Alcaudón real: Un pequeño depredador amenazado.

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El alcaudón real (Lanius meridionalis) es sin duda una de las aves ibéricas más interesantes. Habitante de los espacios abiertos con arboles y arbustos dispersos, sus poblaciones han sufrido un dramático descenso en las últimas décadas (hasta un 60% en los 10 últimos años) debido a los negativos y rápidos cambios que está sufriendo su hábitat, relacionados sobre todo con la intensificación agrícola. Por esta causa fue incluido recientemente en el Libro Rojo de las Especies Amenazadas de la Unión Internnacional para la Conservación de la Naturaleza en la categoría de “Vulnerable”. Esto quiere decir que se le considera una especie tan amenazada a escala mundial como pueda ser el águila imperial ibérica y mucho más que, por ejemplo, el oso pardo o el lobo.

Este activo depredador integra en su dieta numerosos insectos y otros invertebrados al lado de una elevada proporción de vertebrados de talla reducida, tales como lagartijas, ranas, tritones, ratones, topillos y una gran variedad de pequeños pájaros. Para poder despedazar sus presas las sujeta en las espinas de diversas especies arbustivas, sistema que también utiliza para la creación de pequeñas despensas. Esta adaptación a la predación de pequeños vertebrados (excepcional en un paseriforme de pequeña talla como es el alcaudón real) le permite permanecer durante todo el año en nuestras latitudes, también durante los meses más fríos, al contrario que las otras especies de alcaudones ibéricos (común, dorsirrojo y chico) -más pequeños y mucho más dependientes de la dieta insectívora- todos los cuales son migrantes transaharianos.

En la provincia de Zamora sigue siendo un ave relativamente frecuente, encontrándose distribuida por prácticamente todo nuestro territorio. Las densidades más altas se observan en las comarcas del suroeste y centro-oeste, como Sayago, Tierra de Alba y Aliste, reduciéndose en el noroeste montañoso (Sanabria) y en las comarcas de agricultura más intensificada.

También en el municipio de Zamora contamos con representación de esta peculiar y amenazada especie, pudiendo disfrutar de la presencia habitual de ejemplares incluso en los mismos límites del casco urbano, por ejemplo en el bosque de Valorio y en las riberas del Duero. Hasta hace algunos años no era raro verlo, fuera de la época de cría, en baldíos y huertas del interior de la ciudad.

El nombre vernáculo más frecuentemente aplicado a esta especie en la provincia de Zamora es el de “picanzo” o -menos a menudo- “picanza”, que comparte por lo general con sus congéneres los alcaudones común (Lanius senator) y dorsirrojo (Lanius collurio). Para diferenciarlo de estas otras especies recibe diversas denominaciones específicas, tales como: “picanzo pegal”, “picanzo real”, “picanza real”, “picanzo ferral”, “picanzo grande” y “picanzo invernizo” o “inverniz”. Pero además es conocido en nuestras comarcas con otros nombres populares como los de “cabezón”, “cabezota”, “carranzo”, “raipego” y “rabilargo”.

En la zuda.

Las zudas o presas de los molinos resultan puntos de gran interés para la observación de una extraodinaria variedad de aves (no sólo acuáticas) que se sirven de ellas como lugar de alimentación o, simplemente, de descanso.

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En la imagen, varios ejemplares de garceta común (Egretta garzetta) junto a una garceta grande (Ardea alba), una garza real (Ardea cinerea) y un cormorán grande (Phalacrocorax carbo) acechando alburnos (Alburnus alburnus) en una zuda del rio Duero a su paso por la ciudad de Zamora.

Gorrión molinero: un campesino en la ciudad.

El gorrión molinero (Passer montanus) es un habitante típico de las campiñas arboladas, los sotos próximos a campos y pastizales y las huertas con frutales en el entorno de los pueblos. También lo podemos encontrar en dehesas y, menos frecuentemente, en parques y jardines o en el interior de pueblos y ciudades. Anida siempre en pequeñas oquedades, habitualmente en las que presentan los árboles, pero también en las de construcciones humanas o taludes. Ocupa con facilidad las cajas nido.

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Esta especie se caracteriza por sus menores dimensiones en comparación a otros gorriones -como el común- y porque ambos sexos muestran un mismo patrón de dibujo y coloración que en otras especies de su género se reserva a los machos. En las comarcas zamoranas se conoce con diversos nombres como: pardal de campo, pardal montesino o pardal pequeño.

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Sus poblaciones están sufriendo actualmente una dramática regresión en España y en toda Europa Occidental (en Francia, el Reino Unido y otros estados se considera que ya es una especie en peligro) a causa de la transformación de las actividades agropecuarias. El uso de herbicidas e insecticidas, por ejemplo, le priva de alimento para sus pollos. Incluso en Castilla y León, tradicionalmente la comunidad autónoma que alberga el grueso de la población española, su situación comienza a ser crítica en la mayor parte de su territorio.

Curiosamente, y contrastando con su sombría situación general, la ciudad de Zamora alberga una excelente población reproductora de gorrión molinero, especialmente en el bosque de Valorio y los entornos ribereños del Duero en Olivares, San Frontis, Pinilla o Las Pallas. Incluso algunas parejas crían en el interior del casco urbano, sobre todo en las proximidades del Castillo y la Catedral y en el barrio de Olivares, anidando en huecos de paredes de mampostería y adobe.

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Es un verdadera suerte contar en nuestra ciudad con la presencia de esta interesante y amenazada especie y probablemente sea una señal de que nuestro medio se encuentra razonablemente bien conservado. Y es nuestra responsabilidad que siga siendo así.

Martinete: el espíritu nocturno de las riberas.

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El Martinete (Nycticorax nycticorax) es una de las ardeidas -garzas en sentido amplio- más comunes en el municipio de Zamora, donde se puede observar a lo largo de todo el año en las riberas de los ríos Duero y Valderaduey.

A causa de sus hábitos predominantemente crepusculares y nocturnos (su nombre científico “nycticorax” significa “cuervo nocturno”) es habitual encontrarlo descansando durante el día, lo que ha dado lugar al nombre popular de “dormilón”, con que se conoce en Zamora. En Andalucía y en Argentina recibe el nombre de “garza bruja”.

Los adultos se caracterizan por su plumaje contrastado, con las partes superiores negruzcas y las inferiores mucho más claras, entre blancas y grisáceas. Los juveniles, en cambio, muestran un plumaje más críptico, castaño oscuro veteado de blanco.

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Se trata de una especie fundamentalmente gregaria: cría en colonias y se reúne en dormideros comunales para descansar. Abandona sus refugios poco antes de oscurecer para dirigirse a sus zonas de alimentación donde busca peces pequeños, anfibios e insectos. Emite un reclamo muy característico que suena como “guac-guac”.

Nuestra población es principalmente estival: la mayor parte de los martinetes permanecen aquí entre marzo y septiembre. Pero casi todos los años se detecta algún pequeñogrupo que aguanta durante todo el invierno en las riberas del Duero.

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En la ciudad de Zamora tenemos la verdadera fortuna de albergar todo el año una población de esta bella y misteriosa especie. Contamos con una colonia de cría de unas 10-20 parejas ubicada en una de las islas del río y además todas las temporadas se localiza un dormidero invernal ocupado por en torno a 20 ejemplares.

Conservar la vegetación natural de las islas y riberas del Duero y la tranquilidad de sus refugios es fundamental para que podamos seguir disfrutando con su presencia

Galápagos en el Duero.

Tres especies de tortugas de agua dulce (dos autóctonas y una alóctona) se reproducen en el tramo urbano del río Duero a su paso por Zamora.

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Gálapago europeo (Emys orbicularis) y galápagos leprosos (Mauremys leprosa)

Uno de los mayores valores faunísticos de las riberas del Duero a su paso por la ciudad de Zamora (y de su término municipal en conjunto) lo constituyen sus poblaciones de galápagos autóctonos. Contamos aquí con las dos especies ibéricas: el galápago leproso (Mauremys leprosa) y el galápago europeo (Emys orbicularis), con presencia más numerosa del primero. Ambos están catalogados en el Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España en la categoría de “Vulnerable” (VU), si bien los estudios más recientes sugieren que las poblaciones españolas del galápago europeo deberían incluirse en una categoría superior de amenaza: la de “En peligro” (EN) debido a la disminución del área ocupada por la especie en los últimos años.

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Galápagos leprosos (Mauremys leprosa)

Estamos hablando, por tanto, de especies que requieren un grado de atención para su conservación comparable al del águila imperial ibérica (Aquila adalberti), la cigüeña negra (Ciconia nigra) o el oso pardo (Ursus arctos) y muy superior al de, por ejemplo, el lobo (Canis lupus).

Las principales amenazas que pesan sobre nuestros galápagos proceden de la destrucción y fragmentación de su hábitat. En nuestro caso zamorano es fundamental conservar la vegetación natural de las riberas del río y las zonas de puesta en las islas y en terrenos sin urbanizar de las orillas.

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Galápago europeo (Emys orbicularis)

Otro factor que tiene efectos muy negativos es la introducción de especies exóticas, tanto de galápagos -como el de Florida- como de peces exóticos (lucio, blackbass) o invertebrados (cangrejos americano y señal). En el tramo del río Duero en Zamora capital existe en la actualidad una nutrida población de galápago de Florida (Trachemys scripta) originada en la suelta de ejemplares previamente adquiridos como mascotas. Esta población además se ha visto reforzada por el hecho de que esta especie exótica se ha aclimatado en nuestras aguas con bastante éxito, hasta el punto de que en los últimos años hemos comprobado su reproducción en las mismas.

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Galápago de Florida (Trachemys scripta)

La presencia del galápago de Florida supone un importante peligro para los galápagos leproso y europeo pues les puede transmitir infecciones y además compite con ellos por el alimento y por los lugares para tomar el sol. La introducción en el medio natural de especies no autóctonas tiene efectos muy negativos en el mismo y contraviene la legislación ambiental.

Para estas especies poiquilotermas (de “sangre fría”) es fundamental disponer de emplazamientos seguros y tranquilos para solearse. Esto lleva a una constante competencia por su uso y disfrute, como podemos comprobar mediante estas fotos tomadas con unas pocas horas de diferencia en las cuales podemos observar cómo varios individuos de diferentes especies se ven obligados a turnarse sobre una rama varada de reducidísimas dimensiones.

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Galápago leproso (Mauremys leprosa) y galápago de Florida (Trachemys scripta)