Joyas aladas de la estepa

Hembra de ganga común o ibérica en una rastrojera

Pocas familias de aves podemos encontrar tan magníficamente adaptadas a la dura y azarosa existencia en las estepas y desiertos como la integrada por las gangas -en sentido amplio: Pteroclidae-. Dotadas de una potente musculatura alar que les permite realizar periplos de varias decenas de kilómetros hasta sus lejanos abrevaderos, con un vuelo veloz e incansable, la dieta de estas aves -casi exclusivamente a base de semillas, tanto en los adultos como en sus polluelos- las obliga a un consumo diario de agua. Su extraordinaria adaptación llega hasta el punto de que los adultos transportan el preciado líquido en las plumas del pecho, empapadas, para suministrarlo a los pollos que aguardan en el nido, apenas una depresión excavada en el suelo de un barbecho o un baldío.

Dos machos y una hembra de ortega dirigiéndose a su zona de alimentación (Foto Gonzalo Criado)

Aves de tamaño similar al de una perdiz o una paloma, destacan por sus bellísimos al mismo tiempo que crípticos plumajes. Amonadas entre los surcos de una tierra arada, resultan virtualmente invisibles para el ojo humano no entrenado en su detección. Vistas más de cerca -lo que no resulta fácil dados su carácter desconfiado y su vuelo largo y veloz- se aprecian los preciosos dibujos y contrastes que justifican plenamente su denominación de “joyas aladas de la estepa”.

En la península ibérica contamos con dos especies de este género de aves esteparias: la ganga común o ganga ibérica (Pterocles alchata) y la ortega o ganga ortega (Pterocles orientalis). En ambos casos, su distribución europea se reduce a las regiones más áridas de España y Portugal y , sólo en el caso de la primera especie, una pequeña área de la Francia mediterránea.

Pareja de ortegas entrando a bebedero (Foto Gonzalo Criado)

Las poblaciones de gangas y ortegas, antaño abundantes se han reducido enormemente en las últimas décadas hasta el punto de convertirse en especies seriamente amenazadas. Las causas de su rarefacción se relacionan fundamentalmente con la grave pérdida de hábitat que están sufriendo por las dramáticas transformaciones experimentadas en las pseudoestepas cerealistas y los pastizales secos donde viven.

Las poblaciones ibéricas de ambas especies rondarían apenas los 10.000 ejemplares o incluso es posible que no lleguen. En Castilla y León, la ganga común o ibérica podría estar ya por debajo del centenar de individuos mientras que la ortega, mucho más extendida en esta comunidad autónoma, superaría el millar.

Macho de ganga común o ibérica comiendo en una rastrojera

En cuanto a las tierras zamoranas, contamos con una pequeña población de ganga común o ibérica, compartida con la provincia de Valladolid y que seguramente sea la más importante de Castilla y León. Se distribuye por varios municipios de las comarcas de La Guareña y Tierra de Toro y por los limítrofes de la provincia vecina. Probablemente no suman más de 70 ejemplares.

Distribución actual de la ganga común o ganga ibérica en la provincia de Zamora

La ortega, por su parte, se halla bastante más extendida, con pequeños núcleos muy dispersos por las comarcas de Campos, Tierra del Pan, Tierra del Vino (donde se alcanza su densidad más elevada), Tierra de Alba, Sayago, Toro, La Guareña, Benavente, Tábara y Aliste. En conjunto podrían sumar unos 200 o 300 ejemplares.

Distribución actual de la ortega o ganga ortega en la provincia de Zamora

Estas aves fueron muy abundantes en el pasado y por ello perfectamente conocidas por quienes frecuentaban las amplias extensiones del agro donde habitaban. Labradores, pastores y cazadores discernían desde lejos las características y distintivas voces o reclamos de ambas especies, voces que originaron sus respectivos nombres. Así el potente y nasal “aang-aang” de Pterocles alchata dio lugar al ornitónimo ganga, mientras que el sordo y gutural “chorrr” o “corrr” de Pterocles orientalis produjo ortega y también las denominaciones más comunes en las comarcas zamoranas como corteza, cortizuela o chorla.

Hembra de ortega (Foto Gonzalo Criado)

Sobre el impacto de estas aves en nuestra cultura también resulta interesante conocer que originaron apellidos frecuentes en el ámbito hispánico como es el caso de Ortega y también Gangas y Ganga.. Es posible que los primeros que portaran estos apellidos fueran cazadores especialistas en la difícil captura de estas esquivas y veloces especies.

Estas bellísimas aves, verdadero símbolo de la extraordinaria diversidad biológica que atesoraron tradicionalmente los campos y estepas ibéricos, podrían desaparecer de los mismos a medio o incluso a corto plazo si continúan o arrecian los factores que las amenazan, dejando nuestros páramos convertidos en desiertos silenciosos vacíos de vida. Necesitamos urgentemente que sobre nuestras políticas agropecuarias se derramen litros y litros de sentido común y poner coto a la cruda codicia que las guía. Necesitamos, sin falta, una Política Agraria Comunitaria sostenible.

Pareja de gangas comunes o ibéricas

3 comentarios en “Joyas aladas de la estepa

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