Ornitónimos con historia

Es posible que el ornitónimo, es decir el nombre de ave, más antiguo conocido sea lakalaka. Este término aparece en antiguas inscripciones mesopotámicas y se refiere, sin duda, a la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) cuyo crotorear -“machar o majar el ajo” que decimos por estas tierras- reproduce con bastante fidelidad. Cuatro mil años más tarde sigue vivo en las lenguas del Oriente cercano, como el árabe (laklaka) o el turco (leylek).

Pero quizás nos podamos remontar más atrás todavía cuando mencionamos a la pega, ese llamativo pájaro blanco y negro con tornasoles, dotado de una cola singularmente larga. En español su denominación “oficial” es urraca pero en Zamora solemos conocerla mejor como pega, el mismo nombre que recibe en otras lenguas del occidente ibérico como el portugués, el gallego o el leonés. Bueno, pues el caso es que en protoindoeuropeo, es decir en la lengua madre hipotéticamente reconstruida que habría dado origen a todas las lenguas de la gran familia indoeuropea, el nombre que se le otorgaría a nuestra simpática e inteligente amiga se piensa que debió de ser el de peika. De aquel antiquísimo peika a nuestro actual pega irían -latín, o tal vez céltico, mediante- no menos de cinco milenios, pero la pronunciación no ha variado tanto y, en esencia, podemos decir que sigue tratándose del mismo nombre.

Otros vernáculos, en cambio, llevaríamos algo menos de tiempo repitiéndolos. Por ejemplo, el de pimienta, pimentera o pimentonero que se usa frecuentemente en las regiones de León, Castilla y Extremadura para el petirrojo europeo (Erithacus rubecula). Imposible que se hubiera originado antes de la llegada a tierras ibéricas del pimiento o pimentón, a partir del siglo XVI, pues se trata de un producto originario de Méjico, por tanto desconocido en la Europa previa al contacto con el Nuevo Mundo. Algún fino observador -quién sabe si un zamorano aficionado a las sopas de ajo bien sazonadas- debió de ver reflejado el intenso y atractivo color de la especia en el papo colorado de nuestro aguerrido pajarico y a partir de ahí pondría en circulación este curioso y bien traído ornitónimo popular.

Lavanderas y pajaritas de las nieves: un paseo por la ornitología popular

Uno de los pájaros más conocidos en las culturas tradicionales de la península ibérica -y del ámbito europeo general- era la lavandera blanca (Motacilla alba). Atributo de Afrodita en la mitología griega, está presente en numerosas narraciones y creencias populares y en muchas de ellas se la relaciona con hechizos, encantamientos y pociones amorosas. También aparece con frecuencia como protectora y custodia del ganado, función que se refleja en nombres vernáculos como el catalán pastoreta o el francés bergeronette.

No cabe duda de que detrás de los nombres vernáculos de las aves se esconden aspectos de gran interés para materias como la lingüística o la antropología. Pero, además, podemos rastrear en ellos un conjunto de conocimientos sobre la propia biología de la especie, acumulados en siglos de observación y que constituyen una suerte de “ornitología popular”. Sin ir más lejos, sólo analizando las denominaciones tradicionales de la lavandera blanca en un pequeño territorio como la provincia de Zamora, podemos descubrir interesantes referencias a sus preferencias de hábitat, a su dieta, su fenología o incluso su metabolismo.

Una de las denominaciones populares más utilizadas para esta especie en Zamora es, precisamente, la de lavandera, que se refiere a la costumbre de estas aves por frecuentar las riberas de ríos y arroyos, igual que las mujeres que se dedicaban a lavar la ropa. Esta querencia resulta especialmente marcada en la población nativa reproductora, muy ligada a cursos y masas de agua. Por este motivo, en nuestra provincia su densidad resulta más abundante cuanto más al norte y, sobre todo, cuanto más al oeste, en consonancia con el aumento de las precipitaciones. Es precisamente en las comarcas al occidente del río Esla donde la denominación de lavandera y sus variantes aparecen como predominantes.

Entre las variantes destacan las propias de la lengua asturleonesa: llavandeira, llavandera, llavandreira, llabrandeira, recogidas en diversas localidades de las comarcas de Aliste, La Carbayeda y, sobre todo, de Sanabria, donde encontramos además la denominación específica llavandeira blanca. En las partes más occidentales de Sanabria encontramos además las formas específicamente gallego-portuguesas como lavandeira y labrandeira, esta última originada por un cruce con labradora, referido a su costumbre de seguir al arado para alimentarse de los pequeños animales que va dejando al descubierto. La distribución de lavandera alcanza por el sur algunas localidades de Sayago y por el este hasta Tierra del Pan.

Resulta interesante señalar que hasta mediados del siglo XX lavandera se consideraba un ornitónimo de uso regional en español, propio sobre todo del noroeste de España. La denominación de mayor uso literario, incluyendo las publicaciones ornitológicas, era aguzanieves. Su sustitución se debió a que lavandera resultaba más apropiado para incluir a todas las especies del mismo género ya que a alguna de ellas, como la lavandera boyera (Motacilla flava), no le casaba bien el nombre de aguzanieves, al no estar presente en nuestras latitudes durante las estaciones frías.

El origen de este vernáculo podría estar en un antiguo auze (ave) de nieves y, en cualquier caso, haría referencia a la mayor presencia de estos pájaros durante los períodos más fríos del año por la llegada masiva de individuos procedentes de territorios más septentrionales del continente o también de áreas de montaña. Variantes de este vernáculo son aguanieves y rozanieves, y denominaciones equivalentes en su significado pajarica de las nieves, pajarita de las nieves o pajarita de nieves. Este grupo de nombres de uso tradicional aparecen distribuidos en Zamora principalmente por las comarcas del este y el sur, justamente donde la población reproductora de lavandera blanca resulta menos densa y la gran arribada de invernantes contrasta en mayor medida.

Hay otros nombres que reflejan, igualmente, aspectos llamativos de la fenología de esta especie. Uno de ellos es sanantona, utilizado en algunas localidades sayaguesas y que hace referencia a la festividad de San Antón (San Antonio Abad) que se celebra el 17 de enero. Es precisamente en torno a estas fechas cuando el frío invernal se intensifica y con él se generaliza la abundancia de nuestra protagonista en riberas, campos, pueblos y ciudades. También en Sayago y en las vecinas comarcas de Tierra del Pan y Tierra del Vino se la llama a veces avefría.

Por otro lado, tenemos un vernáculo de origen onomatopéyico, que refleja el reclamo o voz más frecuentemente emitida por esta especie. Se trata de chiribita, chibirita o churubita, que aparece extendido aquí y allá por muchas de nuestras comarcas y que es, quizás, el nombre más arraigado en la propia ciudad de Zamora. En la comarca de Tierra del Pan hemos recogido el específico chibirita blanca.

Finalmente, otros vernáculos que hemos anotado dan cuenta de su carácter inquieto y movilidad incesante: volanderay revolinguina; de su consideración como ave sagrada y benéfica (posiblemente por su alimentación insectívora): pájara de Dios; y de su costumbre de aproximarse a los animales domésticos en busca de los insectos que pululan en su entorno: purquirina(diminutivo de porquera).

Acentor común: la pajarica de las urces

Otero de Centeno (Zamora), 27 de junio de 2020

El área de cría del acentor común (Prunella modularis) en Zamora se extiende principalmente por las comarcas de Sanabria, La Carballeda y Aliste, coincidiendo casi por completo con la distribución de los matorrales subseriales dominados por los brezos o urces (Erica spp; en nuestro caso, principalmente Erica australis conocida como urz negral ). También se encuentra con frecuencia ligado a las orlas de zarzas (Rubus spp) y otras rosáceas espinosas de los setos o sebes y del sotobosque de diversos tipos de masas de forestales.

Distribución del acentor común (Prunella modularis) en Zamora, en la época de cría. (NaturZamora-AZCN). Durante el otoño e invierno se puede encontrar en la práctica totalidad de la provincia.

En cambio, en los matorrales dominados por las jaras (Cistus ladanifer) este paseriforme no aparece como nidificante pero suponen un refugio muy importante para los ejemplares desplazados de los brezales serranos a causa de los grandes fríos y nevadas invernales. Dentro de su área de invernada, que abarca -con densidades muy variables- la práctica totalidad de la provincia, aparece en una notable variedad de hábitat arbustivos y no sólo en matorrales y sotobosques sino también en jardines e incluso en algunos baldíos con vegetación anual desarrollada.

Hábitat del acentor común en el Parque natural “Lago de Sanabria” (Zamora). Matorrales de uces negrales (Erica australis) con uces riguirizas (Erica arborea), carqueisas (Genista tridentata), escobas meirinas (Cytisus oromediterraneus) y chaguazos negros (Halimium umbellatum).

En Sanabria, donde la especie es más abundante y, por tanto, más conocida y nombrada, hemos recogido unos pocos nombres vernáculos tradicionales: redonda o redondia, pajarica prieta y cañabobos o engañabobos. En otras comarcas no hemos encontrado denominaciones populares para este pajarín, probablemente su plumaje discreto -que recuerda un tanto al de los gorriones o pardales (Passer spp)– le haga pasar desapercibido, sobre todo en zonas donde no resulta muy abundante.

En la ciudad de Zamora era un invernante regular aunque escaso que se observaba todos los años en el bosque de Valorio, las riberas de los ríos Duero y Valderaduey, en setos espinosos de la campiña circundante y en algunos parques y jardines. Su período de presencia abarcaba generalmente desde finales de septiembre hasta mediados de abril, con cifras máximas en el mes de febrero. En la actualidad sigue visitando la ciudad y su entorno pero su presencia se ha vuelto mucho menos frecuente de lo que era hace dos o tres décadas. Muchos acentores comunes que antaño se veían forzados a bajar de las sierras cubiertas de nieve varios meses al año, ahora pueden quedar durante casi todo el invierno sin moverse de los brezales de altura. Otra evidencia del calentamiento acelerado del clima.

El gorrión moruno o pardal bravío

Macho adulto. Almaraz de Duero (Zamora). Mayo de 2019.

Menos conocido que su muy cercano pariente, el gorrión común (Passer domesticus), el gorrión moruno (Passer hispaniolensis) es, para mi gusto, la especie más bonita de su género. Reconozco que me resulta difícil la elección pues siento una especial simpatía y predilección por todos sus integrantes, especialmente por el cada vez más escaso gorrión molinero (Passer montanus) pero hay que reconocer que el macho del moruno es un ave realmente espectacular y que sus bulliciosas y a menudo nutridas colonias, compuestas de numerosos, voluminosos y muy elaborados nidos, constituyen un espectáculo natural de los que no se pasan por alto.

Macho adulto sobre su nido. Almaraz de Duero (Zamora). Junio de 2018.
Almaraz de Duero (Zamora), mayo de 2019.

De querencias marcadamente campestres, en la península ibérica evita los núcleos urbanos, ocupados por el gorrión común, criando en las dehesas y en áreas cultivadas con arbolado disperso, especialmente sotos. Instala sus nidos en árboles y arbustos y con frecuencia en el interior de grandes nidos de cigüeñas, garzas y rapaces.

Macho adulto junto a su nido. Almaraz de Duero (Zamora), mayo de 2019.
Nidos de gorrión moruno en un plátano de sombra (Platanus x hispanica). Almaraz de Duero, mayo de 2019.

Su área de distribución geográfica es mucho más restringida que la de sus dos primos, limitándose a partes de las penínsulas ibérica y balcánica en Europa, el norte de África y Asia suroccidental y central. En España, además de en las islas Canarias, lo encontramos principalmente en las regiones del suroeste y centro-oeste, con máxima abundancia en Extremadura.

Macho recuperando material de un viejo nido caído. Almaraz de Duero, mayo de 2019.

En Castilla y León era una especie escasa y localizada hasta hace unos 30 años, habiéndose expandido desde entonces, especialmente por su cuadrante suroccidental. Dentro de este proceso expansivo general de la especie, el gorrión moruno llegó a tierras zamoranas en la década de 1990 y en la actualidad se ha establecido de forma generalizada, y a menudo abundante, en las comarcas de Sayago, Tierra de Alba y la parte occidental de Tierra del Pan, apareciendo de modo más puntual y escaso en Tierra del Vino, La Guareña, Toro, Tábara y Campos.

Área de cría en Zamora. NaturZamora-AZCN.

Fuera de la época de cría se dispersan por las campiñas cercanas a sus colonias de cría, formando grandes bandos. Durante el otoño y el invierno, estos grupos pueden ser observados alimentándose en áreas de cultivos de regadío y estepas cerealistas.

Gorriones morunos comiendo en una rastrojera, en compañía de verderones comunes (Chloris chloris) y verdecillos (Serinus serinus). Alrededores de Zamora capital, 7 de marzo de 2019.

Su denominación científica específica (hispaniolensis), al igual que sus nombres en francés (moineau espagnol) o inglés (spanish sparrow) resaltan su distribución principalmente ibérica en el ámbito de Europa occidental.

Macho adulto sobre su nido. Almaraz de Duero (Zamora). Junio de 2018.

Curiosamente, el de la lista patrón en español se fija, en cambio, en su tradicional abundancia en la región magrebí aunque quizás también se podría explicar por la gran extensión e intensidad del color negro en los machos. No hay que olvidar que, en la cromatología popular, términos como moro, morisco o moruno se usan a menudo para especies o ejemplares que destacan por sus tonos negruzcos o más oscuros.

Macho adulto con plumaje invernal. Zamora capital, octubre de 2020.

En Zamora, al ser especie de llegada muy reciente, no sería esperable, en principio, la recogida de ningún vernáculo asignable. Sin embargo, probablemente por lo contrastado de su plumaje y lo llamativo de sus bandadas y colonias de cría, resulta hoy día bien conocido en muchas localidades y sabemos que en algunos lugares de Tierra del Pan ya ha sido bautizado como pardal bravío.

Almaraz de Duero, mayo de 2019.

Charrela: la perdiz pardilla

Perdiz pardilla en las sierras de Sanabria (Zamora). Septiembre de 2020.

La perdiz pardilla (Perdix perdix) tiene un área de distribución mundial bastante amplia, que abarca desde el norte de España hasta Siberia central y el NO de China. En Europa central y septentrional se considera una especie característica de las tierras bajas, habitante de los cultivos herbáceos y praderías, con importantes poblaciones en Rusia, Polonia, Francia y el Reino Unido, mientras que en el sur del continente resulta mucho más escasa y se localiza en áreas de montaña con matorral. La población europea se estimó hace dos décadas entre 2.600.000 y 5.100.000 parejas.

Grupo familiar alimentándose en Sanabria (Zamora). Septiembre de 2020.

En España se encuentra representada por una subespecie endémica (hispaniensis) que ocupa los Pirineos, cordillera Cantábrica, Montes de León, macizo Galaico y el norte del sistema Ibérico, dentro de las comunidades autónomas de Cataluña, Aragón, La Rioja, Castilla y León, Cantabria, Asturias y Galicia. También existió una pequeña población en Portugal, en la sierra de Montesinho, donde desapareció a finales del siglo XX. La población española se estimó en 1997 en tan sólo 2.000 a 6.000 parejas, con tendencia regresiva por lo que está considerada una especie amenazada en el Libro Rojo de las Aves de España, donde se incluye en la categoría de “Vulnerable”. Por este motivo, su caza -antaño popular en toda su área de distribución ibérica- se encuentra prohibida en todas las comunidades autónomas salvo en Cataluña.

Distribución actual de Perdix perdix hispaniensis en Zamora.

En la provincia de Zamora la encontramos exclusivamente en las sierras más elevadas de su extremo noroccidental, dentro de la comarca de Sanabria, en la mayoría de cuyo territorio se la conoce como charrela, denominación que es también la usada de modo general en lengua gallega. Más localmente se la denomina en su área zamorana como perdiz pardilla o perdiz parda. La población sanabresa está considerada una de las más destacadas y mejor conservadas de toda España. El núcleo sanabrés de charrelas más importante se distribuye por la sierra Segundera o Segundeira, criando también en la sierra Gamoneda y en la Cabrera Baja o sierra de Peña Negra. En esta última se halla en franca regresión y al parecer es donde más terreno ha perdido en las últimas décadas. Ocupa principalmente áreas que combinan matorral (brezales, piornales…) , medio que prefiere para anidar y refugiarse, con zonas aclaradas que son las que escoge preferentemente para alimentarse.

Charrelas refugiadas en el borde del matorral.

Sus principales factores de amenaza actual son los relacionados con el deterioro de su hábitat: desarrollo del matorral, incendios, plantaciones forestales, disminución de la ganadería, desaparición de los cultivos de montaña, sobrepastoreo, minería a cielo abierto, desarrollo de infraestructuras (como los parques eólicos), actividades recreativas…Cabe destacar los factores relacionados con el declive de los sistemas tradicionales de aprovechamiento agroganadero en estas áreas de montaña: el despoblamiento rural de estas zonas con el consiguiente abandono de los cultivos, la recolonización forestal (natural y por repoblaciones), el aumento de los predadores oportunistas (jabalí,zorro), el descenso de la cabaña ganadera extensiva y la consiguiente disminución de la diversidad estructural de los matorrales y los pastizales de puertos y collados, han supuesto una importante modificación de los paisajes montanos y de la extensión y calidad del hábitat de las charrelas. Por supuesto, sin olvidar otros factores que amenazan a sus poblaciones, entre ellas la sanabresa, como es el caso de su todavía frecuente caza furtiva.

Perdiz pardilla en las sierras de Sanabria (Zamora). Septiembre de 2020.

El alcaudón común en Zamora

Macho adulto. Zamora, 12 de abril de 2017.

El alcaudón común (Lanius senator) es uno de los cuatro miembros de la familia Lanidae (alcaudones) nidificantes en la Península Ibérica. Se trata de una especie ampliamente extendida por el ámbito mediterráneo ibérico, cuyas máximas densidades aparecen en terrenos arbolados abiertos con amplias superficies de suelo despejado, como las dehesas.

Distribución del alcaudón común en la provincia de Zamora (NaturZamora-AZCN)


En la provincia de Zamora resulta francamente abundante en el cuadrante suroccidental, donde encuentra un hábitat óptimo en las dehesas y cortinales sayagueses. En el resto de la provincia se va enrareciendo hacia el noroeste, a medida que disminuye la influencia mediterránea, estando ausente en la mayor parte de Sanabria. También escasea en las amplias extensiones cerealistas del tercio oriental de la provincia.

Hembra adulta. Zamora, 30 de julio de 2019.

Se trata de una especie que pasa el otoño y el invierno en tierras africanas. Retorna a nuestras latitudes a partir de la segunda mitad del mes de marzo, permaneciendo aquí hasta finales de septiembre.

Juvenil. Moreruela de Tábara, 25 de agosto de 2019.

En las comarcas zamoranas es conocido habitualmente como “picanzo”, denominación que comparte con las otras dos especies presentes del género Lanius (alcaudones). Para distinguirlo de sus parientes cercanos recibe nombres específicos como picanzo coronal, picanzo de la gorra colorada, picanzo pedrés o pedreso, picanzo mediano, picanzo pequeño o picanzo chiquito, que hacen referencia a distintas características de su plumaje o bien a su tamaño en relación a otras especies del mismo género.

Macho adulto. Zamora, 12 de abril de 2017.

Un arco iris de plumas

En el año 1890 el naturalista Edward Wrigth llegó a la conclusión de que todos los colores del arco iris estaban presentes en el plumaje del abejaruco europeo (Merops apiaster), excepto el rojo. Aunque éste es el color del iris de los ojos en los ejemplares adultos, así que en realidad estas increíbles aves tienen verdaderamente todos los colores; pecho azul, vientre verdoso, cabeza canela, cuello amarillo y la lista negra que adorna su ojo.

No es de extrañar que la mayoría se queden realmente extasiados cuando observan por primera vez esta bellísima especie de aspecto tropical, sorprendidos de encontrarla en nuestras latitudes. Más sorprendidos aún cuando descubren que los abejarucos nidifican a menos de 500 metros de la Plaza Mayor de Zamora.

Con el tiempo, pueden comprobar además que estas aves sobrevuelan frecuentemente nuestras casas, con su vuelo acrobático, mezcla de rápidos aleteos y elegantes planeos y aprender a reconocer su característico reclamo “priur-priur” que se oye desde muy lejos.

Hablando de nidos, el del abejaruco no deja de ser también bastante peculiar: un túnel horadado en un talud o terraplén que puede llegar -ni más ni menos- que a los 2 metros de profundidad.

Habita una gran variedad de medios abiertos y soleados, mostrando una gran querencia por las riberas fluviales, donde encuentra las mejores condiciones para la nidficación.

En Zamora se le puede encontrar por casi toda la provincia, hasta unos 900-1000 metros de altitud, evitando las zonas más elevadas. En nuestras comarcas recibe diversos nombres vernáculos: abejaruco, albejaruco, abejarruco, bejaruco, abeillarucu, billarucu, abiarucu, abearuco, pito barranquero, pitu barranqueiru, pita barranquera o pito barranqués.

Las últimas denominaciones se refieren a su costumbre de excavar sus nidos en los barrancos o taludes mientras que los del primer tipo vienen dados por su preferencias alimenticias. Se trata de un insectívoro estricto, especializado en la captura de insectos en vuelo: abejas, abejorros, avispas, libélulas, mariposas, tábanos…Consecuentemente a su dieta, es ave migradora que llega a finales de marzo, como muy pronto, y permanece entre nosotros hasta bien entrado septiembre, cuando pone rumbo de nuevo al África subsahariana.

En estas fechas se hallan atareados construyendo sus nidos y apareándose y es una buena época para observarlos en nuestros paseos. Esperamos que pronto podamos disfrutarlos en las rutas urbanas de “Zamora, Aves y Naturaleza”.

La Pagañera y el Muchuelo

Mochuelo común (Athene noctua)

Cuentan en la tierra de Sayago que, en cierta ocasión, la Pagañera le vendió un buey al Muchuelo, con la condición de cobrarlo cuando volviera de un viaje, transcurrido un año. Regresó la Pagañera de su periplo africano pero el Muchuelo no le satisfizo la deuda, alegando mil y una escusas, cada cual más peregrina. Desde entonces, el ave engañada pasa las noches reclamando “paga-paga-paga-paga” y el moroso le responde impertérrito: “vooy…vooy…vooy…”.

Pagañera es la denominación vernácula del Chotacabras cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis) en el sur de Zamora. En las noches calurosas de la primavera y el verano era suceso frecuente en las dehesas y campiñas sayaguesas escuchar a ambas aves reclamando al alimón. Hoy día, esto resulta más difícil, pues ya no abundan como antaño pero todavía es posible asistir en vivo a la disputa por un buey impagado.

Joyas aladas de la estepa

Hembra de ganga común o ibérica en una rastrojera

Pocas familias de aves podemos encontrar tan magníficamente adaptadas a la dura y azarosa existencia en las estepas y desiertos como la integrada por las gangas -en sentido amplio: Pteroclidae-. Dotadas de una potente musculatura alar que les permite realizar periplos de varias decenas de kilómetros hasta sus lejanos abrevaderos, con un vuelo veloz e incansable, la dieta de estas aves -casi exclusivamente a base de semillas, tanto en los adultos como en sus polluelos- las obliga a un consumo diario de agua. Su extraordinaria adaptación llega hasta el punto de que los adultos transportan el preciado líquido en las plumas del pecho, empapadas, para suministrarlo a los pollos que aguardan en el nido, apenas una depresión excavada en el suelo de un barbecho o un baldío.

Dos machos y una hembra de ortega dirigiéndose a su zona de alimentación (Foto Gonzalo Criado)

Aves de tamaño similar al de una perdiz o una paloma, destacan por sus bellísimos al mismo tiempo que crípticos plumajes. Amonadas entre los surcos de una tierra arada, resultan virtualmente invisibles para el ojo humano no entrenado en su detección. Vistas más de cerca -lo que no resulta fácil dados su carácter desconfiado y su vuelo largo y veloz- se aprecian los preciosos dibujos y contrastes que justifican plenamente su denominación de “joyas aladas de la estepa”.

En la península ibérica contamos con dos especies de este género de aves esteparias: la ganga común o ganga ibérica (Pterocles alchata) y la ortega o ganga ortega (Pterocles orientalis). En ambos casos, su distribución europea se reduce a las regiones más áridas de España y Portugal y , sólo en el caso de la primera especie, una pequeña área de la Francia mediterránea.

Pareja de ortegas entrando a bebedero (Foto Gonzalo Criado)

Las poblaciones de gangas y ortegas, antaño abundantes se han reducido enormemente en las últimas décadas hasta el punto de convertirse en especies seriamente amenazadas. Las causas de su rarefacción se relacionan fundamentalmente con la grave pérdida de hábitat que están sufriendo por las dramáticas transformaciones experimentadas en las pseudoestepas cerealistas y los pastizales secos donde viven.

Las poblaciones ibéricas de ambas especies rondarían apenas los 10.000 ejemplares o incluso es posible que no lleguen. En Castilla y León, la ganga común o ibérica podría estar ya por debajo del centenar de individuos mientras que la ortega, mucho más extendida en esta comunidad autónoma, superaría el millar.

Macho de ganga común o ibérica comiendo en una rastrojera

En cuanto a las tierras zamoranas, contamos con una pequeña población de ganga común o ibérica, compartida con la provincia de Valladolid y que seguramente sea la más importante de Castilla y León. Se distribuye por varios municipios de las comarcas de La Guareña y Tierra de Toro y por los limítrofes de la provincia vecina. Probablemente no suman más de 70 ejemplares.

Distribución actual de la ganga común o ganga ibérica en la provincia de Zamora

La ortega, por su parte, se halla bastante más extendida, con pequeños núcleos muy dispersos por las comarcas de Campos, Tierra del Pan, Tierra del Vino (donde se alcanza su densidad más elevada), Tierra de Alba, Sayago, Toro, La Guareña, Benavente, Tábara y Aliste. En conjunto podrían sumar unos 200 o 300 ejemplares.

Distribución actual de la ortega o ganga ortega en la provincia de Zamora

Estas aves fueron muy abundantes en el pasado y por ello perfectamente conocidas por quienes frecuentaban las amplias extensiones del agro donde habitaban. Labradores, pastores y cazadores discernían desde lejos las características y distintivas voces o reclamos de ambas especies, voces que originaron sus respectivos nombres. Así el potente y nasal “aang-aang” de Pterocles alchata dio lugar al ornitónimo ganga, mientras que el sordo y gutural “chorrr” o “corrr” de Pterocles orientalis produjo ortega y también las denominaciones más comunes en las comarcas zamoranas como corteza, cortizuela o chorla.

Hembra de ortega (Foto Gonzalo Criado)

Sobre el impacto de estas aves en nuestra cultura también resulta interesante conocer que originaron apellidos frecuentes en el ámbito hispánico como es el caso de Ortega y también Gangas y Ganga.. Es posible que los primeros que portaran estos apellidos fueran cazadores especialistas en la difícil captura de estas esquivas y veloces especies.

Estas bellísimas aves, verdadero símbolo de la extraordinaria diversidad biológica que atesoraron tradicionalmente los campos y estepas ibéricos, podrían desaparecer de los mismos a medio o incluso a corto plazo si continúan o arrecian los factores que las amenazan, dejando nuestros páramos convertidos en desiertos silenciosos vacíos de vida. Necesitamos urgentemente que sobre nuestras políticas agropecuarias se derramen litros y litros de sentido común y poner coto a la cruda codicia que las guía. Necesitamos, sin falta, una Política Agraria Comunitaria sostenible.

Pareja de gangas comunes o ibéricas

Milana bonita

¿Qué tenían en común Azarías – el inolvidable personaje de la novela Los santos inocentes de Miguel Delibes- y el padre de la etología y Premio Nobel Konrad Lorenz? Que los dos tenían como mascota a una grajilla occidental (Corvus monedula), una inteligente ave de la familia de los córvidos del tamaño de una paloma, hábitos gregarios y comportamiento social extremadamente sofisticado. Azarías llamaba Milana a su protegida mientras que el nombre de la grajilla que acompañaba a Lorenz en sus paseos era Choc, una simple onomatopeya del sonido que más habitualmente emiten estas aves. El asesinato cruelmente gratuito de la Milana desencadenó el deseo de venganza en el sencillo y bondadoso espíritu de su dueño mientras que el doctor austríaco nos cuenta cuánto aprendió de las andanzas de Choc y sus congéneres en su conocida obra El anillo del rey Salomón.

Las grajillas son, sin duda, los más urbanitas de nuestros córvidos: las podemos encontrar con frecuencia en pueblos y ciudades. Edificaciones de todo tipo -castillos, iglesias, viviendas, puentes, presas- acogen sus colonias de cría, siempre que dispongan de huecos adecuados para anidar (también utilizan las oquedades de las rocas y de los árboles), tranquilidad y recursos tróficos suficientes. Se trata de un ave omnívora con una especial preferencia por los insectos y otros invertebrados pero que también consume frutos y semillas, pequeños vertebrados y desperdicios.

En Zamora es más común en la capital, donde aún disponemos de una población muy importante aunque en regresión. Además, su área de distribución se extiende principalmente por las comarcas de Tierra de Campos y Tierra del Pan, con colonias dispersas por los cañones de los ríos Duero, Esla y Tormes y los cascos urbanos de Benavente y Toro. En el noroeste de la provincia su presencia está prácticamente limitada al castillo de Puebla de Sanabria y al conjunto de presas construidas en el curso medio del río Tera.

En nuestro entorno es conocida principalmente por dos tipos de nombres vernáculos: los diminutivos de “graja” (grajilla, grajeta…) y los onomatopéyicos choa, choya o chova que, aunque utilizados en las listas patrón para sus parientes del género Pyrrhocorax, tienen un uso popular extendidísimo para la grajilla.

Son aves bastante conocidas aunque no siempre resultan populares. Existe un gran desconocimiento y marcados prejuicios sobre su biología que han llevado a que se la haya perseguido con frecuencia de modo injustificado. En las últimas décadas sus poblaciones han sufrido una marcadísima regresión que lleva camino de convertir a esta antaño abundante ave en un candidato a la lista roja de especies amenazadas.

Ovidio en su obra poética Amores dice que las grajillas son precursoras de las lluvias y Plinio menciona el aprecio que sentían por ella tesalios, ilirios y lemnios pues les había librado de las plagas de langosta comiéndose los huevos de estos insectos.

Espero seguir escuchando por muchos años su alegre algarabía alrededor de mi casa. La verdad es que cuesta mucho imaginar un mundo sin la Milana y Choc.