Fuseras y pimenteras

La husera (Euonymus europaeus) es un arbusto de la familia de las celastráceas cuya madera se utilizó desde el Neolítico para la fabricación de husos de hilar. De esta antiquísima utilidad proceden también sus nombres en leonés (fusera o fuseira) y gallego (fuseira). Otro nombre muy común en castellano es el de bonetero, originado por la particular forma de sus frutos que recuerdan a los bonetes, gorros dotados de cuatro picos redondeados que solían lucir antaño eclesiásticos, colegiales y graduados.

 Estos bonetes, corazones, reventones o baulines, como también se llaman, no resultan apropiados comestibles para los humanos (son vomitivos y purgantes) pero sí para no pocas aves paseriformes que los consumen dispersando sus semillas, como es el caso de la curruca capirotada, el mirlo común, los diversos zorzales o el petirrojo europeo, nuestra popular pimentera.

El petirrojo siente especial atracción por unos frutos cuyo vivísimo color compite con el no menos intenso “pimiento” que luce en su pecho anaranjado. Este singular duelo cromático entre ave y arbusto se produce durante estas fechas otoñales en los setos, sotos y claros de bosque de una gran parte de Castilla y León. Especialmente en las estribaciones montañosas y en las riberas de las tierras llanas que es donde podemos encontrar a la husera o bonetero, amante de los suelos frescos y tirando a húmedos. En tierras zamoranas sobre todo en el norte y el oeste, particularmente en comarcas como las de Aliste y La Carbayeda.

Ornitónimos con historia

Es posible que el ornitónimo, es decir el nombre de ave, más antiguo conocido sea lakalaka. Este término aparece en antiguas inscripciones mesopotámicas y se refiere, sin duda, a la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) cuyo crotorear -“machar o majar el ajo” que decimos por estas tierras- reproduce con bastante fidelidad. Cuatro mil años más tarde sigue vivo en las lenguas del Oriente cercano, como el árabe (laklaka) o el turco (leylek).

Pero quizás nos podamos remontar más atrás todavía cuando mencionamos a la pega, ese llamativo pájaro blanco y negro con tornasoles, dotado de una cola singularmente larga. En español su denominación “oficial” es urraca pero en Zamora solemos conocerla mejor como pega, el mismo nombre que recibe en otras lenguas del occidente ibérico como el portugués, el gallego o el leonés. Bueno, pues el caso es que en protoindoeuropeo, es decir en la lengua madre hipotéticamente reconstruida que habría dado origen a todas las lenguas de la gran familia indoeuropea, el nombre que se le otorgaría a nuestra simpática e inteligente amiga se piensa que debió de ser el de peika. De aquel antiquísimo peika a nuestro actual pega irían -latín, o tal vez céltico, mediante- no menos de cinco milenios, pero la pronunciación no ha variado tanto y, en esencia, podemos decir que sigue tratándose del mismo nombre.

Otros vernáculos, en cambio, llevaríamos algo menos de tiempo repitiéndolos. Por ejemplo, el de pimienta, pimentera o pimentonero que se usa frecuentemente en las regiones de León, Castilla y Extremadura para el petirrojo europeo (Erithacus rubecula). Imposible que se hubiera originado antes de la llegada a tierras ibéricas del pimiento o pimentón, a partir del siglo XVI, pues se trata de un producto originario de Méjico, por tanto desconocido en la Europa previa al contacto con el Nuevo Mundo. Algún fino observador -quién sabe si un zamorano aficionado a las sopas de ajo bien sazonadas- debió de ver reflejado el intenso y atractivo color de la especia en el papo colorado de nuestro aguerrido pajarico y a partir de ahí pondría en circulación este curioso y bien traído ornitónimo popular.

El petirrojo o pimentero: un pájaro muy nombrado

El petirrojo europeo (Erithacus rubecula) resulta, sin duda, una de las aves más conocidas y populares de nuestro continente. Su carácter confiado y su presencia habitual en los entornos humanizados, junto con su llamativo plumaje, contribuyen a esta popularidad, la cual -a su vez- estaría en el origen de la gran diversidad de denominaciones vernáculas que recibe. Sólo en la provincia de Zamora hemos recogido más de una veintena de formas diferentes, que reflejan también la gran variedad lingüística y dialectal de nuestras comarcas.

Los más extendidos son los nombres que relacionan el color que adorna su papo y su cara con el del pimentón, especia tan característica de nuestra gastronomía y conocida en muchos lugares como pimiento o pemientu. Este sería el caso de vernáculos extendidos por casi toda la provincia como pimentero, pimentera, pementeiru, pimentel, pimienta, etc. También hacen referencia a este rasgo de su librea otras denominaciones más locales como paparrubio o paporruibo, barbacolorada, peitu bermeillu y estoupu. Porquiño de rei, porcupiscu y nevero son otros de los nombres recogidos para esta vistosa y simpática ave en algunas localidades zamoranas.

 

pementeiru

En estos días de fríos intensos se hace cada vez más evidente la presencia generalizada de abundantes pimenteras de procedencia norteña que se unen a la más reducida población de residentes nidificantes que se puede encontrar todo el año en bosques umbríos con sotobosque desarrollado de la mayor parte de la provincia.

Muchos de estos petirrojos que nos llegan desde las tierras europeas septentrionales se muestran en extremo confiados pues vienen de países donde se los considera aves familiares y frecuentan con asiduidad la proximidad de los humanos. En cualquier parque, jardín, soto o huerto, incluso en pleno centro de la ciudad podemos detectar ahora sus movimientos inquietos y hechizarnos con su inquisitiva mirada.