Desayuno con azor

El domingo amaneció con una grata sorpresa. Al asomarme para ver qué tal pintaba la mañana (tocaba ruta de observación de aves con “Zamora, Aves y Naturaleza”) descubrí una silueta familiar en el tejado de enfrente. Corrí por los prismáticos y certifiqué la sospecha: un precioso azor, con plumaje de inmaduro y dimensiones y hechuras de hembra, comenzaba a desplumar con ganas una de las numerosas palomas bravías que pululan habitualmente por el barrio.

En ocasiones desayunamos con alguno de los maravillosos capítulos de El Hombre y la Tierra. Ese día el documental no lo vimos en la pantalla del televisor sino a través del cristal de la ventana. Mientras desayunábamos, disfrutábamos también de la primera comida del azor. Llevábamos varios días barruntando su presencia en los alrededores de casa, avisados por la inquietud de palomas y grajillas, pero aún no habíamos sido capaces de verlo. Ahora se exhibía ante nuestros ojos mientras una pareja de alborotadas pegas lo marcaban desde una antena de televisión cercana.

Sucesos de este tipo son mucho más frecuentes de lo que podríamos pensar. No es nada raro que los azores penetren en el interior de la ciudad en busca de las abundantes y por ellos codiciadas palomas. Otra cosa muy diferente es que los humanos nos enteremos. El azor es un verdadero maestro en el arte de no dejarse ver, da igual que estemos hablando de la espesura del soto o de la jungla de asfalto.

Al menos dos parejas de este bello y eficaz cazador anidan habitualmente en los alrededores de Zamora. Además, no es raro que nos visiten ejemplares divagantes, procedentes de territorios vecinos o, incluso, de lejanos países. Junto con las águilas calzadas y los halcones peregrinos contribuyen al control natural de las poblaciones de palomas bravías y torcaces en nuestra ciudad. Para anidar precisan árboles altos en lugares tranquilos. Y tranquilidad y arbolado maduro es, efectivamente, lo que encuentran en las islas y sotos del Duero. Esperemos que por mucho tiempo. De nosotros depende.

Azor con toda la vida por delante

En estos días, una nueva generación de jóvenes azores (Accipiter gentilis) va poco a poco abandonando la seguridad del hogar materno, como este ejemplar criado en un nido de las riberas del Duero a su paso por la ciudad de Zamora.

Si todo va bien, terminará convirtiéndose en el fantasma de la espesura, una de las más formidables y misteriosas de entre nuestras rapaces forestales. ¡Te deseo mucha suerte, amigo!

Con la vida por delante

En estos días, una nueva generación de jóvenes azores (Accipiter gentilis) va poco a poco abandonando la seguridad del hogar materno, como este ejemplar criado en un nido de las riberas del Duero a su paso por la ciudad de Zamora. Si todo va bien, terminará convirtiéndose en el fantasma de la espesura, una de las más formidables y misteriosas de entre nuestras rapaces forestales.