Jóvenes martinetes

Durante las últimas semanas, los juveniles de martinete común (Nycticorax nycticorax) de la colonia establecida en las riberas del Duero a su paso por Zamora, han comenzado a abandonar los nidos donde nacieron y se están iniciando en el aprendizaje de dos artes imprescindibles para su supervivencia: el vuelo y la pesca. Es éste un momento inmejorable para observar sus evoluciones sobre el ramaje bajo del arbolado de las islas y orillas de nuestro río.

Pronto comenzarán la dispersión postreproductiva, una suerte de vagabundeo previo a la verdadera migración que emprenderán a finales del verano, camino de los humedales del sur peninsular y del África tropical, aunque algunos pocos permanecerán con nosotros durante los cada vez menos fríos meses invernales. Pero ésa ya es otra historia.

Primeros vuelos

En estos días, una nueva generación de aves de multitud de especies llenan nuestras campiñas, bosques y humedales con sus siluetas y plumajes juveniles. Una legión de volatinería novata que se inicia en los secretos de la vida salvaje, preparándose para la esforzada labor de dar continuidad a sus respectivos linajes.

Como este joven cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), nacido en un edificio abandonado de las afueras de la ciudad de Zamora, y que con apenas seis semanas de edad ensaya ya, con notable pericia, el arte en el cual los de su especie son consumados especialistas y del que reciben su nombre: el vuelo cernido. Técnica que le permitirá realizar una prospección extremadamente detallada de sus territorios de caza y localizar, implacablemente, a las pequeñas presas de que se alimenta: roedores, reptiles, pájaros e insectos, principalmente.

O como estos dos jóvenes milanos negros (Milvus migrans), nacidos hace algo más de dos meses en una de las islas del río Duero a su paso por Zamora y que aguardan impacientes, en las proximidades del nido, la llegada de sus progenitores con algo de pitanza: peces, restos del basurero o la carcasa de un pequeño mamífero atropellado en alguna carretera cercana. Eternamente hambrientos, acumulan energías preparándose para el largo y emocionante viaje migratorio que, por primera vez en sus vidas, emprenderán, en el plazo de unas pocas semanas, rumbo a las ancestrales áreas de invernada de su especie en la lejana y soñada África.

También anda emprendiendo sus primeros pasos este martinete (Nycticorax nycticorax). A unas decenas de metros de la garcera mixta del Duero zamorano donde vio la luz, acecha inmóvil como una estatua a los pequeños peces que hasta hace apenas unos días le suministraban sus padres en el nido. Algún día, pasados los años, se desprenderá de su críptico plumaje juvenil para adquirir la atractiva librea que lucen los adultos de su especie.

Nuevas historias que comienzan. Les deseamos larga y venturosa vida y nosotros que los podamos seguir disfrutando por mucho tiempo más.

Garcillas bueyeras y Martín pescador: una nueva ruta de “Zamora, Aves y Naturaleza”

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El pasado domingo 16 de diciembre tuvo lugar en la ciudad de Zamora una nueva ruta de observación de aves -la número 32- del programa  “ZAMORA, AVES Y NATURALEZA”  que promueve la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Zamora con la colaboración de la empresa de turismo natural “El Mirador del Lobo”, programa en el que tomo parte como guía y organizador.

Participaron un total de 15 personas de todas de las edades,  de las cuales más de la mitad -8- acudieron desde otras provincias, concretamente las de Valladolid, Salamanca y Madrid.

El recorrido se llevó a cabo por la margen izquierda del Duero, en las inmediaciones del barrio de Pinilla y en horario de tarde para poder disfrutar con el magnífico espectáculo de dos dormideros comunales de Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) y Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) que se forman en sendas islas de este tramo fluvial urbano. En el dormidero de garcillas la cifra de aves presentes superó los 300 ejemplares mientras que en el de cormoranes se rondaba el centenar

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Garcillas bueyeras bebiendo en el río Duero (Bubulcus ibis)

Los participantes también tuvieron la oportunidad de contemplar la nutrida colonia de Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) asentada en las islas del Duero, entre ellas un ejemplar bien conocido por los ornitólogos zamoranos (C16M), anillada hace seis años y medio en el casco antiguo de la ciudad por Pablo Santos y que se hallaba enfrascada, junto con su pareja, en la reparación de su voluminoso nido de cara al comienzo de un nuevo período reproductor.

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Entre las restantes especies observadas, una de las pequeñas joyas de nuestras riberas, el Martín pescador (Alcedo athis) hizo las delicias de pequeños y grandes que pudieron disfrutar con su plumaje de vivos colores gracias a nuestros telescopios. Además se vieron varias garzas reales (Ardea cinerea), un activo y cantarín Cetia ruiseñor o Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti) y los siempre abundantes ánades azulones (Anas platyrhynchos).

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Martín pescador (Alcedo athis)

Una vez más quedamos muy satisfechos con el logro de los dos principales objetivos del programa: promocionar nuestra ciudad como destino de turismo de observación de la naturaleza y dar a conocer su magnífico patrimonio natural tanto a los visitantes como a los residentes en la misma.

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Ánade azulón (Anas platyrhynchos)

 

Martín pescador (Alcedo athis): el tesoro de las riberas

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Una de las sensaciones más emocionantes que se pueden experimentar recorriendo las orillas del río Duero, es la proporcionada por el encuentro con esta pequeña joya alada de increíble coloración. En estos días, los martines pescadores se afanan en la crianza de sus polluelos a los que ceban con pequeños peces y renacuajos. En breve, por las bocas de los profundos túneles donde anidan, surgirá una nueva generación de zafiros engarzados en rubíes, dispuestos a sorprender y maravillar al observador con súbitos fogonazos de brillante colorido.

Cárabos de ciudad

Oír el trémulo ulular del cárabo es escuchar la genuina voz de la naturaleza salvaje llamándonos desde la profunda oscuridad del bosque nocturno. Del bosque…o de un parque urbano, pues cada vez son más los ejemplares de esta especie que se adaptan a vivir en ámbitos ciudadanos.

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Otras estrigiformes, como el mochuelo, el autillo y la lechuza (cazadores de invertebrados y/o pequeños roedores) acusan la falta cada vez mayor de presas y de cazaderos y se han enrarecido enormemente en el interior de las ciudades, donde hasta hace poco eran frecuentes. En cambio, el cárabo se adapta a la perfección a las circunstancias adversas, con una dieta mucho más flexible que incluye la posibilidad de sustentarse a base de pequeñas aves, tales como gorriones o estorninos.

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En la ciudad de Zamora siempre hubo una pequeña población de cárabos asentada en las islas y riberas arboladas del río Duero, compuesta por no más de tres o cuatro parejas reproductoras. Pero hace una década comenzaron un proceso de expansión que los llevó a establecerse en el bosque urbano de Valorio y, algunos años más tarde, a dar el salto al casco antiguo donde hoy día su presencia resulta habitual en el entorno del Castillo. Tampoco es raro que algunos ejemplares se dispersen en busca de presas recorriendo los parques y jardines de otras zonas de la ciudad.

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De modo que si, en medio de la vigilia o del paseo nocherniego, le parece escuchar su voz vibrante como de ocarina, no crea que se está volviendo loco. Es el espíritu de los bosques que regresa reclamando las antiguas posesiones de sus ancestros.

Alcaudón real: Un pequeño depredador amenazado.

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El alcaudón real (Lanius meridionalis) es sin duda una de las aves ibéricas más interesantes. Habitante de los espacios abiertos con arboles y arbustos dispersos, sus poblaciones han sufrido un dramático descenso en las últimas décadas (hasta un 60% en los 10 últimos años) debido a los negativos y rápidos cambios que está sufriendo su hábitat, relacionados sobre todo con la intensificación agrícola. Por esta causa fue incluido recientemente en el Libro Rojo de las Especies Amenazadas de la Unión Internnacional para la Conservación de la Naturaleza en la categoría de “Vulnerable”. Esto quiere decir que se le considera una especie tan amenazada a escala mundial como pueda ser el águila imperial ibérica y mucho más que, por ejemplo, el oso pardo o el lobo.

Este activo depredador integra en su dieta numerosos insectos y otros invertebrados al lado de una elevada proporción de vertebrados de talla reducida, tales como lagartijas, ranas, tritones, ratones, topillos y una gran variedad de pequeños pájaros. Para poder despedazar sus presas las sujeta en las espinas de diversas especies arbustivas, sistema que también utiliza para la creación de pequeñas despensas. Esta adaptación a la predación de pequeños vertebrados (excepcional en un paseriforme de pequeña talla como es el alcaudón real) le permite permanecer durante todo el año en nuestras latitudes, también durante los meses más fríos, al contrario que las otras especies de alcaudones ibéricos (común, dorsirrojo y chico) -más pequeños y mucho más dependientes de la dieta insectívora- todos los cuales son migrantes transaharianos.

En la provincia de Zamora sigue siendo un ave relativamente frecuente, encontrándose distribuida por prácticamente todo nuestro territorio. Las densidades más altas se observan en las comarcas del suroeste y centro-oeste, como Sayago, Tierra de Alba y Aliste, reduciéndose en el noroeste montañoso (Sanabria) y en las comarcas de agricultura más intensificada.

También en el municipio de Zamora contamos con representación de esta peculiar y amenazada especie, pudiendo disfrutar de la presencia habitual de ejemplares incluso en los mismos límites del casco urbano, por ejemplo en el bosque de Valorio y en las riberas del Duero. Hasta hace algunos años no era raro verlo, fuera de la época de cría, en baldíos y huertas del interior de la ciudad.

El nombre vernáculo más frecuentemente aplicado a esta especie en la provincia de Zamora es el de “picanzo” o -menos a menudo- “picanza”, que comparte por lo general con sus congéneres los alcaudones común (Lanius senator) y dorsirrojo (Lanius collurio). Para diferenciarlo de estas otras especies recibe diversas denominaciones específicas, tales como: “picanzo pegal”, “picanzo real”, “picanza real”, “picanzo ferral”, “picanzo grande” y “picanzo invernizo” o “inverniz”. Pero además es conocido en nuestras comarcas con otros nombres populares como los de “cabezón”, “cabezota”, “carranzo”, “raipego” y “rabilargo”.

En la zuda.

Las zudas o presas de los molinos resultan puntos de gran interés para la observación de una extraodinaria variedad de aves (no sólo acuáticas) que se sirven de ellas como lugar de alimentación o, simplemente, de descanso.

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En la imagen, varios ejemplares de garceta común (Egretta garzetta) junto a una garceta grande (Ardea alba), una garza real (Ardea cinerea) y un cormorán grande (Phalacrocorax carbo) acechando alburnos (Alburnus alburnus) en una zuda del rio Duero a su paso por la ciudad de Zamora.

Gorrión molinero: un campesino en la ciudad.

El gorrión molinero (Passer montanus) es un habitante típico de las campiñas arboladas, los sotos próximos a campos y pastizales y las huertas con frutales en el entorno de los pueblos. También lo podemos encontrar en dehesas y, menos frecuentemente, en parques y jardines o en el interior de pueblos y ciudades. Anida siempre en pequeñas oquedades, habitualmente en las que presentan los árboles, pero también en las de construcciones humanas o taludes. Ocupa con facilidad las cajas nido.

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Esta especie se caracteriza por sus menores dimensiones en comparación a otros gorriones -como el común- y porque ambos sexos muestran un mismo patrón de dibujo y coloración que en otras especies de su género se reserva a los machos. En las comarcas zamoranas se conoce con diversos nombres como: pardal de campo, pardal montesino o pardal pequeño.

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Sus poblaciones están sufriendo actualmente una dramática regresión en España y en toda Europa Occidental (en Francia, el Reino Unido y otros estados se considera que ya es una especie en peligro) a causa de la transformación de las actividades agropecuarias. El uso de herbicidas e insecticidas, por ejemplo, le priva de alimento para sus pollos. Incluso en Castilla y León, tradicionalmente la comunidad autónoma que alberga el grueso de la población española, su situación comienza a ser crítica en la mayor parte de su territorio.

Curiosamente, y contrastando con su sombría situación general, la ciudad de Zamora alberga una excelente población reproductora de gorrión molinero, especialmente en el bosque de Valorio y los entornos ribereños del Duero en Olivares, San Frontis, Pinilla o Las Pallas. Incluso algunas parejas crían en el interior del casco urbano, sobre todo en las proximidades del Castillo y la Catedral y en el barrio de Olivares, anidando en huecos de paredes de mampostería y adobe.

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Es un verdadera suerte contar en nuestra ciudad con la presencia de esta interesante y amenazada especie y probablemente sea una señal de que nuestro medio se encuentra razonablemente bien conservado. Y es nuestra responsabilidad que siga siendo así.

Martinete: el espíritu nocturno de las riberas.

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El Martinete (Nycticorax nycticorax) es una de las ardeidas -garzas en sentido amplio- más comunes en el municipio de Zamora, donde se puede observar a lo largo de todo el año en las riberas de los ríos Duero y Valderaduey.

A causa de sus hábitos predominantemente crepusculares y nocturnos (su nombre científico “nycticorax” significa “cuervo nocturno”) es habitual encontrarlo descansando durante el día, lo que ha dado lugar al nombre popular de “dormilón”, con que se conoce en Zamora. En Andalucía y en Argentina recibe el nombre de “garza bruja”.

Los adultos se caracterizan por su plumaje contrastado, con las partes superiores negruzcas y las inferiores mucho más claras, entre blancas y grisáceas. Los juveniles, en cambio, muestran un plumaje más críptico, castaño oscuro veteado de blanco.

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Se trata de una especie fundamentalmente gregaria: cría en colonias y se reúne en dormideros comunales para descansar. Abandona sus refugios poco antes de oscurecer para dirigirse a sus zonas de alimentación donde busca peces pequeños, anfibios e insectos. Emite un reclamo muy característico que suena como “guac-guac”.

Nuestra población es principalmente estival: la mayor parte de los martinetes permanecen aquí entre marzo y septiembre. Pero casi todos los años se detecta algún pequeñogrupo que aguanta durante todo el invierno en las riberas del Duero.

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En la ciudad de Zamora tenemos la verdadera fortuna de albergar todo el año una población de esta bella y misteriosa especie. Contamos con una colonia de cría de unas 10-20 parejas ubicada en una de las islas del río y además todas las temporadas se localiza un dormidero invernal ocupado por en torno a 20 ejemplares.

Conservar la vegetación natural de las islas y riberas del Duero y la tranquilidad de sus refugios es fundamental para que podamos seguir disfrutando con su presencia