costumbre de excavar sus nidos en los barrancos o taludes mientras que los del primer tipo vienen dados por su preferencias alimenticias. Se trata de un insectívoro estricto, especializado en la captura de insectos en vuelo: abejas, abejorros, avispas, libélulas, mariposas, tábanos…Consecuentemente a su dieta, es ave migradora que llega a finales de marzo, como muy pronto, y permanece entre nosotros hasta bien entrado septiembre, cuando pone rumbo de nuevo al África subsahariana.

En estas fechas se hallan atareados construyendo sus nidos y apareándose y es una buena época para observarlos en nuestros paseos. Esperamos que pronto podamos disfrutarlos en las rutas urbanas de «Zamora, Aves y Naturaleza».